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Consejos para ser un buen repartidor de Pizza




El trabajo de repartidor de pizzas es generalmente menospreciado y desvalorizado, y al trabajador de este rubro no se lo ve como un triunfador de la vida, tal vez porque, en la mayoría de los casos, no lo es. Pero eso no es lo que nos compete en este artículo, dónde voy dar una serie de consejos, pasos y recomendaciones para quien esté interesado en ser repartidor o recién se haya iniciado en la labor, muy recomendable para aquellos que estudien, tengan otras ocupaciones o simplemente no sean fanáticos del trabajo, ya que la carga horaria habitualmente no supera las 5 horas.


Los elementos necesarios no son demasiados:
• Bicicleta, ciclomotor o moto (preferentemente la última).
• Caja hermética, generalmente es prestada por los empleadores.
• En el caso de ser una moto, nafta en la misma.
• Carné de conducir (si es original y está actualizado, mejor).
• Seguro contra terceros con su cuota al día y demás papeles.
• Casco.
• En época invernal: ¡mucho abrigo!
A continuación detallo, sin orden de importancia, todo tipo de consejos, datos y restricciones que van a hacer de vos el mejor repartidor de pizzas de la zona:
Hablemos del vehículo. Voy a describir brevemente cómo es trabajar con cada uno de éstos medios, me considero apto, ya que incursioné en los tres mencionados anteriormente.
Bicicleta: El vehículo menos recomendable. Sin embargo tiene algunas ventajas: Económicas, ya que en proporción una bicicleta es inmensamente más barata (tanto en la compra como en el mantenimiento) que una moto y además es de tracción a sangre, lo que nos permite ahorrar mucho dinero en combustible. Físicas-saludables, ya que hacer ejercicio siempre es bueno, sobre todo si no sos muy adicto a la actividad física, acá la vas a tener que hacer por la fuerza al andar varios kilómetros de un lado para el otro, tu mamá y tu médico que ya no sabían que hacer para sacarte del sillón, se van a poner contentos.
Por último es muy buena la bicicleta, y casi tu única opción, si sos menor de 18 años y, legalmente, no podés manejar una moto.
Desventajas: Lo que no gastás en nafta lo vas a gastar en ibuprofeno, diclofenac y todo tipo de analgésicos y antinflamatorios para tus piernas constantemente acalambradas y articulaciones a la miseria, sin mencionar la incomodidad al sentarse. También hay que tener en cuenta que la bonificación económica no es tal, ya que si repartís en bicicleta, vas a cobrar menos, por obvias razones de velocidad (podés probar vos mismo, intentá ganarle una carrera, vos en tu bici, a un amigo en moto…).
Ciclomotor (Zannella, Garelli, etc.): No está mal para repartir, pero podría ser mejor. Lo bueno es que si tenés que comprar el vehículo, el ciclomotor es más económico. Lo malo es la baja velocidad que alcanza y por esto mismo, es más difícil conseguir trabajo como repartidor.
Moto: La más recomendable. Entre las más comunes se encuentras la Honda Wave, Yamaha Cripton, Econo Power y demás motos del mismo estilo, que van desde 110 c.c. a 150 c.c. No son de gran tamaño, son muy cómodas y sus velocidades son relativamente rápidas. Son quizás algo más difíciles de manejar, ya que tienen cambios y algunas embrague, pero cualquier persona que tenga la mínima coordinación de pies y manos, que pueda comer chicle y subir las escaleras, aprenderá rápidamente. Su costo varía, y son de fácil mantenimiento. Como se trata del vehículo más óptimo, a partir de ahora los consejos se basan, más que nada, sobre el trabajo con moto.
Ya se dijo lo suficiente sobre los vehículos, es el momento de hablar del lugar de trabajo.
