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Chile:"Antofalombia tierra de los Colombianos"

Chile: 05 de septiembre de 2016




“Antofalombia”: ¿“Tierra prometida” de los colombianos en Chile?








Llegan en busca de un sueño, pero no siempre son bien recibidos













La región de Antofagasta (Chile) se convirtió en tierra de sueños para ellos, un numeroso grupo de colombianos (más de 30.000) que llegó al país huyendo de los dolores (violencia y crisis económica, entre otros) generados por el conflicto interno de su país. El auge de la minería de cobre en Chile motivó hace más de 10 años a estas personas a cruzar la frontera y busca de una vida mejor.

“Acá ando tranquilo en la calle, sin temor de ver morir amigos por poco menos que nada”, expresó uno de ellos para un reportaje de la revista Paula de Chile.













Siempre alegres y sonrientes, así es la vida de estas personas en “Antofalombia”, su nuevo lugar en el mundo.









Pero la presencia de estos inmigrantes no siempre es de buen agrado para los locales, quienes en algunas oportunidades miran con recelos, cargados de prejuicios, su presencia en el país. ¿Acaso no vienen a sacarnos el trabajo?, expresan algunos chilenos. Mientras que otros ven en ellos a delincuentes, narcotraficantes y promueven discursos xenófobos.
















El lugar donde residen estas personas es precario y muchas veces similar a las favelas de Brasil, donde construcciones sencillas se elevan sobre las laderas de la montaña formando diversos campamentos (asentamientos).

Aunque no todos son colombianos en Antofagasta, un lugar muy marcado por la inmigración, que se ha transformado en un verdadero mosaico de culturas latinoamericanas. También hay peruanos, bolivianos, ecuatorianos.









A la hora de explicar el modo de vida y la resistencia que hay hacia estas personas en el lugar, el sacerdote Felipe Berríos, que habita en uno de los asentamientos, dijo a Paula que el auge de estos campamentos se dio precisamente “no solo por pobreza, sino por la segregación”.

“Por ser pobres y extranjeros. Llegaron atraídos por el mercado, pero el mercado no se preocupó dónde iban a vivir, estudiar, o si habían casas o no para ellos. Y el Estado, que apenas atiende a los chilenos, menos va a darles a los extranjeros. Quedan a su suerte”, indicó.

“Bulliciosos, de mal vivir”















Su nombre es Fabio y es acordeonista. Es uno de los tantos colombianos que llegó a Antofagasta. Junto a su familia viven el asentamiento Familias Unidas II y actualmente dice que puede tocar su instrumento en paz con los vecinos ecuatorianos y bolivianos. Antes, cuando estaba en el centro de Antofagasta, asegura que los chilenos le hacían la vida imposible llamando a la policía cada vez que ensayaba con su grupo de música vallenata.

Es que los chilenos, según su parecer, los consideran “ruidosos, traficantes de drogas y de mal vivir”.

Ahora su situación cambió un poco. “Somos felices. Nos cuidamos. Nadie roba a nadie. No venden droga. No hay delincuencia. El centro es más peligroso que acá”, indica Fabio.















Ayuda intacta

Esta región chilena pautada por el fenómeno de la migración y el desplazamiento tiene también quien se ocupe. Por ejemplo, los voluntarios de Techo (organización sin fines de lucro que combate a la pobreza a través de la ejecución de diversas obras entre las que se destaca el tema viviendas), se encarga de las veredas. Los jesuitas también colaboran con viviendas de emergencia. Los evangélicos hacen lo propio con comedores y guarderías. La ayuda a inmigrantes está intacta.











Así fue como “Antofalombia” se empezó a consolidar como una especie de “tierra prometida” para colombianos en Chile, en el contexto de un pronunciado “éxodo latino”, aunque luego los hechos indicaran otra cosa. No obstante, algunos todavía sueñan con poder regresar a la tierra que los vio nacer. Por ahora, estas personas en tierras ajenas seguirán cantando y bailando, pues la alegría es un sello de los colombianos, a pesar de los pesares.








¿En qué trabajan los inmigrantes en Chile?







El 66% de los inmigrantes en el país tiene entre 20 y 50 años y la mayoría llega por razones laborales. En promedio, cuentan con más estudios que la población local. Estudios cualitativos -no hay cuantitativos- muestran que, por ejemplo, bolivianos se dedican al trabajo agrícola; ecuatorianos, a la medicina, y dominicanos, a la estética.











Las razones para migrar pueden ser variadas, pero en Chile predomina el interés laboral. Preferencia que se refleja en que el 72% de las visas otorgadas en 2015 fueron de empleo (58% visas de empleo y 14% visas Mercosur).

La mayoría tiene entre 20 y 50 años (66%), una migración en la que predominan las mujeres: en 2014, 52,6% fueron mujeres y 47,4% hombres, según datos del Departamento Extranjería y Migración.

