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Crueldad animal por la salud femenina



La salud femenina, en las diferentes etapas de vida de una mujer, es también motivo para que los laboratorios y farmacéuticas inviertan grandes cantidades de dinero y recursos para fomentar la investigación en animales. Sea el cáncer de mamas, el embarazo, la menopausia, la osteoporosis, los tratamientos hormonales o las disfunciones sexuales femeninas, todas ellas involucran en la investigación de sus soluciones farmacológicas, altas cuotas de sufrimiento animal. Conejas, ratas hembras, yeguas, primates hembras o vacas, la mayor parte de las veces embarazadas, son sometidas a crueles experimentos para "profundizar" en el conocimiento de estas enfermedades. La pregunta es, una vez más: ¿realmente el fin justifica los medios?

Las enfermedades femeninas y las alteraciones hormonales son cada vez más frecuentes entre las mujeres de hoy. Se calcula que sólo en USA mueren anualmente 50.000 mujeres por cáncer de mamas, mientras que la osteoporosis es una enfermedad en aumento.

primate enjaulado y tatuado con nº idEn este ámbito de la medicina, la experimentación es especialmente cruel porque los animales son inducidos a desarrollar ciertas enfermedades para probar el tratamiento adecuado. De esta manera, ratas y ratones son inoculados con un cáncer mamario que, por motivo de la diferencia de especie, se da de manera muy diferente en humanos que en ratones o ratas. De ahí, que los estudios con animales conducen a errores más veces de las que aciertan: los estudios en las ratas llegaron a la falsa conclusión que los abortos son causa del cáncer mamario. Las investigaciones con perros también llevaron al dato erróneo de que los anticonceptivos causan el cáncer mamario, hasta que la FDA autorizó al uso de anticonceptivos luego de observar que las mujeres europeas no presentaban este problema. Incluso, en observaciones en animales, el embarazo era causa del cáncer de mamas, mientras que en la observación en humanos, el embarazo disminuye las posibilidades de contraerlo . Conejas preñadas torturadas en las ruedas de ejercicio (para demostrar que el ejercicio moderado es bueno para una embarazada y su bebé, una realidad que muchos médicos ya conocen pero que Kathleen O’Hagan sigue experimentando); estudios de la toxicidad de la nicotina para los fetos (hechos en primates preñadas) aún obsesionan a Eliot Spindel; o el sindrome fetal del alcohol, que lleva a David J. Earnest a seguir experimentando con ratas y ratones hembras preñadas.

yegua salvada de granja premarinLamentablemente, los médicos están empecinados en buscar el santo grial de la farmacopea en base a la experimentación con animales. El ejemplo canónico (y uno de los más crueles) fue el protagonizado por el Laboratorio Wyeth el año 2002, que para sus tratamientos hormonales de la menopausia Premarin, Prempro, Premphase y Prempak-C utilizaba estrógenos extraídos de la orina de yeguas preñadas (de hecho, el medicamento toma su nombre de las iniciales PREgnant MARes' urINe). La investigación llevada a cabo por PeTA reveló la crudeza de la "Planta de Premarin", en que yeguas preñadas eran tenidas de pie, en estabularios mínimos que apenas les permitían dar un par de pasos hacia adelante y hacia atrás (no podían echarse ni dar vueltas), durante 6 meses de su preñez (en que sus cuerpos producían más estrógenos). Les colocaban "bolsas de almacenamiento de orina" las 24 horas del día, lo que les producía severas heridas. Además, para hacer la orina más concentrada, les era negado el libre acceso al agua, lo que les producía problemas renales, y más heridas y contusiones a causa de los desesperados intentos que por alcanzar el agua, hacían en los turnos de distribución del líquido. Con las yeguas viviendo este miserable estado de preñez, los potrillos que lograban nacer eran separados de su madre y llevados inmediatamente al matadero (eventualmente, eran muertos en la misma granja) para aprovechar su carne. 

primate manipulado por experimentadorPero ni las ratas, ratones, perros, gatos, conejos, ni siquiera los primates, tienen una constitución similar a la nuestra (a pesar, en el caso de los últimos, de nuestra cercanía genética); ellos no desarrollan por sí mismos el cáncer cérvico-uterino, ni el cáncer de mamas, ni los afecta la menopausia. Y si sienten dolor, y se deprimen confinados en las jaulas de los laboratorios, y extrañan sus relaciones sociales, y son individuos portadores de un valor intrínseco que no puede supeditarse a la ciencia médica, menos cuando métodos modernos de investigación que reemplazan a los animales están siendo constantemente perfeccionados y mejorados (y gozan de creciente reputación en los círculos médicos y académicos). Allí debieran ir los recursos de investigación, no a perpetuar el sufrimiento de los animales enjaulados en los fríos laboratorios del mundo.

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