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Datos muy Perturbadores que no te cuentan sobre el Pasado


Nuestra principal referencia para entender cómo era la vida en la antigüedad casi siempre viene de la literatura, la fotografía y especialmente del cine. En películas como Gladiador, Braveheart y otras tantas; el pasado parece tan interesante, noble y significativo que incluso dan ganas de volver en el tiempo para pasar algunos días al interior de un castillo medieval con una doncella o caballero. Sin embargo, muchos de los horrores cotidianos de la vida en el pasado simplemente son omitidos. Y hablamos de cosas como…





Ir al baño era un eterno espectáculo de horror.




¿Qué es lo peor que has encontrado en un baño? Supongamos que fue una araña enorme o una rata que salió por el inodoro.

Pues felicidades, ya que no tuviste que soportar los horrores de una tasa romana. Prácticamente eran recipientes de piedra húmedos e incómodos, además de estar repletos por todo tipo de vida que adora el excremento. Y lo peor era que, literalmente, tu trasero podía estallar en llamas durante alguna evacuación, un fenómeno que se producía por las abundantes emanaciones de metano en el lugar.

Se dice que los romanos arrojaban hechizos de magia en las paredes de los baños para mantener a raya a los supuestos demonios que provocaban las llamas. Algunos baños incluso tenían la imagen de Fortuna, la diosa de la suerte.



Ante el más mínimo defecto físico te podían excluir.




¿Padeciste acné en la adolescencia? ¿Quizá alguien de tu familia sufre de psoriasis? De ser así, estás a unos siglos de distancia de haber llevado una vida como un paria deforme.
No importa lo que llegues a ver en Game Of Thrones o Vikingos, lograr que la piel tenga una apariencia saludable es algo que requiere muchos productos y conocimientos modernos. Incluso hoy somos vulnerables a desarrollar abundantes condiciones, manchas y otras cosas desagradables, nuestro consuelo es que podemos tratarlas con cremas, remedios o, de llegar a requerirse, cirugía plástica.

Pero no era así en el pasado. Por ejemplo, en el caso de la psoriasis (una condición que actualmente tiene un tratamiento relativamente simple), podría significar una sentencia de muerte. Las manchas escamosas y gruesas de piel que aparecen con la enfermedad frecuentemente se atribuían de forma errónea a la lepra. Esto automáticamente hacía que la persona fuera aislada del resto de la sociedad, asumiendo que saliera con vida del problema – en la Francia del siglo XIV, por ejemplo, las personas con piel defectuosa podían ser ejecutadas.



Ser desempleado arruinaba tu vida.




Ser un desempleado en malo en cualquier época – el desempleo siempre ha tenido cierto estigma social. Pero unos siglos atrás no tener ningún tipo de habilitad o talento era algo realmente malo.

Por ejemplo, en la Inglaterra del siglo XVI no trabajar era prácticamente equiparable a ser un criminal. Ya que las personas desempleadas muchas veces tenían que vagar de ciudad en ciudad para encontrar trabajo, se les veía como vagabundos. El castigo: ser atadas y azotadas hasta sangrar. En 1547, la ley se alteró de forma que, en lugar de azotes, las personas podían marcarse como ganado y forzadas a trabajar como esclavos. Una belleza.

En el 1600 se aprobaron nuevas leyes que incluso recompensaban la captura de vagabundos. En determinado punto, la recompensa era más o menos igual al valor de una semana de salario para un trabajador no calificado (¿los vagabundos se cazaban entre sí?).

En algunos casos, el gobierno proporcionaba asistencia a los pobres, lo que suena como algo maravilloso hasta que te enteras que, si llegabas a aceptar dicha ayuda, estabas obligado a utilizar un distintivo con la letra “P” bordada. De esta forma, todos sabían el pedazo de inútil que eras. Rehusarse a utilizar el distintivo implicaba una multa equivalente a un salario de dos semanas. Evidentemente, un salario que ni siquiera tenías. Y probablemente nunca ganarías, ya que podrían esclavizarte.



Las peleas en la universidad se convertían en batallas mortales.




Todos estamos familiarizados con lo que los universitarios borrachos son capaces de hacer. Pero sin importar lo mal que vayan las cosas, por lo menos no salen a atacar a las personas con espadas como acostumbraban a hacerlo en el siglo XIII en Paris (aunque a veces se aproximan bastante a esto).

Y no hablamos de simples duelos entre dos rivales. Hablamos de batallas campales que resultaban en decenas de muertos.

Por ejemplo, en 1229 un grupo de estudiantes hospedados en una especie de posada se emborracharon y comenzaron a discutir con los propietarios sobre el costo del vino. La discusión se salió de control al punto de que los propietarios y estudiantes entraron en una pelea, y personas de toda la ciudad tuvieron que acudir a auxiliar a los propietarios.



Las especias eran tratadas como drogas.




En el mundo antiguo, la sal, pimienta y otras especias eran difíciles de encontrar, y verdaderos imperios se construyeron con la finalidad de controlar su “contrabando”. Las especias también se utilizaban frecuentemente como moneda.

En la escuela debes haber aprendido que utilizaban estos productos para conservar la carne, pero esa no es la historia completa. El comercio de especias básicamente era como traficar heroína en nuestros días.

Las personas comenzaron a creer que las especias podían curar o prevenir todo tipo de enfermedades, y las usaban en rituales religiosos. Después, toda posición social pasó a basarse en gran parte en el tipo y cantidad de condimentos que las personas eran capaces de exhibir a la hora de la comida.

En la Edad Media se alcanzaron extremos muy locos respecto al tema. El matrimonio de un duque en 1476 presumió 175 kg de pimienta, 92 kg de canela, 93 kg de azafrán, 129 kg de jengibre, 47 kg de clavo y 37 kg de nuez moscada. Este montón de condimentos se utilizó simplemente para mostrar la riqueza que poseían los novios.

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