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¿Como vive un argentino en EEUU?

EDUARDO MARGEPIC (55): “SE AHOGAN EN UN VASO DE AGUA”.

Argentino, fanático del asado, el dulce de leche y Racing Club, vive en el East Side de Chicago desde hace una década, cuando su trabajo como agente de viajes se desmoronó sin panorama de recuperación a la vista. Tampoco iban bien las cosas para su mujer, Carmen Cereceda Urbina (57), que trabajaba en una peluquería de la Recoleta.“Primero decidí venirme solo. Ya estaba trabajando desde Argentina representado a jugadores de fútbol en Estados Unidos, pero decidí probar suerte y apostar todo acá”, cuenta. Más adelante lo siguió su esposa, y juntos y por televisión vieron las imágenes del ex presidente de la Nación, Fernando de la Rúa, abandonando la Casa de Gobierno en helicóptero.“Sentimos que habíamos hecho bien las cosas, aunque nos dio mucha tristeza lo que les pasaba a nuestros compatriotas”, confiesa Eduardo, que comenzó a trabajar en una empresa de pintura y construcción, e invirtió sus primeras ganancias en la apertura de una peluquería en Chicago para Carmen.“Lástima que ahora con la crisis las mujeres se hacen las uñas en sus casas”, se lamenta ella. Sin embargo, el cambio de horizonte funcionó: Eduardo desarrolló su propia empresa de construcción, plomería y remodelación de casas y al mismo tiempo se dio el gusto de seguir ligado al fútbol. “Además de representar a algunos jugadores, todos los veranos doy clases de fútbol”. Y su más reciente emprendimiento es una guardería que montaron en su propia casa.“Tenemos una licencia para cuidar chicos de 6 semanas a 1 año”, cuenta orgullosa Carmen. Y él agrega: “Lo mío es estar siempre en movimiento. Me sirvió saber inglés y tener alguna noción en materia comercial. Además, los argentinos estamos acostumbrados a pelearla, y para los que estamos acá, hubiera sido imposible conseguir algo sin perseverancia”, asegura Eduardo a quien la crisis que se vive actualmente en los Estados Unidos no lo sorprendió demasiado.“Tenemos una ventaja sobre el ciudadano americano y es que sabemos cómo manejarnos con las subas y bajas de la economía. En cambio, el americano se ahoga en un vaso de agua”. Carmen, sin embargo, expresa su impacto. “En nuestro barrio las tiendas están vacías como nunca antes y la gente ya no sale, no va a restaurantes, evita el cine y los teatros. Hay veces que esto es una desolación”. Y Eduardo concluye su análisis. “El desempleo es cada vez mayor. La gente se endeudó pagando el crédito de sus casas, y por eso la gran mayoría tuvo que venderlas, porque no pudieron mantenerlas ¡Esas casas se venden a tan sólo 15 mil dólares! Pero muchos americanos no pueden pagarlas. Ahora esperemos que con Obama las cosas cambien. A todos se los ve esperanzados”.

JAVIER AGOSTINELLI (43): “APRENDER A SOBREVIVIR”.

