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China al trono, adios al reinado de Estados Unidos


El gigante asiático ya es la primera potencia económica del planeta y proxima superpotencia mundial militar.



Los medios occidentales de prensa se han cuidado de todo alboroto, sencillamente porque no les conviene, con más razón cuando las fuentes que han dado la nueva no son precisamente entidades progresistas ni ligadas históricamente el ejercicio de la pretendida objetividad…todo lo contrario.

No obstante, el casi ínfimo nivel divulgativo otorgado al hecho no disminuye un ápice su trascendencia, porque en plata significa una de las más sonadas derrotas del sistema socioeconómico que Washington ha pretendido vender hasta el presente como el modelo ideal, universal, intocable e inamovible de desarrollo global.



El controvertido informante ha sido el nada izquierdista Fondo Monetario Internacional, (FMI), que en un estudio sobre las últimas cuatro semanas de actividad económica global aseveró enfáticamente (y tal vez con hondo pesar), que “China se ha convertido en la primera potencia económica mundial, adelantando oficialmente a los Estados Unidos con un peso oficial en valores de 17,6 billones de dólares, contra 17,4 billones de Washington”.

Hecho que el FMI no pudo dejar de considerar “un acontecimiento histórico” dado que la gran potencia capitalista ha dejado se ser puntera… “y ese hecho lo cambia todo.”

Desde luego, a estas alturas lo sucedido es algo así como “una muerte anunciada”, toda vez que todos los pronósticos económicos mundiales apuntaban al descalabro norteamericano frente al dinamismo chino para inicios del cercano 2016, meta que Beijing logró adelantar de manera significativa.



Vale remarcar en este sentido que para no pocos analistas y expertos económicos, lo que ha apenas acaba de ocurrir marca “un punto de inflexión de primera magnitud dentro del desarrollo de la crisis sistémica global, con el paso de un mundo americano a un mundo chino”.

Y no es complicado de entender. Si bien en los últimos tiempos Washington a intentado tensar músculos en el terreno militar, incluso extendido su agresividad contra un duro oponente como Moscú, los evidentes pies de barro de la arquitectura económica que propugna ya no le sustentan lo suficiente, e incluso no es aventurado pronosticar que sus aliados, heridos gravemente por la crisis desatada en los propios Estados Unidos en 2008 y vigente hasta estas horas, prefieran en el futuro inmediato estrechar vínculos con el nuevo monarca económico, dueño de guarismos estelares en materia de crecimiento productivo, comercio y finanzas.

De hecho, en los instantes en que el FMI daba a conocer su sentencia sobre el final de la hegemonía económica norteamericana ante el empuje del gigante asiático, delegaciones oficiales de Beijing cerraban importantes acuerdos multilaterales con Alemania, Rusia e Italia, mientras en Londres los financistas se inclinaban por potenciar al yuan frente al dólar como moneda preferente en sus transacciones externas.



En pocas palabras, todo un conjunto de variantes que, entre otras cosas, apuntan contra los propósitos estadounidenses de concretar en el más breve plazo posible el titulado Acuerdo Transatlántico para el Comercio y la Inversión, destinado utilizar en su provecho propio la abierta y crónica debilidad económica que hoy enfrentan sus socios del Viejo Continente.

Vale añadir en este sentido, que durante las ya citadas recientes negociaciones de China con Alemania e Italia, por ejemplo, el gigante asiático suscribió con Berlín (considerado aún como la locomotora del occidente europeo), contratos en los sectores de informatización, energía, ciencia, educación, agricultura, salud, aviación y protección ambiental por un valor de más de dieciocho mil millones de dólares.

En el caso de Roma se concretaron una veintena de convenios de inversión y cooperación entre empresas pequeñas y medianas de ambos países por un importe de diez mil millones de dólares.



A ello se unen los protocolos suscritos con Moscú en energía, finanzas y tecnología por un monto de veinticinco mil millones de dólares, lo que fortalece la ya pública unión estratégica del Kremlin y Beijing, la cual pone en jaque el nada solapado propósito de Washington –anunciado desde la década de los noventa del pasado siglo- de evitar a toda costa la reaparición en el planeta de nuevas potencias mundiales como garantía inviolable para la implantación del hegemonismo Made in USA.



link: https://www.youtube.com/watch?v=vdejiaoEhFc

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