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Camper histórico Simo "La muerte Blanca" Hayha

¿Que tal linces? El motivo de este post es para hablarles sobre Simo Häyhä apodado "La muert blanca.




Ningún francotirador ha igualado la gloria del finlandés Simo Häyhä. En la Guerra de Invierno, éste hombrecillo delgado y de apenas 1.60 metros, consiguió acabar con más de 500 soldados soviéticos, en poco más de 100 días, y sin usar mira telescópica. “Yo solo hice lo que me dijeron que hiciera, lo mejor que pude”, diría mucho después, a sus 93 años.








Durante la Segunda Guerra Mundial se empleó de forma profusa a los francotiradores, y estos pasaron a tener gran importancia táctica en escenarios como la batalla de Stalingrado, Dieppe, Monte Casino, la del atolón de Kwajalein y, cómo no, la de Kollaa, sucedida en la Guerra de Invierno, que tuvo lugar en el contexto de la Segunda Guerra Mundial, con la U.R.S.S. y Finlandia como contrincantes, y el francotirador finlandés Simo Häyhä como la gran leyenda de guerra, que pasaría a la posteridad con el sobrenombre de “La Muerte Blanca”, dado a Simo por los aterrorizados soldados soviéticos.






Lejos de ser una exageración, Simo no era solo un gran francotirador, era y aún es el mayor francotirador que jamás haya existido, colocándose, con sus 542 bajas (más de 700 con las efectuadas sin su arma de francotirador), por encima de otros grandes como los soviéticos Vasili Zaitzev (400) o Yakovlevich (346), o los alemanes Erwin Koning (400) y Heinz Thorvald (300). Y todo en poco más de 100 días, matando aproximadamente unos 5 enemigos diarios, y encarnando, más que cualquier otro francotirador, el lema de “un disparo, un muerto”… Quizá, al menos en parte, detrás de esa eficacia escalofriante haya estado la tranquilidad y frialdad con que cumplía su deber militar; ya que, según crónicas de aquel entonces, matar soviéticos era para él algo “como ir de caza”…




El escenario militar en que operó Simo Häyhä


La invasión soviética a Finlandia se produjo en invierno (con temperaturas de -20º a -40º), a fines de noviembre, y Simo entró a combatir como francotirador del Regimiento Jaeger 34, que habría de desempeñarse a lo largo del río Kolla, frente a un enemigo cuya superioridad numérica era a veces de 100 a 1, ya que Finlandia tan solo había conseguido reclutar unos 180000 hombres para hacer frente al inmenso ejército invasor.




Arriba vemos al Ejército de Finlandia, que era mucho menos numeroso que el de la URSS, pero usaba tácticas de guerrilla, soldados con esquíes y camuflaje, cocteles molotov, etcétera. Abajo vemos al Ejército Soviético en la Guerra de Invierno, sufriendo las consecuencias de su mala preparación.




Sin embargo, pese a su inferioridad numérica, los finlandeses conocían mejor el terreno, estaban mucho mejor adaptados al clima, y sus estrategias militares eran ingeniosas y concordantes con la geografía y la naturaleza del desafío bélico que representaba la Unión Soviética. No podían darse el lujo de enfrentar al enemigo a campo abierto, ya que eso sería un suicidio militar. Entonces… ¿Por qué no atormentarlo?, ¿por qué no sembrar el terror en las líneas enemigas, atacar el sistema de suministro y emplear recursos económicos frente a armas costosas como los tanques soviéticos? En esa línea, los finlandeses usaron cosas como: tácticas de guerrilla, con pequeños y rápidos ataques sorpresa, muchas veces efectuados con tropas entrenadas para pelear en esquíes; invisibilidad en combate, posibilitada por trajes de camuflaje especialmente diseñados para el conflicto, y ejercida en gran parte por francotiradores; cocteles molotov, con los cuales podían volar en pedazos a los tanques y otros vehículos del enemigo; ataque a las líneas de suministro, ya sea con grupos de asalto o francotiradores.

