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Billetes de mayor denominación, una cuestión de peso

La emisión de billetes de $ 200 y $ 500 se hace cada vez más necesaria; facilitaría la actividad bancaria y las transacciones cotidianas.



Gustavo Marangoni, uno de los hombres de mayor confianza de Daniel Scioli. /Gustavo Castaing





Mi responsabilidad al frente del Banco Provincia de Buenos Aires me lleva permanentemente a enfocar la atención en todos los aspectos que faciliten las operaciones bancarias a la población. Esto se logra invirtiendo mucho en tecnología para que los clientes ganen tiempo y paguen costos razonables por utilizar los servicios de los bancos (cajeros automáticos, terminales de autoservicios, operaciones por línea de cajas manuales, mantenimiento de las cuentas, etc.).

Esta experiencia me permite hacer una reflexión a título personal, para señalar un obstáculo que se presenta en este positivo camino que venimos logrando en pos de modernizar la infraestructura tecnológica de los bancos. El mismo es la falta de billetes de mayor denominación por sobre los actuales $100.

Sin ningún prejuicio ni falsas controversias, es a todas luces pequeño (y por ende incómodo) el billete de $ 100 para resolver las transacciones habituales. Desde un changuito con alimentos en el supermercado, una salida recreativa, llenar el tanque de combustible o contar con el efectivo mínimo en el bolsillo para nuestra rutina diaria laboral.

Es una lástima que toda la inversión que los bancos realizamos para modernizar nuestra infraestructura (fundamentalmente a través de nuevos y mejores cajeros automáticos) no luzca todo lo que debería ya que aparecen cuellos de botella que aumentan los costos y los trastornos para los clientes por no contar con billetes más grandes.

Si esto sucediera, los bancos comenzaríamos a mover un menor volumen físico de billetes facilitando, con una menor carga operativa, las tareas de recuento en los tesoros, en las líneas de caja y lo más importante un menor desgaste y costos de recarga de los cajeros automáticos. Se incurre en mayores costos innecesarios en recursos humanos que desvían la atención de tareas más productivas, aumentan los costos de transporte para mover efectivo, falta espacio físico para atesorar el numerario y aumentan los riesgos. Particularmente en el servicios de cajeros para tratar de garantizar la dispensa continua de billetes hay que hacer recargas extras, aumentar las guardias activas, incurrir en mayores costos por desgastes. Aun así muchas veces estas acciones resultan insuficientes ya que la demanda supera la capacidad máxima de carga de los dispositivos.

Con un billete de mayor denominación podemos remover rápidamente estos incómodos obstáculos que solo agregan ineficiencia a la operatoria bancaria. También sería beneficioso para el comercio y lo negocios en general, nos daría más seguridad para trasladar, manipular y almacenar sumas mayores de dinero sin estar tan expuestos al riesgo (demora más cada transacción a mayor volumen de efectivo necesario). Pero además se terminarían los problemas de faltante de dinero en los cajeros automáticos en fines de semana y períodos de alta demanda, como las fiestas y feriados, ya que aumentaría la capacidad de carga y entrega de billetes sin ningún costo adicional por parte de los bancos.

Seguridad, menor tiempo y costos para operar con los bancos, sacarle el mayor jugo posible para el cliente a toda la inversión en tecnología que ofrecen los bancos, favorecer y facilitar el ahorro en nuestra moneda, son todos atributos que merecen ponerse en consideración para evaluar la conveniencia de tener un billete mayor que el actual de $ 100. Con una medida muy simple - billetes de $ 200 y $ 500 - lograríamos importantes beneficios para los usuarios, simplificaríamos la vida cotidiana y acompañaríamos la tendencia de nuestros países vecinos.





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