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Dejar de fumar de a poco también sirve

Chau tabaco
Un estudio confirma la efectividad del abandono progresivo del cigarrillo.




De un día para el otro o gradualmente. No importa cómo, dejar de fumar es la cuestión. Esa es la conclusión que se desprende de un nuevo estudio que reveló que la vareniclina, una droga utilizada en los tratamientos para abandonar la adicción al tabaco, es efectiva aún en aquellos pacientes que no están dispuestos a dejar el cigarrillo de inmediato, pero sí en algunos meses.

De la investigación, publicada en el Journal of American Medical Association, participaron unos 1.500 pacientes de 10 países (Alemania, Australia, Canadá, Egipto, Estados Unidos, Japón, México, Reino Unido, República Checa y Taiwán). Ninguno de ellos estaba preparado (porque no quería o no podía) para fijar el crucial Día D en el que el atado y el encendedor dejaran de ser sus compañeros habituales, pero sí manifestaban el deseo de irse alejando de ellos en forma paulatina, de a poco, hasta sellar la separación definitiva. Al cabo de seis meses lo lograron tres de cada 10 de los que habían iniciado el tratamiento con el fármaco.

“Cada uno deja de fumar como puede”, dice al respecto Marta Angueira, directora del Programa de Prevención y Control del Tabaquismo de la Ciudad. Los resultados del reciente estudio dirigido por investigadores de la Clínica Mayo (Rochester, Minnesota, Estados Unidos) son similares a los registrados en su área. “Disminuyendo el número se hace todo un proceso de aprendizaje sobre cómo vivir sin el cigarrillo que hace que la cesación se mantenga durante más tiempo. Esta, como toda enfermedad crónica, tiene recaídas. Parece que dejar 'aprendiendo' a vivir sin el cigarrillo tiene menor número de recaídas porque detrás hay todo un proceso”, afirmó en diálogo con Clarín.

“Nuestra experiencia indica que no es necesario el corte abrupto”, sostiene la médica cardióloga que se reconoce como una ex fumadora que consiguió terminar con su adicción en en forma paulatina. De hecho, las guías para dejar el cigarrillo elaboradas por el Ministerio de Salud de la Nación y por el programa porteño no ponen como condición ese cese brusco como sí lo establecen las de España (“Se deja de fumar de un día para el otro. Dejarlo poco a poco no suele ser eficaz”) o las de Estados Unidos, donde incluso algunas prepagas no cubren el tratamiento farmacológico si el paciente no fija una fecha precisa de abandono.

Pese a que en esos países aún predomina la metodología clásica, desde hace unos tres años las terapias de abandono progresivo empezaron a ganar terreno. A los fumadores “esta opción les abre la mente, saber que el proceso será poco a poco hace que se sientan capaces de hacerlo, es una buena forma de facilitar el abandono y la vareniclina es el fármaco ideal para estos procesos por su mecanismo de doble acción”, comentó al diario El País Carlos Jiménez Ruiz, director del programa de investigación en tabaquismo de la Sociedad Española de Neumología y Cirugía Torácica

nsiste Angueira: “En general cada uno deja de fumar como puede y aquellos que dicen 'dejé de fumar de golpe. Un día dije basta' seguramente se estuvieron preparando antes. Fueron bajando el número, haciendo algunas tretas, se fueron alejando del cigarrillo y un día decidieron dejar. La experiencia te dice que la cosa es así. No es todo tan de protocolo: 'Usted empezó a tomar el remedio y a la semana deja'. No. Algunos dejan al otro día, otros a los tres días y algunos tardan un mes o más”. La médica, no obstante, aclara que no todos los pacientes requieren medicación, “si bien se sabe que el uso de medicación aumenta las chances de éxito”.

El manual elaborado por la cartera sanitaria nacional recomienda “ofrecer tratamiento farmacológico junto con la consejería para la modificación del comportamiento ya que la combinación esmás efectiva que cada una de las intervenciones por separado. La suma de las dos estrategias aumenta cerca de un 40% las probabilidades de cesación cuando se las compara con el uso de medicación sola y se acerca a duplicar las probabilidades de abstinencia cuando se las compara con el uso de consejería para la modificación del comportamiento en forma aislada”.



Las opciones farmacológicas incluyen terapias de reemplazo nicotínico (parches, chicles, comprimidos dispersables y spray nasal), bupropión y vareniclina. La medicación elegida “depende del paciente, de su estado general y de su gusto, porque hay gente que se siente más cómoda con los parches, otra que prefiere los chicles. En los que no podemos usar vareniclina usamos bupropión y viceversa”, dice la directora del programa porteño y recuerda que en los hospitales porteños se ofrecen tratamientos para abandonar el cigarrillo con entrega de medicación gratuita. A nivel nacional, se puede consultar por Internet dónde recurrir para solicitar ayuda o telefónicamente a través del 0800 999 3040.

David Abrams, director ejecutivo del Instituto Schroeder para la Investigación del Tabaco, dijo que los estudios de la terapia de reemplazo de nicotina ya habían demostrado hace tiempo que eran una buena opción para los que intentaban dejar de fumar gradualmente. La nueva investigación parece mostrar que se da el mismo efecto con las píldoras. “A veces en las adicciones se necesita bajar las escaleras de a un escalón y no ser tirado desde el último piso”, graficó el especialista, que no participó del trabajo financiado por Pfizer, el laboratorio que produce la vareniclina.

Los fumadores convocados para el estudio fueron divididos en dos grupos: a unos se les suministró la droga (pastillas que se toman dos veces al día) y a los otros un placebo (una sustancia inerte que se usa como control en los ensayos clínicos). Pese a esa diferencia, todos siguieron un mismo programa para abandonar el cigarrillo progresivamente. Los resultados arrojaron que el 32% de los que usaron el medicamento dejaron de fumar entre la semana 15 y 24, contra el 7% de los que recibieron el placebo. Terminada la prueba, no se hizo un seguimiento a largo plazo para constatar si los pacientes continuaban libres de humo o habían reincidido en la adicción.

Según sus autores, esta investigación tiene el potencial de cambiar la práctica médica en los lugares que todavía se atienen a la metodología clásica. “Es un cambio de paradigma, porque en lugar de darle el medicamento sólo a los que establecieron una fecha para dejar el cigarrillo podemos dárselo a todos”, apuntó Jon O. Ebbert, de la Clínica Mayo.

Los manuales que se usan a nivel local siguen el modelo transteorético de Prochaska, que sostiene que el paciente que quiere dejar de fumar encara un proceso en el que va pasando por diferentes etapas: precontemplación, contempación, preparación, acción, mantenimiento y finalización. Las recaídas son parte del proceso. Angueira aconseja: “No hay que tener miedo a empezar. Puede no hacerse de golpe y la cosa funciona igual. El que tiene ganas y quiere probar que empiece y verá cómo puede dejar de fumar”.
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