Por su parte, la arrogancia militar de los soviéticos, al menos al inicio del conflicto, rayaba en lo vergonzoso. En efecto, se cuenta que, cuando la guerra empezó, los soviéticos iban con bandas sonoras, marchando como si de un desfile de victoria se tratase… También llevaron vehículos que no habían sido probados en un frío tan extremo, y que tuvieron que mantener prendidos todo el tiempo para que el combustible no se congelase; además, algunos oficiales utilizaban técnicas obsoletas de la Primera Guerra Mundial. Pero, al menos lo último, no debería sorprender si se tiene en cuenta que gran parte de los oficiales soviéticos eran elegidos por razones meramente políticas: ahora, en medio de la nieve, habrían de sufrir las consecuencias militares de esa corrupción…






Las técnicas de Simo Häyhä

Muy diferente al estereotipo de gran combatiente militar que existe en el imaginario social, Simo no era alto, ni musculoso, ni pronto a la ira: era pequeño (medía apenas 1.60 metros), delgado, calmado y cerebral, incluso cuando las balas silbaban a su alrededor… De gran ingenio a la hora de apretar el gatillo.




Este es Simo (derecha), junto al coronel (izquierda) que dirigía su unidad de combate. La foto data de la Guerra de Invierno, en la que Simo se hizo leyenda.



Simo se caracterizaba por técnicas como:


Muy diferente al estereotipo de gran combatiente militar que existe en el imaginario social, Simo no era alto, ni musculoso, ni pronto a la ira: era pequeño (medía apenas 1.60 metros), delgado, calmado y cerebral, incluso cuando las balas silbaban a su alrededor… De gran ingenio a la hora de apretar el gatillo, Simo se caracterizaba por técnicas como:

- Usaba la mira de acero del propio rifle en vez de una mira telescópica, para así no revelar su posición, ya que un francotirador tiene que alzar su cabeza para usar la mira telescópica, y además la luz solar puede reflejarse en el lente y delatar su ubicación.

- A la hora de seleccionar el objetivo, Simo buscaba al mando de mayor graduación, pero esto no siempre se evidenciaba a simple vista (algunos militares precavidos ocultaban sus distintivos de rango), así que observaba la conducta de sus potenciales blancos, a ver quién daba órdenes, hablaba con operadores de radio o mostraba otra actitud propia de quien tiene el poder en el grupo.

- Compactaba la nieve que tenía frente a él, a fin de que ésta no se alzase cuando disparara. En este mismo empeño, incluso a veces creaba bloques de hielo.

- Colocaba nieve en su boca para no delatarse con el vaho de su respiración.






A la caza de “La Muerte Blanca”


Cuando la fama de Simo creció entre los soldados soviéticos y éstos empezaron a verlo como una importante amenaza, le pusieron el apodo de “Belaya Smert” (Muerte Blanca); y los oficiales, que se tomaron con seriedad el asunto, montaron operaciones especialmente diseñadas para aniquilarlo.

Primero únicamente enviaron escuadrones para darle muerte, pero Simo se escondía bien e hizo perecer o claudicar a todos los escuadrones que fueron a cazarlo. Ante eso, los mandos soviéticos crearon un escuadrón especial de francotiradores especializados en aniquilar francotiradores, pero Simo los mató a todos…

Desesperados, los soviéticos llegaron a efectuar un ataque de artillería, en el cual el abrigo blanco de Simo fue rasgado por fragmentos de municiones enemigas, cosa que reveló su posición; pero, aún así, él sobrevivió…






Aquí vemos a Simo junto a otros soldados finlandeses. Simo llegó a ser tan temido por los soviéticos, que estos enviaron francotiradores a cazarlo, pero no les sirvió…








Finalmente, los soviéticos se librarían de Simo un 6 de marzo de 1940. Los hechos fueron más o menos así:


