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De donde venimos, para que estamos acá, hacia donde vamos

¿Quienes éramos?

Antes de nacer éramos espíritus, no teníamos el cuerpo físico que hoy tenemos y vivíamos junto a Aquel que nos engendró espiritualmente. Allí no había lugar para el mal y era un lugar de paz, felicidad, reposo y gozo.

¿Por qué ahora estamos en la tierra?

En nuestra vida anterior habíamos llegado al límite de nuestro progreso. En donde estábamos no hay lugar para el mal, por lo tanto, todas las decisiones que allí habíamos tomado eran entre lo bueno y lo bueno. No teníamos la experiencia de enfrentarnos a lo malo. No sabíamos, en la práctica, las consecuencias de elegir y de hacer lo malo. Nunca habíamos estado en la encrucijada de tener que elegir entre lo bueno y lo malo.
Tampoco teníamos un cuerpo físico, como el que ahora tenemos. Nuestro Progenitor si lo tenía, y era necesario que nosotros obtuviéramos uno para alcanzar una plenitud de gozo. Por lo tanto, se preparó esta tierra y se nos dio la oportunidad de venir aquí para ganar experiencia, crecer y obtener un cuerpo físico.

¿Cuál es el propósito de esta vida terrenal?

Esta vida terrenal tiene dos propósitos básicos. El primero es recibir un cuerpo físico, el cual conlleva el desafío de aprender a someterlo a nuestra voluntad, en vez de dejar que nuestra voluntad sea sometida por este.
El segundo propósito de esta vida es el de aprender a discernir entre lo bueno y lo malo y aprender a elegir lo bueno. Aquí, en este mundo terrenal, hay lugar para el mal. Todo el tiempo se nos presentan situaciones en las que debemos decidir, por nosotros mismos, si hacemos lo correcto o lo incorrecto, lo justo o lo injusto, lo que va a beneficiarnos a nosotros y a los que nos rodean o lo que va a perjudicarnos, lo bueno o lo malo, etc. Cuando elegimos lo malo sufrimos y sufren los que nos rodean y, así aprendemos por la práctica, en el mejor de los casos, lo perjudicial que es hacer lo malo. Cuando elegimos lo bueno cosechamos, por nuestros propios esfuerzos, la paz y el regocijo de hacer lo correcto. Cuando uno se compromete a elegir lo bueno y, por su propia debilidad, elige lo malo, tiene la oportunidad de esforzarse, de crecer y progresar hasta alcanzar la capacidad de escoger lo bueno (algo que en la vida anterior no era posible). En esta vida terrenal logramos una experiencia valiosísima, un gran crecimiento personal en conocimiento y en capacidad para elegir lo bueno y desechar lo malo. Progresamos.

¿Por qué no recuerdo nada de la vida anterior?

Si recordáramos nuestra vida anterior estos recuerdos influirían en nosotros a la hora de elegir entre lo bueno y lo malo. Nuestras decisiones no serian, completamente, el fruto de nuestro progreso personal, si no el resultado de saber quiénes éramos antes y qué nos conviene; en otras palabras, el fruto de factores externos y no de nuestra calidad de personas. No habría lugar para un progreso interior y personal real.

¿Qué nos espera después de esta vida?

Si nos esforzamos por elegir lo bueno continuamente, después de esta vida podremos volver al lugar del cual vinimos, aquel lugar donde no hay cabida para el mal, llevando con nosotros un cuerpo físico que antes no teníamos, pero inmortal. Allí podremos seguir progresando en sabiduría, conocimiento, poder, bondad, justicia, amor y gozo; hasta alcanzar una plenitud de este último. Tendremos la oportunidad de llevar la clase de vida que nuestro Progenitor lleva y desea que llevemos.
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