Un cadete repartidor de pizzas no es sólo lo que su nombre dice, puede repartir también desde empanadas y milanesas hasta gaseosas y bebidas alcohólicas. Pero lo que está bien dicho es la palabra “cadete” o “repartidor”. Su lugar de trabajo es la calle, y cuando esté esperando por un pedido lo mejor es hacerlo sentado afuera del negocio o, a lo sumo, en un rincón del mismo. Generalmente no está permitido que el cadete esté en el lugar de trabajo de los cocineros, que husmee la mercadería, que coma aceitunas, palmitos, o que robe un pedacito de milanesa o alguna papa frita que rebalsó de la caja. Aun si el cocinero, encargado o dueño lo permite, es recomendable abstenerse de hacerlo, a los clientes no les agradará que un repartidor, sin la habilitación sanitaria correspondiente, meta sus narices en lo que luego pasará por sus bocas.
En cuanto a la cena o el almuerzo, la política de los empleadores varía, algunos dan de comer a determinado horario a sus empleados, otros dejan hacerlo en cualquier momento, y otros prohíben estrictamente al personal probar un sólo bocado de lo que allí se elabora. Si tu caso es el último, es altamente recomendable que vayas al trabajo con el estómago lleno, porque, cuando uno está pasando hambre, no controla sus impulsos y cualquier pedazo de morrón que llegue “inesperadamente” a sus manos, se ve como el mejor manjar. El hambre del repartidor también deriva en constantes quejas de los clientes, quienes llaman por teléfono con reclamos como: “Me cobraron seis empanadas y a mi casa llegaron cuatro” o “¿por que el folleto dice 8 porciones si trae 7?” y hasta “¡dígale a su cadete que deje de afanarme los carlitos, cada vez vienen menos!”… En ese momento el dueño o encargado va a comenzar a sospechar…
Por último siempre está bien visto que el empleado esté presentable, correctamente sentado, sea respetuoso y que vaya medianamente bañado y peinado. Da una buena imagen de usted como trabajador.
Ya sabemos todo en cuanto al local donde trabajamos y cómo comportarnos, ahora vayamos adónde está la enjundia, para lo que realmente nos contrataron, a nuestro ambiente: La calle.
Ya tenemos nuestro pedido en nuestras manos, cuidadosamente salimos del local y depositamos todo en nuestra caja hermética, nos ponemos el casco y arrancamos. Lo primero a tener en cuenta, es no salir como un corredor de fórmula uno, tengamos en cuenta que estamos arriba de una vereda y no es de lo mejor que puede pasar arrollar a un niño o una mascota, en el mejor de los casos. También hay que verificar bien la dirección, suele pasar que uno sale disparado como un rayo, se dice a si mismo: “¡Van a ver que repartidor que soy!”, y al ponerse a pensar, se da cuenta que hizo diez cuadras y está yendo hacia el lado contrario.
Y ya que entramos en el tema de las direcciones y calles, una aclaración: es indispensable saber al menos las calles más importantes del radio de entrega. Con este conocimiento mínimo, poco a poco, vas a ver como aprendés todas las calles, cortadas, pasajes, casas, edificios y hasta la cara de cada cliente, y de ahí, al saber cuantas hijas tiene, edades y estado civil cada una, hay sólo un paso.
