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Brasil: sorpresa y ballotage

Brasil: sorpresa y ballotage

CAMILA BONETTI





Luego de un sinfín de especulaciones y diversas (y cambiantes) encuestas tras la muerte de Eduardo Campos hace casi dos meses y el consecuente crecimiento de Marina Silva, la candidata de los medios terminó tercera, muy por debajo de Aécio Neves. Ahora se medirán en una segunda vuelta la presidenta Rousseff y el aspirante presidencial socialdemócrata en una elección que promete ser muy disputada, mientras ya hay polémica por las poco acertadas mediciones.

Tras el previsible triunfo de Rousseff y el sorpresivo caudal de votos que obtuvo Neves, son varios los temas que quedan para analizar y debatir durante toda la semana tras las elecciones en Brasil. Por un lado, los 41 puntos que obtuvo Dilma contra los 33 de Aécio dejan entrever que la diferencia fue menor a la esperada y la campaña camino al duro ballotage del 26 de octubre próximo, ya comenzó. La diferencia entre la primera y el segundo marcaba días atrás alrededor de 15 puntos, y ayer sólo fueron ocho, cuestión que desploma también las especulaciones que preveían un cómodo triunfo de la presidenta en segunda vuelta si se medía con Neves.

Segundo, Marina Silva, la favorita de los medios opositores, sectores de la derecha, banqueros y empresarios que le soltaron la mano a Neves tras el crecimiento de la candidata, quedó tercera y lejos de los vencedores. Con alrededor de 21 por ciento de los votos, hay varias lecturas que pueden hacerse para tratar de entender qué pasó: su discurso contradictorio terminó por defraudar al electorado indeciso (alrededor del 20%) que apostó en un primer momento por ella. Y los medios y las encuestadoras se encargaron de inflar a una aspirante a presidente que tuvo que armar un programa de gobierno en menos de dos meses, carente de respuesta a la hora de explicar cómo haría para mantener la ayuda social abriendo la economía, y con el tiempo jugando en su contra porque, como todo fenómeno que crece rápido y ocupa la atención de todos, de la misma manera dejar de estar de moda.

Ahora bien, lo más llamativo y preocupante del resultado fue la falta de precisión de las encuestas que en los últimos días daban, algunas, un empate técnico en el segundo lugar entre Neves y Silva, y otras aseguraban que Marina llegaba al ballotage. Sin embargo, nada de esto sucedió y Aécio llegó al 33 por ciento de los votos cuando las mediciones previas lo situaban con no más de 25 puntos. Ante esta sorpresa en el resultado, queda en evidencia que es necesaria una revisión del modo de medición de las empresas que se ocupan de este rubro, ahora en el centro de las críticas. Ibope, una de las principales de Brasil, es señalada por ser allegada a sectores más liberales, y Datafolha, del conglomerado opositor Globo, también difundió varias encuestas que señalaban tendencias que no se cumplieron. Pero asimismo, otras encuestadoras independientes tampoco acertaron el resultado.

Mientras tanto, en los discursos de Neves y Rousseff de anoche pudo verse que la campaña camino al 26 de octubre ya empezó. La presidenta, bajo la frase "gobierno nuevo, ideas nuevas", enumeró las promesas a cumplir si es reelecta, enfocadas principalmente en mejoras en la salud y educación. El candidato liberal, por su parte, ya anunció que están hablando con Marina Silva, en una clara señal que apunta a obtener el apoyo pleno de la ambientalista y, por ende, sus votos. En el mismo sentido, la candidata que ahora quedó fuera de la disputa presidencial recordó que la oposición venció al PT en cantidad de votos, contando los suyos y los de Neves, claro.

Comienza ahora la última etapa y por cierto la más difícil e incierta. Con Marina Silva fuera de batalla, Rousseff y Neves saldrán a usar toda su artillería para captar los votos de ese 20 por ciento que votó por la ambientalista. En ellos está ahora la decisión sobre el futuro de Brasil, si apostar por la continuidad de tres gobiernos que supieron sacar de la pobreza, el analfabetismo y el desempleo a millones de brasileños que históricamente fueron los sin voz, o en cambio preferir la ruptura y regresar a los '90 liberales de Collor de Melo y Fernando Henrique Cardoso.
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