Aprovechando la invitación que su tío le hizo desde Nueva York, Javier abandonó su venido a menos estudio de fotografía de Palermo para probar suerte en Manhattan. “No fue fácil. Me fui sin nada, con la guita retenida en el banco y una tarjeta de crédito inservible para operar mis depósitos en el exterior. La pasé bastante mal, y si me preguntás si lo volvería a hacer, te diría que no”, confiesa Javier, que trabajó como empleado en una iglesia, como obrero, cargando y descargando contenedores en el puerto y enseñando fútbol en una escuela. Finalmente, consiguió trabajar en lo suyo, como retocador en Coloret, una importante empresa de retoque fotográfico.“El día que fui a llevar mi currículum fue mi día de suerte, porque coincidí en el ascensor con uno de los presidentes de la empresa al que le caí bien y me dio la oportunidad de mostrarle personalmente mis trabajos hechos en Buenos Aires”, relata entusiasmado. Hoy Javier tiene su propio estudio, en el sur de Manhattan, incluyendo cinco empleados. “Puedo decir que me va bien. De hecho abrí un estudio también en Buenos Aires adonde vuelvo cada tres meses para ver a mi hijo, Mateo, de 10 años”. A los ojos de Javier, los norteamericanos tienen “un verdadero susto” con respecto a su crisis. “Muchos conocidos me llamaron para preguntarme qué hacer. De repente ellos se sienten inmersos en esa historia surrealista que pasó en Buenos Aires. La gente que me vino a consultar no puede creer cómo es que llegué acá y me recuperé. Están alarmados, pero a todos les explico que su crisis no es tan terrible en comparación a lo que vivimos nosotros. Y, en todo caso, les digo que el secreto es aprender a sobrevivir, como sea”, resume sus enseñanzas sobre el gen de supervivencia a las crisis de los argentinos.“El ejercicio y tu capacidad para hacer las cosas más rápido y mejor es algo que se aprende y es lo que te enseña a ser quien sos. No lo veo como un don sino como una capacidad que, en este caso, tiene que ver con haber vivido en un país tan neurótico como Argentina, donde un día podés ser rico y otro pobre, y otra vez rico. Para ellos es algo duro de entender, pero me parece que ahora lo están empezando a hacer”.

VANINA SUREL (38): “ACA TE EMPUJAN A ENDEUDARTE”.
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Al principio los americanos dijeron que la crisis se arreglaba en un par de años, pero ahora dicen que van a pasar cinco. Están pesimistas y en la calle se los ve aterrados”, reflexiona Vanina Surel, una argentina que vive desde hace ocho años en Biscayne Park, Miami, junto a su marido Gonzalo –arquitecto– y sus hijos Valentín (3) y Lola (1).“Nosotros hace tiempo que venimos ajustándonos. Está en nuestra naturaleza familiar no derrochar y vivir en economía de guerra constante. Yo siempre digo que recuerdo a mis abuelos inmigrantes que llegaron a la Argentina a pelearla. Ahora acá yo hago lo mismo: los imito en una tierra que me es ajena, y mal no me va. Pero en nuestro barrio es notable cómo hay gente que no puede creer lo que les está pasando. Muchos han puesto en venta la casa porque no pueden seguir manteniéndola”, afirma Vanina que en 2001 fue víctima del corralito. Primero en Nueva York y después en Miami, consiguió hacerse un lugar como artista plástica. “Al principio no fue fácil, pero desde hace dos años pude insertarme en el mercado de arte contemporáneo y participar de galerías y comunidades de artistas”, relata. Con la ayuda de una beca otorgada por el estado norteamericano, pudo abrir su estudio en la popular calle peatonal Lincoln Road, desde donde capta la atención de los turistas. “A mis cuadros los compran muchos italianos, franceses y canadienses. Desde hace tiempo que con el euro más fuerte que el dólar los turistas compran mucho más”, detalla Vanina, y explica su visión sobre el karma de los estadounidenses con los créditos. “Apenas llegamos nos dimos cuenta de que acá todo el mundo estaba agarrado de los créditos; para la casa, para el auto… Acá te dicen que siempre se puede comprar y te empujan a endeudarte. A mí me llegan todo el tiempo tarjetas de crédito y planes de crédito, pero no he tomado ninguno porque son un peligro”. Hoy Vanina colabora con una fundación que asiste a mujeres que viven en la calle, y resalta el despertar solidario entre los norteamericanos. “A mí siempre me gustó ayudar, pero lo que me llama la atención es que hay cada vez más instituciones que trabajan para ayudar a la gente de la calle. Miami ya no es la ciudad glamorosa que era antes”.



ESAS SON ALGUNAS HISTORIAS QUE ENCONTRE PERO NO LES HAGAN MUCHO CASO. LOS ARGENTINOS QUE DE LA NOTA TIENEN UNOS TRABAJOS DE MIERDA Y POR ESO NO LES VA TAN BIEN. SI TU TRABAJO ES UNA MIERDA TE VA A IR FLOJO EN CUALQUIER PARTE, ACA, EN EEUU O EN CUALQUIER OTRO LADO.
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