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Challapalca - Perú, una prisión de castigo



El 16 de julio se recuerda el día de la persona encarcelada o día de la resocialización. La situación en los penales es preocupante, pero más lo es para aquellos que viven en penales como Challapalca ubicado entre Tacna y Puno, a unos 5050 metros sobre el nivel del mar. Este penal fue cerrado en el 2003 pero luego reabierto en el 2007. Actualmente alberga a 104 personas de los 44880 privados de libertad a nivel nacional. En lo que sigue, comparto parte de mi testimonio personal para mostrar las dificultades que se debe sortear para llegar y salir de allí.

Algunos años atrás fui de visita al penal de Challapalca para entrevistar a un interno. En coordinación con sus familiares, abordamos un bus desde Lima hasta Moquegua demorando aproximadamente 20 horas de viaje. De allí entre siete personas contratamos los servicios de auto para que nos traslade hasta un lugar llamado Mazocruz, ubicado en Puno. Viajamos apretados en el auto más los bultos con víveres que trasladaban para sus familiares presos. El viaje resultó bastante incómodo, más aún que la ruta era de subida y el trayecto era de bastantes curvas, yo era el único varón aparte del chofer y una de las pasajeras era una señora gordita. Llegamos en la noche a Mazocruz, luego de un viaje de cerca de dos horas, todo era a oscuras y al bajar, sentí un fuerte aire helado que se iba apoderando de mi cuerpo. A oscuras ingresamos a una casa jalando los bultos de víveres y comestibles. La posada preparó un poco de caldo de pollo, pero no todos comimos bien, pude notar que casi todas las mujeres con las que viajé estaban con fuertes dolores de cabeza y se quejaban del mareo, la altura y el frío, solamente tomaron un poco de mate. Anunciaron que saldríamos muy temprano hacia el penal, sin embargo no pude conciliar bien el sueño pues gran parte del silencio de la noche era interrumpido por algunas de las mujeres que estaban con vómitos y aquejadas del fuerte dolor de cabeza y del frío.

Aún así, me desperté de madrugada para estar a la hora. Mientras despertaban y se alistaban aproveché un rato para salir a caminar y buscar algo caliente para tomar, al salir de la casa, una densa neblina no me dejaba ver bien, sólo veía siluetas de algunas pocas personas que a esa hora transitaban como si fueran fantasmas en medio de la niebla. El frío era intenso, pero quedarme en la casa sentado o parado me iba a enfriar aún más. Ingresé a una tienda donde ofrecían mate caliente, no lo dudé un instante.

Demoramos la partida hacia el penal pues la mujer más gordita estaba que se desmayaba por el soroche de la altura, la llevamos primero a un lugar pero estaba cerrado por ser día sábado, luego fuimos a otro lugar donde el enfermero de turno felizmente la atendió y le aplicó una ampolla. Contratamos una combi para ir más cómodos, la neblina ya se había disipado totalmente. En el trayecto se apreciaba la tristeza y soledad del altiplano, más allá está Bolivia nos dijo el chofer. Todo el paisaje era llanura de altura y el sol de la mañana empezaba a recrear un poco de vida a la naturaleza. Paramos un rato para estirar las piernas, y se sentía un poco más de caliente, pero a la sombra el frío se sentía fuerte. Antes de llegar al penal luego de aproximadamente dos horas de viaje, paramos en una posta de salud, el enfermero nos dio ciertas recomendaciones.

El chofer anunció la parada final. Unas cuantas casitas mas la base militar, el penal y un pequeño puente, conformaban toda la infraestructura del lugar. Un letrero daba a conocer que era la base militar ubicada en la parte más alta del Perú y nos daba la bienvenida. La mujer gordita parecía que seguía mareada, aún así se animó a ingresar al penal. Con bultos y todo ingresamos previa revisión del personal del INPE.

Ingresé animoso pues hasta esos momentos me sentía bien. A medida que entrevistaba al interno, sentía que mis piernas se iban congelando y que el frío iba subiendo al resto de mi cuerpo. Me invitaron comida caliente pero fue insuficiente, me prestaron una chompa adicional y un pantalón de lana para usarlo por dentro. Los ambientes cerrados parecían una congeladora a pesar de la luz del día. Terminada la entrevista el frío había terminado por treparme. Me despedí del interno y de su familia con quienes había viajado, ellas se iban a quedar un día mas pues luego de un mes recién podrían regresar otra vez.

