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Consejos a un guitarrista que empieza...

Consejos a un joven guitarrista (o a un guitarrista que apenas empieza, aunque no sea muy joven)
Urdibelius


1. Tengo 45 años. Empecé a tocar como a los 16, lo dejé a los 20, lo retomé a los 35. Y aquí estoy ahora.

Empecé como creo que lo hacen muchos: con una pésima guitarra y sin tener la menor idea de cómo o por dónde o de qué manera, apoyándome en los métodos de guitarra que todos conocemos, que te prometen ayudarte a tocar canciones de los Beatles en menos de quince días. Cómo no.

Y bien, con el paso del tiempo me convertí en instructor de guitarra por razones que por el momento no tiene caso comentar (yo, que soy un simple aprendiz). Mis experiencias han sido, hasta el momento, amargas. Dos años después, ninguno de mis alumnos ha pasado de los primeros ejercicios.

2. Te parecerá una estupidez, pero lo primero que se necesita para aprender a tocar la guitarra es admitir que no sabes hacerlo. A mi casa o al Taller llegan cuates, fulanos, aprendices, que a duras penas saben agarrar la guitarra y ya quieren tocar Europa. No es que la rola sea la gran cosa (personalmente, te diré que me caga Santana), pero a los dos meses de haber comenzado es imposible ejecutarla de manera más o menos decente, menos en una guitarra acústica que no te deja tocar más allá del traste 12. Que no jodan. Tener la tablatura y saber dónde se ponen los dedos no es suficiente. Nunca en la vida. La digitación y las técnicas de la eléctrica son fundamentales para ejecutar un bending limpio y preciso, por ejemplo.

Mi amigo Carabina llegó diciéndome que le faltaba únicamente una parte del solo final, pero que tenía dominada la rola (Europa, de Santana y Tom Coster). Cuando le pedí que la tocara para escucharlo tuve que hacer un esfuerzo de la imaginación para encontrar en sus balbuceos algo semejante al riff inicial de la rola, pero nada más. Su maestro lo engañó. No sólo lo despojó de su lana, sino que le mintió al decirle que iba bien.

¿Pero sabes qué es lo más triste? Que Carabina nunca pudo reconocer que no sabe. Y así no es posible aprender guitarra, ni a manejar un automóvil, ni cualquier otra cosa. Al aprendizaje debes entrar con espíritu abierto y con humildad. Date una vuelta por una tienda de guitarras y observa nomás a quienes andan por allí probando: Todo mundo trata de impresionar a los fulanos que lo rodean, carajo. Ni atención le ponen a las características del instrumento, todo por tratar de apantallar a las nenas con las primeras notas (mal ejecutadas, por cierto) de Stairway to Heaven. No. Sé humilde y admite que no sabes. Ese es el verdadero punto de partida. El principio de la sabiduría.

3. Haz caso de las indicaciones. Si tu maestro te dice que tal nota se ejecuta así o asá, sigue sus instrucciones. No te pongas necio tratando de hacer las cosas a tu manera. No eres Richie Blackmore. Si te dice que es con el meñique, utiliza el meñique, si te recomienda ejercicios, ejecútalos y practica de acuerdo con sus instrucciones. No inventes y ahórrate meses de esfuerzo y rodeos. Mientras estés aprendiendo deberás seguir el camino que te indiquen. No hay más. Te lo dice alguien que aprendió de manera autodidacta, lo cual no le recomiendo a nadie.

Tampoco te enojes cuando te corrijan, ni pienses que tu maestro está tratando de humillarte o algo parecido. Nada de eso.

Algo que me desespera y casi me orilla a dejar la enseñanza es la necedad de mis alumnos, carajo. Si vas a practicar como tú crees que es correcto practica en tu casa, sin maestro, y choca una y otra vez con el mismo escollo, como la mosca que se estrella metódicamente contra el cristal, la muy tonta. Pero no pierdas tu tiempo ni hagas a tu maestro perder el suyo. No te pongas en plan perro. Con el paso del tiempo (y la disciplina necesaria) serás un buen guitarrista, y comprenderás los beneficios de acatar las instrucciones.

4. Practica. De nada sirven los mejores ejercicios si no los llevas a la práctica. Estudia tus lecciones y haz un esfuerzo por asimilar los principios que te enseñe tu maestro. Es patético recibir a un cuate que tuvo una semana completa para repasar un ejercicio y que a la hora que se lo pides lo ejecute exactamente igual que cuando se lo pusiste por primera vez.

