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Conseguir followers en Instagram [No Funciona]



Abriste tu cuenta de Instagram hace un par de meses y tu contador de followers sigue por debajo de las tres cifras. Has añadido a todos tus contactos de Facebook, te has dejado ver en decenas de cuentas de conocidos y amigos de amigos de conocidos, has colgado fotos que son increibles, o eso te parecía cuando la hiciste expresamente, confiando que esa instantánea te llevaría al estrellato, y ni tan siquiera así has superado los 100 seguidores.

Ves con cierta preocupación cómo linces de tu entorno, anónima y sin aparente interés por las redes sociales, triplica tu número de seguidores. Estás jodido. ¿Por qué ellos sí y yo no?, te preguntas una y otra vez. Y un buen día, estoy seguro que un domingo por la tarde, tumbado en el sofá después de haber visitado centenares de perfiles y de haber hecho unos cuantos likes aleatorios, das el paso: te diriges a Google y en el buscador escribes las palabras mágicas: "Cómo conseguir followers en Instagram".

Bienvenidos al tenebroso mundo de los tutoriales de Internet, nido de vendedores de humo que prometen el oro y el moro, en este caso miles de seguidores inmediatos, y nunca te devuelven el dinero o el tiempo invertido si no obtienes los resultados deseados. Son los manuales de autoayuda 2.0, asideros digitales a los que nos agarramos en momentos de crisis, teléfonos de la esperanza virtuales para sobrellevar mejor los episodios de desesperación. Y eso hemos hecho. Hemos querido comprobar en primera persona qué hay de verdad y qué hay de mito en estos 'consejos infalibles' que circulan en incontables páginas web, hasta qué punto es asequible jugar sucio en las redes sociales. Partimos de cero, con un perfil nuevo y sin enlazarlo con ninguna otra red social que nos facilitara amigos inmediatos, y con un plazo y un objetivo fijados: conseguir el mayor número de followers en 24 horas. Esto es lo que nos encontramos.



EL PERFIL



Todos los tutoriales que he revisado y estudiado coinciden a la hora de pautar el tipo de perfil que debes crearte si quieres seguidores. Mejor si es sobre un tema en concreto, mejor aún si es un tema de recurrente interés; ideal si te especializas en algo, porque así generas fidelidad entre la gente interesada, y que ese algo traspase fronteras. Ok, lo pillo. Tema que gusta a todo el mundo, del que dispongo abundante material gráfico, de alcance internacional y que puede atraer a la gente de forma continuada: Japón. Japón suena bien, ¿no? Joder, ¿a quién no le gusta Japón? Si este verano habéis ido todos a la vez, parecía que os regalaran los billetes.

Además, puedo tocar todos los palos posibles que más triunfan en la plataforma. Los tutoriales han insistido una y otra vez en que las fotos de paisajes, de comida, de cielos y de gente exótica son recursos infalibles. Tengo fotos de mi último viaje al país como para llenar diez perfiles de Instagram, así que ya lo tenemos. Se llamará japanvice. Sí, ¿no?

Leo que la foto de perfil también es importante, que dice mucho de quién eres y que servirá para atraer de inmediato a los nuevos seguidores. Elijo una postal bucólica, el famoso puente de Nikko, para poner las cartas sobre la mesa. Podría haber pillado la foto de alguna mujer atractiva y jugar sucio desde el minuto uno, pero no se trata de conseguir seguidores a toda costa, sino de conseguirlos siguiendo los consejos y recomendaciones de Internet.



0/0/0

Empieza el juego. 0/0/0. Ni el tato. Hay que sacar desde el centro del campo. Sigo las instrucciones: "Empieza dándole 'Me gusta' a algunas fotos". Venga, 100 likes del tirón, sin tan siquiera saber a qué le hago like. Me tiro 10 minutos de reloj dándole al corazoncito rojo. Ni un puto seguidor aún. Otros 50 más. Nada.