Clientes. Es bueno tener una relación cordial y hasta amistosa con los clientes. Esto hará que se quejen menos en el caso de que la pizza especial que le entregamos se parezca más a una obra de arte impresionista que a algo que se pueda comer. En este punto no exagero, a veces el cadete se esmera más en la velocidad de entrega que en lo que realmente entrega. Es bueno hacer un equilibrio. Un cadete responsable no pasa por un bache a 100 Km. por hora o salta un lomo de burro haciendo “willy”. Hay que tener en cuenta que dentro de la caja llevamos un alimento, el cual debe llegar en condiciones medianamente presentables. Entonces entre velocidad y presentación, es cuando se ve la madera de un buen cadete. Además el equilibrio del cadete y la amistad del cliente se ven reflejadas después en las propinas…
PROPINAS. Sí, así con mayúsculas. Uno de los puntos más importantes, sino el más importante en la vida de un cadete. Más que punto es un karma. La propina ocupa en el conjunto de sentimientos de un cadete algo así como el que Dios ocupa en los de un ultra católico. Pero hay que controlarse. No podemos escupirle la cara a aquel que no nos dios los treinta centavos de vuelto o el que juntó moneda a moneda para darnos los $46,35 que salían las pizzas y no puso ni una más ni una menos, mientras vemos la casa de tres pisos que tiene, el Mercedes, el Audi y su saco que debe ser muy costoso porque ni conocemos la marca. Pero el cliente siempre tiene la razón. Lo mejor es relajarse, poner la mejor sonrisa y salir del lugar, cuando estemos a unos metros, es el momento de insultarlo, maldecirlo, desear que la pizza le provoque vómitos, y cosas de esa índole. Sí, no te asustes, es lo que pasa cuando uno coloca propiedades metafísicas en la propina.
Entonces para redondear el tema Propina, es importante conocer a los clientes. Nunca esperes mucho del de casa ostentosa y del propietario de varios autos. La señora que cobra $800 pesos de jubilación y su lujo es comprarse media pizza de muzzarella una vez al mes, te va a dar la propina (que si tenés algo de sentido común vas a rechazar). También es efectivo poner la mejor cara de “hace días que no como” o la típica “pobre de mí”.
Ahora la vuelta, la última parte antes de poder decir “cumplí mi trabajo”.
Es tan importante como respirar tener una billetera, riñonera, mochila o al menos un bolsillo seguro. Olvidate del joggins con bolsillos flojos y, en verano, del pantalón corto con el que jugás al fútbol, ya que no es recomendable traer la plata entre los dientes (y su sabor no es el mejor). Entonces guardá el dinero en un lugar seguro, y dáselo al cajero apenas llegues al local, no es nada reconfortante perder el billete de $100 con el que te pagaron.
Cosas no recomendables al repartir una pizza:
• Conducir ebrio.
• Conducir con resaca.
• Conducir luego de un fin de semana sin haber dormido.
• Juntar las aceitunas que se cayeron al piso con las manos y acomodarlas nuevamente en la caja como si nada.
• Robar papas fritas de la fuente mientras manejamos (es fácil porque el paquete de las papas fritas tiene un pequeño agujero para que no se humedezcan… ¡pero no se roban!)
• Cobrar más de lo especificado en el pedido.
• Si no te atienden, dejar la pizza al vecino para que éste se la de… volvé más tarde, son los esfuerzos que tiene que hacer un buen cadete.
• Transmitir con la cara las frustraciones de tu día al cliente.
• Entregar el pedido con las manos llenas de grasa después de haber renegado con el caño de escape flojo.
• Cometer demasiadas faltas contra las reglas de tránsito. Sobre este punto nos vamos a extender un poco:
Si bien atentar contra algunas reglas es en ocasiones imprescindible (como puede ser andar media cuadrita en la vereda, hacer una cuadra en contramano, sacarse un rato el casco porque pica mucho la cabeza, y todo tipo de faltas “leves”), es mejor que no abuses de ello, no cruces avenida Avenida Pellegrini en rojo a 90 km. por hora, no vayas sin luces y no esperes que el semáforo se ponga en verde a mitad del cruce de calles, es lo mismo que haber cruzado en rojo, si vas a hacer una infracción, de última, hacela bien y cruzá en rojo de una…
Ya está, ya entregaste tu pedido, lo hiciste bien durante toda la noche, espiaste la hija del cliente y hasta hiciste algunos mangos de propina… Todo, gracias a algunos modestos consejos que ayudaron hacer tu trabajo más sencillo y hasta agradable. Ahora cada vez que te pregunten de qué trabajás vas a contestar con el mentón alto, la voz firme y cierto brillo en los ojos: “Soy Repartidor de Pizzas”.


Por Jeremías Walter
Este texto pertenece al trabajo práctico “Algo de lo que sabés hacer”
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