Deja el Nintendo, la televisión, la hueva y ponle ganas. Stevie Vai dijo alguna vez que había llegado a ser tan bueno porque nunca descansó de tocar la guitarra. Hasta las llamadas telefónicas eran para él una distracción. Por ejemplo, durante la gira de los G3, practicaba durante tres, sí, tres horas. Y dime: ¿qué necesidad podría tener Stevie Vai de practicar 3 horas? La necesidad de seguir siendo el guitarrista excelso que ya es.

Nadie se vuelve maestro de nada tirando la hueva. Y esto aplica para casi cualquier disciplina que se te ocurra. Lennon dijo alguna vez que de adolescente ensayó con la guitarra que le compró la tía Mimí hasta que le sangraron los dedos. ¿A ti te han sangrado los dedos alguna vez? ¿Has practicado hasta que te salen ampollas?

Ese es parte del secreto, aunque todo depende de tus metas. Si quieres ser un tipo que toca por placer, ensaya con constancia pero no te sientas culpable si algún día no puedes hacerlo. Si realmente deseas ser un músico regular debes estudiar diario y practicar por lo menos las tres horas de Stevie Vai.

5. Sé humilde. Aprende de todos, hasta del músico que tú consideres más limitado y chambón. Mira a los tipos que tocan en los camiones, aprende de ellos. Observa y analiza. Pregúntate constantemente por qué hace esto o aquello, por qué este acorde o el otro suenan de esta u otra manera. No menosprecies a nadie: de donde menos lo esperas puede surgir una lección importante.

Eric Clapton fue muy claro al respecto: “Nunca me llamen Dios, mientras viva Jeff Beck”. Este es el punto clave. Admite que hay otros más cabrones, y no dudes en acercarte a ellos para pedirles que te orienten. Es más, no te les despegues, y cada que tengas oportunidad extrae una enseñanza. Hace muuuuuchos años tuve oportunidad de estar de mirón en un ensayo con Betsy Pecannins y el Real de Catorce. En esa ocasión tocó con ellos un guitarrista, Dwight Carroll, quien incluso habría de participar en el disco de Betsy con un par de bellas composiciones. Wow. Era un tipazo Dwight, y un guitarrista de primera línea. Observar de cerca su técnica fue una de las mejores cosas que me ocurrieron ese año.

6. Apréndete piezas completas. Muchas veces la gente prefiere escuchar una sola canción, bien ejecutada, que quince o veinte pedazos de rola. Aprende y ejecuta con cierta decencia todo el cuerpo de la canción. No seas como esos jugadores de ajedrez, que juegan muy bien las aperturas y pierden porque nunca ensayaron los finales y les da hueva hacerlo.

7. Escucha música. De toda, incluso la que te fastidie. Pregúntate por qué te fastidia. Pero cuando la escuches analiza también cómo está construida una canción, qué partes la integran, cómo se relacionan las partes entre ellas, por qué se estructuró así y no de otra manera. Analiza la instrumentación, los matices, la intensidad de cada porción. Trata de escuchar de manera consciente los patrones rítmicos, los rasgueos de las guitarras, los acentos de la melodía, los silencios. Percibe el ritmo, no sólo con el intelecto sino con todo el cuerpo.

Escucha mucho y esfuérzate todos los días por ampliar tu cultura musical. No llegues al taller de guitarra sin tener una idea clara de lo que deseas conseguir como guitarrista. Conozco cuates que no saben siquiera qué clase de música les gusta, y lo mismo intentan un bolero de Los Panchos que una rola de Los Enanitos Verdes. Y la experiencia ha demostrado que cuando le preguntas a un tío qué clase de música le gusta y te contesta que de toda, en realidad no le gusta nada. Lo cierto es que si una rola no te estremece es porque esa rola no era para ti. Así de sencillo.

El escuchar con atención requiere un esfuerzo consciente. Acostumbrados como estamos a aprender con la televisión, casi no tenemos ya la disciplina de escuchar. Necesitamos imágenes, pero desgraciadamente la música no se puede aprender por medios visuales. Debes ejercitar el oído. Cierra los ojos y no dejes que nada te distraiga. Pon tu canción favorita y sigue al bajo. Escucha sus patrones rítmicos, la cadena de notas. Cambia luego a la guitarra. No te distraigas por nada. Aprende. Sé receptivo.

No es todo, pero es de lo más importante.

¡Stoned!
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