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Boliviana condenada a cadena perpetua en Bs.As.

AMÉRICA La petición del fiscal se basó en la declaración de un niño de cinco años Argentina, un relato salvaje
Cadena perpetua para una indígena boliviana que estuvo presa varios años sin intérprete

La Justicia de Buenos Aires asegura que Reina Maraz asesinó a su marido

Reina Maraz (dcha), junto a su intérprete en los tribunales de... Reina Maraz (dcha), junto a su intérprete en los tribunales de Quilmes. COMISIÓN PROVINCIAL POR LA MEMORIA
CÉSAR G. CALEROEspecial para EL MUNDO Buenos Aires Actualizado: 29/10/2014 14:52 horas
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El caso de Reina Maraz, una indígena boliviana condenada ayer por la Justicia de Buenos Aires a cadena perpetua tras ser acusada de matar a su esposo, serviría de guión perfecto para una de esas historias al límite de la película 'Relatos Salvajes', que arrasa en los cines de Argentina. La mujer, que SÓLOhabla quechua, estuvo varios años en prisión preventiva sin intérprete. Nadie le explicó en su lengua por qué había sido detenida. Su marido la entregaba como pago de las deudas contraídas con un vecino que abusaba sexualmente de ella. Reina, de 26 años, dio a luz en prisión y estuvo más de tres años sin ver a sus otros dos hijos pequeños.


Reina Maraz (derecha), junto a su intérprete en los tribunales de Quilmes.

Como otros miles de bolivianos, Reina llegó a Argentina en busca de una vida mejor. Siguiendo a su esposo, dejó en 2009 su aldea de Avichuca, cerca de Sucre, y se estableció en la localidad de Florencio Varela, en el Gran Buenos Aires. Limber Santos, su marido, encontró allí trabajo como cortador de ladrillos. Ella los apilaba. Ganaban poco y menos. Las deudas se amontonaban y Limber no tuvo mejor idea que pagarle a un vecino con el cuerpo de su mujer, según la versión de Reina, víctima también de frecuentes malos tratos físicos por parte de su marido. La joven indígena trató de volver a su Bolivia natal varias veces pero no tenía papeles. Su cuñada retenía sus documentos.

Cuando la detuvieron en noviembre de 2010, ella había denunciado unos días antes la desaparición de su esposo. Embarazada, ingresó en una prisión sin saber las razones del proceso penal que se iniciaba en su contra. No entendió gran cosa de lo que le decían porque su español es muy poco fluido. Y nadie la entendió a ella. Entretanto, dio a luz a una niña. SÓLO pudo conocer Reina los detalles de su caso cuando recibió la asistencia de la Comisión Provincial por la Memoria (CPM). Gracias a este organismo público que vela por el respeto a los derechos humanos, la joven quechua pudo contar a partir de abril de 2012 con la ayuda de una intérprete para poder responder a los fiscales. Sus defensores tuvieron que recurrir a la Corte Suprema para que se aceptara oficialmente la presencia de la intérprete, dado que los tribunales de la provincia de Buenos Aires no cuentan con registro oficial de intérpretes de las lenguas de los pueblos originarios, pese a que en la zona viven miles de inmigrantes indígenas.



Según el expediente judicial, el cuerpo de Limber Santos apareció cosido a puñaladas en las proximidades de la casa de Florencia Varela donde vivían. En la causa abierta contra Reina se establece que se trató de un homicidio "agravado por el concurso premeditado de dos o más personas". Para la Fiscalía, Reina habría cometido el crimen con la ayuda de un vecino, Tito Vilca, el hombre que, según la inmigrante boliviana, la violó en repetidas ocasiones como "cobro" de las deudas de su esposo. Vilca, que se peleó varias veces con Santos, le habría comunicado a Reina en noviembre de 2010 que Limber había regresado a su pueblo natal. Ella denunció su desaparición y cuatro días después fue detenida. El violador, arrestado también en su día, murió de cirrosis hace unos meses.



El testimonio de su primogénito

Cuando el fiscal del juicio oral celebrado en la localidad de Quilmes pidió la semana pasada cadena perpetua para Reina basó sus argumentos principalmente en la declaración del primogénito de Reina, que tenía cinco años cuando lo interrogaron por el sistema de cámara Gesell. Tres peritos independientes cuestionaron cómo se efectuó esa declaración a un menor como si se tratara de un adulto.

"No me asusto, voy a luchar por mi inocencia", expresó Reina la semana pasada a través de su intérprete a la agencia de noticias Infojus. Ayer, tras conocer la sentencia emitida por tres juezas, se mostró desolada, según sus defensores. "No conocemos todavía los fundamentos de la sentencia pero ya anticipo que la apelaremos", aseguró su abogado, José María Mastronardi. La directora de Litigio Estratégico de la CPM, Margarita Jarque, lamentó que el fallo SÓLO reprodujera la acusación del fiscal sin fisuras: "El tribunal no ha escuchado ni incorporado la voz de Reina, su relato. Resulta inexplicable una sentencia basada exclusivamente en una cámara Gesell que durante el debate oral tres peritos especialistas cuestionaron de manera fundada y la consideraron como una prueba no válida".

Como en las historias que componen la película Relatos Salvajes', el destino le ha ido reservando a Reina Maraz una sorpresa desagradable tras otra. Pero en su caso no hay lugar para la comedia. El drama arranca ya torcido en un poblado polvoriento de la Chuquisaca boliviana y concluye a la brava en un horno de ladrillos del violento conurbano bonaerense. Si el relato estuviera incluido en el filme más taquillero de la historia del cine argentino, se podría pensar que a los guionistas se les había ido la mano a la hora de caracterizar a su personaje: una indígena pobre, madre de familia, inmigrante y víctima de la violencia de género. Pero el Gran Buenos Aires está plagado de desheredados como Reina. Y también de tipos como Limber Santos y Tito Vilca. ¿Quiénes son los culpables y quiénes los inocentes en este relato salvaje?

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