Plan B. "Empieza a comentar las fotos". Hum, raro. Pero si lo dicen aquí será por algo. Comentarios aleatorios: "This pic is amazing", emoticonos de aprobación, "Beautiful shot!". Voy soltando comentarios aquí y allá, mintiendo como un bellaco, interesándome por fotos y perfiles que me la traen al pairo. La cara de imbécil que se te queda comentando a diestro y siniestro sin que llegue un seguidor nuevo es antológica. La soledad del siglo XXI era esto.

Una variante muy frecuente en estos tutoriales es la que te invita a hacer comentarios, pero de calado más personal y con alguna pregunta que obligue a contestar al usuario. Risas en casa: sé perfectamente que eso no es garantía de nada. No es garantía ni de que te contesten, imagínate de que te sigan. Lo pruebo: "Where is that?" o el clásico "What kind of filter do you use?". No descarto que la táctica funcione cuando llevas unos cuantos seguidores y tienes un perfil ya consolidado; cuando tu marcador es el triple cero entiendo perfectamente que nadie diga nada.



PONE UN HASHTAG EN TU VIDA

Las primeras pruebas han sido un fracaso estrepitoso. Estoy más solo que la una. No he avanzado nada, así que paso a una táctica más ofensiva. Cuelgo mi primera foto: algo bonito, de impacto inmediato, una postalita tópica y representativa: el templo dorado de Kioto. Me aconsejan varias cosas al colgar una imagen: no abuses de los filtros, pero retócalas para que parezcan más bonitas. Hago caso. Un filtro suavecito, encuadre digno y alineación ad hoc. Posteando que es gerundio.

Cuando se trata de postear todos los tutoriales coinciden: utiliza los hashtags para hacerte visible y que usuarios interesados en los temas de tus etiquetas vean tus fotos. Y aquí viene lo mejor: descárgate la app TagsForLikes, que te genera un listado automático de hashtags temáticos que facilitarán la tarea. Obedezco. Y funciona: el listado interminable de etiquetas atrae a los primeros clientes. Bueno, al primero. Y encima es una cuenta de spam, de las que venden paquetes de seguidores. Desesperante.



En dos horas de travesía solo ha venido un seguidor y es un bot. Como tener un amigo invisible a los seis años. Eso sí: caen los primeros likes. Es triste pedir pero más triste es robar, así que pongo otra tanda de hashtags, estos más específicos, a ver si suena la flauta. Más de 40 Me gusta en la primera foto no está del todo mal. Y ojo: el primer comment en mi primera foto. "Cool!". Sospechoso. Quizás se trata de un tipo como yo, más solo que Tristón, en busca de followers. El cazador cazado. Lo que se conoce como probar la propia medicina. No contesto ni agradezco, y me siento miserable: hace una hora estaba mendigando respuestas para ganar amigos y ahora soy yo, con un único amigo, además un amigo de spam, el que con aires de suficiencia ni tan siquiera respondo al comentario de esa alma caritativa.



LA LEY DEL FOLLOW-UNFOLLOW

Sigo con 1 seguidor, tetes. Calma. Ya llegarán. Habrá que poner toda la carne en el asador, me digo a mí mismo. Me dirijo a YouTube, en busca de tutoriales alternativos. Y ahí descubro una fórmula "infalible" que te invita a teorizar sobre el fin del mundo y la merecida extinción de la humanidad: un tipo nos aconseja seguir y dejar de seguir a grandes celebridades de Instagram.

Me explico: vas al perfil de Katy Perry, le das a follow y un segundo después le das a unfollow. Así varias veces. El tipo asegura que es la forma más eficaz de ganar seguidores inmediatamente. Lo pruebo. Justin Bieber. Ahora te sigo, ahora no. Ahora sí, ahora no. Follow, unfollow.



