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Costos y ganancias de la revolución cubana



Ante una severa ola de desinformación en esta pagina donde se alaba abiertamente la dictadura del general Fulgencio Batista afirmando que en su época se vivía mil veces mejor que con Fidel Castro y la revolución que lo único que logro fue hundir a Cuba en la miseria, me veo en la necesidad de publicar una información que ustedes podrán encontrar y corroborar dentro de la red sin mayor esfuerzo. Sin ninguna introducción mayor por el momento, los dejo con el siguiente articulo que podrán apreciar por completo en la fuente al pie de este post.

"A partir del 1 de enero de 1959, con la victoria popular sobre una sangrienta tiranía, Cuba debió romper las cadenas del modelo neocolonial imperante hasta entonces y emprender la construcción de una economía basada en la justicia social. El país se hallaba sumido en una crisis financiera provocada por el saqueo del tesoro público, con una economía monoproductora y monoexportadora, basada en el azúcar de caña, y dependiente fundamentalmente de un solo mercado, Estados Unidos. Sin embargo, al cumplirse 50 años del triunfo de la Revolución cubana, algunos historiadores norteamericanos y europeos sostienen lo contrario. Alegan que la economía cubana se encontraba en un período de relativa prosperidad, aunque al menos reconocen que en los últimos años de la dictadura batistiana se produjo un cierto declive. De la situación social prefieren no hablar. Debemos, por tanto, investigar cuál era realmente la situación económica de Cuba en 1958.

El problema del desempleo La población total del país superaba los seis millones de habitantes y la fuerza laboral sumaba dos millones 200 mil personas, según el censo demográfico de 1953. De los cubanos que habían arribado a la edad de trabajar, tenían empleo sólo el 62 por ciento y dos terceras partes de ellos apenas percibían el salario mínimo. El 17 por ciento se catalogaba en el empadronamiento como subempleado y el resto carecía totalmente de ocupación retribuida. Una de las insuficiencias de aquel censo, según apuntaron analistas de la época, radicaba en que las amas de casa se incluían en la lista de personas ocupadas. No obstante, la desigualdad social que reflejaba resultaba alarmante. Este aspecto se pudo apreciar mejor cuando en 1953 fue publicado un estudio sobre la distribución del ingreso, el cual revelaba que las personas ubicadas en el puesto más bajo de la escala recibía menos del uno por ciento y las que se encontraban en el escalón más alto absorbían el 38.8 por ciento. Un dato más irritante aún se evidenciaba al saber que el cinco por ciento de toda la población se adjudicaba el 26.5 por ciento del ingreso. Otra investigación, realizada por el profesor sueco Claes Brundenius, apuntaba que el índice de satisfacción de necesidades básicas (alimentación, vivienda, vestuario, educación y salud) se elevó de 1.7 en el período 1958-1961 a 8.5 en el quinquenio 1971-1975.. Los cubanos más pobres La situación socioeconómica en las áreas rurales de Cuba era más grave que en las ciudades. En 1957, la revista Bohemia originó un gran impacto en todo el país al publicar los resultados de una encuesta efectuada por la Agrupación Católica Universitaria entre dos mil 500 familias de obreros agrícolas cubanos. El 60 por ciento de las viviendas campesinas estaban construidas con tablas de madera, techos de guano (ramas de palma) y tenían pisos de tierra, sin inodoro o letrina sanitaria, ni agua corriente.

Solamente el 11 por ciento de las familias encuestadas tomaba leche, el cuatro por ciento comía carne y dos por ciento consumía huevos, alimentos todos muy extendidos en la producción de las fincas rurales, pero que se destinaban fundamentalmente al mercado porque los ingresos eran muy escasos. La alimentación de los campesinos presentaba un déficit de más de mil calorías diarias. En otro orden, el 43 por ciento era analfabeta y una cifra similar declaró que nunca había podido asistir a la escuela.

Los índices de salud indicaban también signos alarmantes. El 14 por ciento de los obreros agrícolas padecía o había padecido tuberculosis. El 13 por ciento contrajo la fiebre tifoidea y el 36 por ciento estaba detectado con parásitos, sin contar los que no habían pasado el examen médico sobre esta enfermedad. La tierra en pocas manos En los campos de Cuba perduraron hasta mediados del siglo pasado los contratos de aparcería, una práctica instaurada en la Edad Media y que obligaba a entregar gran parte de las cosechas como pago de la renta por trabajar la tierra. Otra gran parte de los campesinos precaristas estaban sometidos a elevadas tasas de arrendamiento, mientras que el régimen de propiedad de la tierra presentaba abismales desigualdades.

El 70 por ciento de las parcelas privadas correspondía a predios menores de 25 hectáreas de extensión, que abarcaban solamente el 10 por ciento del área nacional inscrita como fincas rurales. Sin embargo, el 0.5 por ciento de las propiedades constituían verdaderos latifundios, con más de mil hectáreas cada uno, que poseían el 36 por ciento del territorio ocupado por las fincas particulares.

El economista cubano Oscar Pino Santos, en un estudio publicado en la revista Carteles en marzo de 1958, afirmaba que ''lo que realmente impulsa en Cuba la explotación anticientífica e inadecuada de las tierras e inferioriza progresivamente las condiciones de vida en el campo, es la falta de áreas productivas y bajo adecuado régimen de tenencia en manos de los agricultores que verdaderamente trabajan''. Al analizar el contraste surgido entre los oasis de prosperidad que se observaban en la isla y el panorama nacional de pobreza existente, señalaba: ''que haya aumentado el número de automóviles circulantes en las ciudades, o el de residencias y edificios de apartamentos, o el que se haya introducido la televisión en el país, no quiere decir que el nivel de vida general en éste haya mejorado''.

Vistazo al presente Independientemente del enfoque individual que cada observador haga de los acontecimientos desarrollados en Cuba durante este medio siglo, pueden consultarse también los reportes de organismos económicos internacionales para aclarar cualquier duda que tenga el lector sobre la realidad actual. Por ejemplo, el Informe del Desarrollo Humano 2007-2008, confeccionado por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), coloca a Cuba en el puesto número 51 de un universo de 174 países estudiados en todo el mundo. Atendiendo al lugar que ocupa, la mayor de las Antillas clasifica entre los países de alto desarrollo humano, índice que se compone de los siguientes factores: esperanza de vida, analfabetismo, educación y nivel de vida. La relación del PNUD referente a los estados de América Latina y el Caribe la encabezan Barbados, Argentina, Chile, Uruguay, Costa Rica, Cuba y México. La relación continúa con Brasil, Venezuela, Colombia y Perú. Por su parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) publicó en agosto pasado su informe anual sobre Cuba en el cual señala que el producto interno bruto cubano creció un 7.3% en 2007 y dado el nulo crecimiento demográfico, el PIB por habitante se expandió en la misma proporción ''El sector agrícola, que se había contraído marcadamente en los dos años anteriores a causa de la sequía, se convirtió en el sector de mayor crecimiento en 2007 (18%)'', agrega. ''La situación externa -continúa la CEPAL- se tornó menos favorable que en años anteriores debido al endurecimiento del embargo estadounidense y el alza de precios de los alimentos''. Cuba ha alcanzado también importantes éxitos en la salud, la educación, el deporte, las ciencias, reconocidos por diferentes organismos especializados de Naciones Unidas. La economía, mientras tanto, ha sido el campo escogido por los que no quieren ver los cambios. Aquí está expuesto un sucinto balance de los últimos 50 años, pero existe mucha más documentación que podría ampliar este recuento."
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