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Cuando la Guardia Nacional de EEUU mató a tiros 4estudiantes



La represión de las manifestaciones públicas a veces acaba en tragedia. Hoy hay un monumento en la Universidad Estatal de Kent que da fe de ello.


Masacre de Kent State. Premio Pulitzer de Fotografía de 1971 - John Paul Filo

En no pocas ocasiones nos hemos horrorizado con hechos de brutalidad policial, cuando determinados integrantes de las mil veces aludidas fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, que se supone que deben proteger a la ciudadanía, cargan contra ella y se exceden, por ejemplo, a la hora de controlar el desarrollo de protestas y manifestaciones públicas. Y, a veces, la cosa se pone realmente fea, tal como sucedió el 4 de mayo de 1970 en la Universidad Estatal de Kent.

Los días anteriores a masacre de la Kent State


En el contexto de la Guerra Fría, cuando la de Vietnam llevaba catorce años desangrando al país y después de que la indignación se exacerbara tras conocerse la matanza de My Lai, en la que una unidad del ejército estadounidense había violado a mujeres y niñas y asesinado a todos los habitantes de la zona, varios centenares, el presidente Richard Nixon, que se había comprometido a poner fin a la guerra durante la campaña electoral de 1968, comunicó por televisión que Estados Unidos acababa de comenzar a invadir Camboya.

Los campus universitarios de EE.UU. hervían de estudiantes y profesores en contra de la Guerra de Vietnam

Era el 30 de abril de 1970, y con el auge de la oposición a la guerra vietnamita, agravado por los planes de reclutamiento por sorteo, los campus universitarios de todo el país hervían de estudiantes y profesores que estaban en contra de la participación en el conflicto, y el descontento estalló en una serie de protestas de costa a costa que fue calificada por la revista Time como “una huelga estudiantil a lo largo de la nación”. Y la Universidad Estatal de Kent no iba a ser menos: al día siguiente, cientos de estudiantes se aglomeraron en una zona del campus que solía albergar asambleas públicas y manifestaciones y comenzaron a protestar; un grupo de Historia incluso sepultó en una zanja una copia de la Constitución de Estados Unidos para simbolizar que Nixon la había matado.


Monumento a las vícticas de la masacre de la Kent State - abc13.com

A partir de la medianoche de ese 1 de abril, comenzaron los disturbios dentro y fuera del campus, que se extendieron a los días siguientes. Se lanzaron botellas a la policía, que respondió con gases lacrimógenos. Se extendió el rumor de que “unos revolucionarios radicales” habían llegado a la ciudad para destruirla, y Leroy Satrom, el alcalde, pidió al Gobernador de Ohio, James Rhodes, que enviara a la Guardia Nacional, una fuerza de reserva estatal compuesta por voluntarios. El edificio del Cuerpo de Entrenamiento para Oficiales de la Reserva del campus fue incendiado el día 2, les llovieron piedras a los bomberos que trataban de sofocar las llamas y segaron sus mangueras, y hubo detenciones y heridos.

Se extendió el rumor de que “unos revolucionarios radicales” habían llegado a la ciudad de Kent para destruirla

El día 3, Rhodes dio una rueda de prensa en la estación de bomberos de Kent, tachó a los manifestantes de antiamericanos y aseguró que eran más malos que los Camisas Pardas y los comunistas y, en definitiva, “la peor clase de gente que pueda haber en América”. Hubo estudiantes que se unieron a las labores de limpieza posteriores a los disturbios de la jornada anterior, el Alcalde estableció el toque de queda y de nuevo tuvo lugar una manifestación en el campus, dispersada por la Guardia con gases lacrimógenos.

Pero los estudiantes hicieron una sentada en el centro de la ciudad, en la intersección entre las calles Lincoln y Maine, exigiendo reunirse con Satrom y Robert White, el rector de la universidad. A la hora prevista, la Guardia Nacional les forzó a marcharse por el toque de queda, y varios estudiantes resultaron heridos por la hoja de sus bayonetas.

Los disparos en la Kent State



El 4 de mayo se celebró la manifestación que estaba prevista en el campus a mediodía, y unos 2.000 estudiantes se fueron concentrando cerca del edificio Taylor Hall, pese a que trabajadores de la universidad habían tratado de impedirla repartiendo hasta 12.000 folletos que anunciaban que la manifestación había sido cancelada, lo cual, por naturalmente, era falso. Y esta dio comienzo con el tañido de la Campana de la Victoria, utilizada para señalar el momento del triunfo en los partidos de fútbol americano.

Dos de los estudiantes asesinados eran manifestantes; los otros dos, caminaban de una clase a la siguiente cuando les tirotearon

La Guardia Nacional se dispuso a dispersar a la multitud, y un patrullero del campus se acercó a leerles la orden, a la que los manifestantes respondieron lanzando piedras e hirieron a un policía. Tras el segundo intento y la nueva negativa a marcharse, la Guardia echó mano de los gases lacrimógenos, que sirvieron de poco a causa del viento que se había levantado, y los recibieron de vuelta junto con más piedras. A la vista de lo cual, setenta y siete soldados de la Guardia avanzaron hacia los manifestantes desarmados con sus fusiles y pistolas.

Durante el enfrentamiento posterior, se produjo un tiroteo de sólo trece segundos, en el que veintinueve de los soldados dispararon sus armas sobre los estudiantes. Cuatro de ellos cayeron muertos, ocho sufrieron heridas y uno quedó con parálisis permanente. Dos de los fallecidos, Allison Krause y Jeffrey Miller, habían tomado parte en la manifestación, pero los otros dos, Sandra Scheuer y William Knox Schroeder, sólo caminaban de una clase a la siguiente cuando les tirotearon. Schroeder, para rematar la faena, era miembro del Cuerpo de Entrenamiento para Oficiales de la Reserva.


Cartel en la Univeridad de Nueva York - SlidePlayer.com

Un alto cargo de la Guardia Nacional de Ohio declaró absurdamente a la prensa que un francotirador había disparado a los soldados antes del suceso, y muchos de ellos dijeron después que habían temido por sus vidas. El presidente de la comisión de investigación censuró tanto las actuaciones de los manifestantes como la de la Guardia, pero hizo hincapié en que “los disparos de los rifles contra una multitud de estudiantes y las muertes que siguieron fueron innecesarios, injustificados e inexcusables”.

Hoy, unas cuantas obras musicales y literarias y un monumento en el campus recuerdan a estos cuatro universitarios muertos a tiros

Cinco días después de los incidentes, alrededor de 100.000 personas se manifestaron en Washington para protestar contra la guerra y los crímenes de los estudiantes de la Univesidad Estatal de Kent, donde se levantó un monumento en su memoria. Ocho de los soldados de la Guardia Nacional fueron acusados penalmente; se defendieron alegando que habían abierto fuego en defensa propia y, en 1974, retiraron los cargos contra ellos por falta de pruebas. Hoy, obras musicales y literarias recuerdan a los asesinados, y no se olvida lo que se pudo leer luego, cuando las manifestaciones se generalizaron más, en un cartel gigante que colgaba de una ventana en la Universidad de Nueva York: “No podrán matarnos a todos”.


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