Vuelvo a sentirme idiota, como cuando se te colgaba el PC y recurrías a rituales absurdos para que reaccionara. Lo pruebo diez veces y aparecen dos nuevos seguidores. Cara de pasmo y absoluta incomprensión. A pesar de la sorpresa y la excitación con la que recibo la noticia de esos dos nuevos followers, el efecto mágico parece haberse diluido. Katy Perry, Lady Gaga, Drake o Miley Cirus pasan por la piedra, pero no consigo atraer a más perdedores del planeta Instagram. Como la paciencia tiene un límite, y la sensación de imbecilidad plena también, aparco esta modalidad en busca de nuevos retos.



AMIGOS POR AMIGOS

Llevo ya cuatro fotos posteadas. Las dos primeras han funcionado relativamente bien; la tercera, del bosque de bambú de Arashiyama, muy bien; y la cuarta, típica postal de un japonés durmiendo en el metro, podemos catalogarla como un bajón considerable.

Estamos con 5 followers, 3 de los cuales tienen toda la pinta de ser bots. Necesito un revulsivo. He notado que en todos los tutoriales se invita a hacer follows masivos, aunque se dice con la boca pequeña, como si esta fuera una de las últimas opciones antes de arrojar la toalla. Como cuando echabas mano de las guías completas para acabar un videojuego con el que te habías estancado.

Cuenta la leyenda que si sigues a alguien es probable que este te siga a ti, quién sabe si se trata de alguna extraña política de decoro social en la que te sientes obligado a contestar a un follow de la misma manera. Yo no quería, pero me han obligado las circunstancias. Elijo a unos cuantos perfiles conocidos, me meto en su lista de seguidos y empiezo a seguir de forma aleatoria a decenas de personas.

Ni tan siquiera sé de qué van sus perfiles ni me importa: solo quiero que me quieran. Y maldita sea, funciona. Recibo más follows en cinco minutos que en toda una mañana. 12 amigos en un lapso de tiempo bastante razonable. Subidón. El problema es que yo ya estoy siguiendo a más de 500. Y claro, la cosa huele a chamusquina: 4/12/505. Números algo desiguales. Y se me va acabando el tiempo, por desgracia.

Ok, vosotros lo habéis querido: foto de comida al canto. Uno es ambicioso y pretendía ganar followers sin bajar a las cloacas del recurso fácil y la trampa burda. Pero no queda otra: una buena imagen de un ramen, que además actualmente es garantía de éxito, y un tochaco de hashtags relacionados con comida como medida desesperada. Esta es mi última mano, que sea lo que Dios quiera. Teniendo en cuenta que en IG hay más foodies por metro cuadrado que restos de cocaína en los lavabos del FIB, parece una buena idea.

Llegan nuevos seguidores, pero menos "Me gusta" de los que esperaba. Estamos en casi 25 followers. Decente, pero lejos de las expectativas creadas por estos mismos tutoriales.



EL PRIME TIME

La cosa está así: 7/29/632. Apenas dos horas para el cierre del experimento. Mala pinta. Última prueba: confiarlo todo al prime time. Dicen los expertos, o sea, esta recopilación de iluminados que te han garantizado centenares de seguidores en apenas unas horas, que la hora de posteo también es importante. Que no es lo mismo colgar una foto a las 3 de la madrugada que hacerlo a las 22 h. Tiene su lógica. Foto a las 10 de la mañana, buena hora para el horario europeo y para el horario asiático. Sacrificamos el horario americano, pero también podremos rascar algo entre los que se acuestan tarde. Y nueva tacada de random follows.

Decenas de hashtags y comentarios al tuntún. Todo de golpe, descargando bombas racimo a la busca y captura de nuevos clientes con los que redondear el experimento y ver hasta dónde podemos llegar. Suena la alarma. Game over. Manos arriba, móvil apagado. 9 fotos. 43 seguidores. 792 seguidos. Un día entero dedicado a ello. Ni rastro de las hordas de followers prometidos. Ni rastro de los milagros augurados.

 El timo de la estampita, como ya nos imaginábamos, y la sensación de que todo esto, además, acaba con un mensajito algo new age:
Los amigos, mucho me temo, hay que ganárselos.
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