Sus motivaciones son económicas y de empleo, y se les suele llamar migrantes económicos, explica Iskra Pavez, socióloga y académica de la U. Bernardo O’Higgins. “Existen dos categorías de migrantes económicos: los que vienen a ocuparse en empleos precarios y los migrantes altamente calificados, en cuyos casos se habla de fuga de cerebros, cuando son profesionales”. Dos categorías, dice, reflejo de la segregación del trabajo que existe en Chile.

Se concentran en algunas regiones, principalmente Arica y Parinacota (5,8% de la población total de la región), donde aumentaron 111% desde 2005. Bolivianos (52,7% de la población migrante) y peruanos (33,1%) tienen la mayor presencia.

Antofagasta (4,6% respecto del total regional) y Santiago (3,5%) son las otras regiones donde hay más inmigrantes.

En la Región Metropolitana aumentaron 101% desde el año 2005.















Areas de especialización

Si bien no hay estudios cuantitativos sobre su distribución en los distintos campos laborales, investigaciones cualitativas realizadas por Pavez permiten entender cómo se distribuyen hoy.

Así, desde los 90, las mujeres peruanas han ocupado el nicho de servicio doméstico, fenómeno que hoy, con las mujeres ecuatorianas y bolivianas, dice, está cambiando.

Los trabajadores peruanos se han especializado en construcción y comercio. También en gastronomía han capturado un nicho.

“En la zona norte, en Arica y Parinacota, el trabajo agrícola ocupa mucha población boliviana. Mujeres y hombres de República Dominicana se dedican a estética y peluquería. También hay harto ingeniero español en la minería. De Venezuela hay un porcentaje importante de médicos, junto con Cuba”, señala la socióloga.

La comunidad más difícil de estudiar es la argentina, que se dispersa en varias áreas, aclara. “Una migración más antigua y tradicional es el comercio coreano y chino, enfocado al área textil y venta al detalle”.



















Más años de estudios

Contrario al prejuicio, los inmigrantes destacan por tener más años de estudios que los chilenos; 12,6 años contra 10,7.

En los cinco niveles de formación educacional, en la Región Metropolitana la población inmigrante supera a la nacional en los niveles medios, técnicos y universitarios. Allí destaca la formación secundaria de la población boliviana (39,1% tiene estudios universitarios), colombiana (23,7%), argentina (21,5%) y haitiana (15,4%).

La informalidad, en tanto, es más alta en Arica -el 24,8% no está en el sistema de salud- y Antofagasta, donde el 15,6% no tiene seguro.

Que puedan ejercer su profesión en Chile, dice Pavez, depende de varios factores. Por ejemplo, convenios internacionales que faciliten la convalidación de títulos, como ocurre, por ejemplo, con Ecuador en medicina. “Por eso, hay mucho médico ecuatoriano en el sector público, pero no pasa lo mismo con Perú y Bolivia”.

Su formación académica es sometida a prejuicios, explica Pavez. “Profesoras o enfermeras trabajan en servicio doméstico, sin que se valore su formación profesional en el sueldo”.

Derechos laborales

El 84,4% de los inmigrantes en el país tiene contrato, contra un 15,6% que no.

Tienen los mismos derechos laborales, pero no son tratados de la misma manera, dice Delfina Lawson, de la Clínica Jurídica de Migrantes y Refugiados de la U. Diego Portales. “Eso les produce mucha rabia e impotencia”, agrega.

Quienes relatan más discriminación son los que vienen de países más lejanos. “Cuanto más distintos a los chilenos son, más aguda es la discriminación que viven, desde que le gritan en la calle, que no les respetan las condiciones de trabajo o violencia sexual en las mujeres”.

Situaciones que se acentúan en el caso de ser afrodescendiente y pobre, indica Lawson. “El migrante en Chile sufrirá discriminación, y si es mujer, más todavía, o si es indígena o no habla el idioma, la discriminación es más grave”.

Todo ello los excluye de opciones laborales. “Tienen más años de escolaridad, pero ocupan cargos de inferior jerarquía”, indica Lawson.

Existe xenofobia, indica la socióloga, que se refleja en que culturalmente hay nacionalidades de prestigio y otras no. “Se considera inferior a una persona indígena o afrodescendiente, se lo ve como un migrante económico que escapa. En cambio, al extranjero blanco se lo ve como el aventurero y no se habla de migrante, sino de extranjero”.
















Saludillos































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Fuente: http://www.latercera.com/noticia/nacional/2016/09/680-695376-9-en-que-trabajan-los-inmigrantes-en-chile.shtml


Fuente: http://es.aleteia.org/2016/09/05/antofalombia-tierra-prometida-de-los-colombianos-en-chile/
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