Eran las 6:20 a.m. cuando Simo y los de su unidad recibieron la orden de atacar a unos soldados soviéticos que estaban apostados en un valle, negándose a abandonar sus puestos por orden de sus comandantes. En aquel enfrentamiento habían muerto unos 140 finlandeses para el mediodía, pero las bajas soviéticas eran mucho más cuantiosas y, a lo largo y ancho del terreno, los cadáveres yacían tiñendo de rojo la nieve. Los soviéticos estaban desesperados, ¿cómo podían perder tantos soldados?, ¿dónde se escondían los malditos francotiradores finlandeses? En ese afán por acabar con los escurridizos soldados finlandeses, los soldados soviéticos se veían correr de un lado a otro, y los proyectiles de artillería estallaban en numerosos sitios, haciendo saltar la nieve y los punzantes trozos de árboles despedazados. Para el momento en que un soviético gritó señalándole a su grupo la posición de la “Muerte Blanca”, Simo ya había arrasado con unos 40 soldados enemigos, superando con creces su record de otros días… Pero ahora las cosas estaban realmente complicadas: los soldados enemigos corrían hacia él, y en la zona apenas quedaban unos 14 finlandeses…

Simo estaba oculto detrás de una gran roca. No podía darse el lujo de asomar así nomás la cabeza o incluso el arma, pues las balas pasaban veloces a la derecha, a la izquierda, y también por arriba de la roca… Aún así, su habilidad era tan grande que, cuando disparaba, un soviético caía, con lo cual conseguía sembrar algo de miedo y evitar que el avance del enemigo se vuelva demasiado caudaloso. Afortunadamente, los soldados soviéticos que enfrentaba no tenían ametralladoras, pues de ser así fuera casi imposible defenderse. Por ello logró resistir heroicamente, hasta que, en una de esas ocasiones en que se asomó a disparar, una bala explosiva, disparada por un francotirador soviético según ciertas fuentes, le dio en la barbilla y le salió por la mejilla izquierda…








Ahora, Simo perdía sangre y necesitaba ayuda. Cualquiera habría muerto en tales circunstancias, pero él tuvo tanta habilidad y “cabeza fría” que incluso consiguió acabar con el soviético que le había disparado, y con otros más… Lógicamente habría llegado un punto en que perdería la consciencia y pasaría a ser “carne de cañón”, pero solo ocurrió lo primero porque, cuando apenas 3 finlandeses más resistían con él, llegaron refuerzos de rescate y lo sacaron. Según refirió uno de los soldados que lo salvaron, Simo “había perdido la mitad de la cara”…

Tras ser llevado al hospital, Simo permaneció inconsciente hasta el 13 de marzo, y en todo el mes no fue capaz de escuchar nada. Requirió 10 cirugías faciales, y tuvo que pasar algún tiempo para que reapareciese y se supiese que no había muerto, cosa esta que deseaba hacer creer la Prensa Soviética y algunos sectores informativos de la propia Finlandia.






Fueron todas las técnicas anteriores, junto a la puntería, el ingenio y los reflejos que Simo tenía, lo posibilitaron que, habiendo entrado a la guerra como cabo, terminase como teniente segundo, siendo condecorado por el mariscal Carl Cuando el conflicto bélico término Simo Häyhä, quien había entrado a las filas del ejército finés como un simple soldado de infantería posteriormente ascendido a cabo, recibió el rango de Teniente segundo durante la campaña en el río Kollaa y también fue condecorado por el mariscal Carl Gustaf Emil Mannerheim con la Cruz de Kollaa y la Cruz de Plata, pasando con ello a ser el individuo que más rápido había ascendido de rango en toda la historia militar de Finlandia. Era pues el gran héroe del “Milagro de Kollaa”, batalla en la cual murieron 8000 soviéticos y, durante el episodio conocido en inglés como “The Killer Hill Battle”, 32 finlandeses, entre los cuales estaba Simo, plantearon una feroz resistencia a 4000 soviéticos, mostrándole al mundo que el coraje de los 300 espartanos podía repetirse en la era de la pólvora, los aviones y los tanques.





Sin embargo, y aquí viene la frase más recordada de él, cuando se le preguntó si lamentaba haber matado a tantas personas, el “amable”, “humilde” y “tranquilo” anciano, respondió mirando con natural serenidad a través de sus gruesos anteojos: “Yo solo hice lo que me dijeron que hiciera, lo mejor que pude”.




Fin del post.
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