Antes del salir del penal se desató una lluvia de granos de hielo que golpeaba el rostro. Presuroso ingresé a la pequeña casita en donde los familiares iban a pernoctar esa noche, y allí esperé algún carro que me saque de aquel lugar. El de la casa me explicó que iba a llegar un camión que me llevaría hasta Tacna. Esperé cerca de una hora y abordé un enorme camión. Al subir a la tolva, el acompañante del chofer me dijo que abra una tremenda manta de plástico que cubría un bulto enorme para protegerme del granizo que seguía cayendo. Levanté el plástico y grande fue mi sorpresa al notar que bajo ese manto, había un grupo como de 20 personas entre hombres mujeres y niños todos acurrucados y tratando con sus pies de retirar de adentro del plástico montículos de hielo que se colaban. No lo pensé más y fui uno de ellos también, nadie me hizo una conversa animada a pesar de mi insistencia en preguntar si este carro me iba a llevar hasta Tacna. Por momentos la gente al unísono levantaba el plástico con sus brazos para que el hielo que se juntaba en ella, se deslice y así evitar el peso en nuestras cabezas. Sentía que el camión subía, bajaba, luego subía, luego bajaba. Cerca de una hora de viaje, se pudo retirar el toldo de plástico, había dejado de caer granizo y el paisaje que se divisaba era otro, ya no era la fría llanura del altiplano, sino que estábamos entre cerros con cierta vegetación de altura, piedras y pequeñas plantas de forma y colores media extrañas para mí.

A medida que el camión avanzaba esta vez más en sentido de bajada, sentía que el frío se iba despidiendo de mi cuerpo, frotaba mis manos y pisaba fuerte mis pies, movía mis hombros y brazos para evitar que se entumezcan. Iba aclarando la tarde y el paisaje cambiaba aún más dejando atrás las alturas de Tacna y poco a poco dibujándose una geografía diferente. Casi al morir la tarde llegamos a una población con muchas casas y personas, con asfalto y veredas. Todos se bajaron, pregunté si habíamos llegado a Tacna pero me respondieron que estábamos en Tarata y que sólo llegaban hasta allí. Fue inútil conseguir otro carro en esos momentos, opté por dormir en Tarata y el hotel en medio de la plaza principal resultó de lo más pésimo. Esa noche no podía dormir bien pensando en la señora gordita que le había afectado la altura la noche anterior, y me imaginaba cómo iba a pasar esa noche en medio de la altura. Muy temprano cogí el bus para Tacna y el colorido del paisaje fue totalmente distinto al del día anterior, íbamos de bajada a la ciudad. En Tacna hacía un calor fuerte y me preparé para abordar mi bus del mediodía de regreso a Lima. Un largo trayecto de cerca de 24 horas me esperaba, iba acompañado de personas con grandes bultos de mercaderías que habían abarrotado todo el bus. Lo demás, es parte conocida entre los agentes de aduanas del camino y los comerciantes de mercaderías procedentes de Tacna hacia Lima.

Tratamiento penitenciario a la peruana: Challapalca es en realidad un penal de castigo y de destierro, es la ”Siberia peruana”, la cárcel más fría de Rusia a dónde va a parar, según se considera, “la escoria de la humanidad”. No tengo información de cuánto puede haber variado las condiciones en estos ocho años para el traslado de los familiares a Challapalca. El compromiso del Estado fue facilitar la visita a ese lugar a partir de una sentencia del Tribunal Constitucional, pero ya en el 2002 hubo un informe de la Defensoría del Pueblo, y en el 2003 de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos recomendando el cierre definitivo del penal por no reunir las condiciones para ser habitadas. Challapalca no sólo deteriora a los internos sino también a sus familiares y a los servidores penitenciarios allí destacados en precarias condiciones de trabajo. Ahora que estamos en época de friaje, imaginemos el frío de Challapalca y ojalá podamos abrigarnos, al menos con una manta.



































Los organismos de derechos humanos han recomendado el cierre de esta prisión, pero el Perú no ha atendido esta recomendación, y me alegro. En ese sitio están han sido transferidos a extorsionadores, asaltantes en banda y asesinos, como Timaná, el Cholo Jacinto, el viejo Paco y Van der Sloot, entre otros.


















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