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Dios "Lingam" hindú - Veneración y culto al pene



El mito del lingodbhva u origen del linga:


“La tradición no es un unánime en cómo Shiva llegó al bosque de Deodara, pero resumidamente, una vez allí vestido de vagabundo, provocó a unos sabios supuestamente fieles adoradores del dios. Desnudo, con el pene al aire, haciendo movimientos obscenos, Shiva volvió ardientes en deseo a las hijas y doncellas de los sabios. Su intención era poner a prueba a esos ascetas, y ver si eran capaces de reconocer en ese vagabundo y supuesto salvaje al creador.

Los supuestos sabios se dejaron llevar por las apariencias, por maya, el mundo de la ilusión. Enfurecidos, sin poder entender lo que pasaba y al ver que el extraño no respondía a su preguntas desearon que su falo se desprendiese de su cuerpo. Nada más pronunciar estas palabras el miembro cayó al suelo quemando todo lo que había a su paso. Una columna de luz, sin principio ni final, descendió a los infiernos, subió al cielo, destruyó toda la tierra. Todos los mundos y todos los seres estaban angustiados y en peligro.

Los sabios asustados pidieron ayuda a Brahma que les reprochó haber sido tan ignorantes. El estar meditando, ayunando, peregrinando y realizando sacrificios no les había servido para reconocer a Shiva. Es preciso dijo, que la gran diosa Parvati, la hija de la montaña, adopte la forma de una vagina y aprese al falo divino. Parvati habiendo tomado la forma de una vagina formará el pedestal sobre el cual será instalado el gran falo y será venerado con cantos, perfumes, flores y ofrendas”.



Orígenes del culto al lingam:

Existe un himno en el Átharva vedá (I milenio a. C.) que alaba a una columna sagrada (iūpa-stambha, siendo yūpa: poste al que se ataba la bestia que iba a ser sacrificada al fuego, y stambha: ‘columna’). Este podría ser un posible origen del culto al lingam. Algunos asocian el shiva linga con este yupa-stambha, el poste de sacrificio.

Sin embargo esto es una limitación brahmánica. Desde la época prearia, en la península india, los antiguos drávidas, adoraban a una versión primitiva de Shiva denominada Pasupati, el protector de los animales. En su representación fálica, el linga, es un resto de culto simbólico lítico del período Neolítico a Pasupati. Pero no nos confundamos, mientras en el resto de Europa se vivía en la edad de piedra, los drávidas poseían una civilización en el valle del Indo y una cultura mucho más avanzada, cuyo testimonio puede estudiarse en los restos arqueológicos de Mohenjo Daro y Harappa, la actual Pakistan.

La religión principal de la civilización del Indo era, sin duda, el shivaismo. Existen sellos que representan a Shiva itifálico (erecto) y cornudo, sentado en postura de yoga concretamente en sakti chalani ashana, como Pasupati el señor de las bestias o danzando como Shiva Nataraja. Se encuentran también numerosos símbolos sivaítas como falos de piedra, esvásticas, imágenes del toro, de la serpiente y de la diosa de las montañas. Por lo tanto podemos afirmar que el culto de Shiva y del Linga (falo) fue una herencia dejada por los antiguos drávidas a los hindúes.

Los drávidas durante el culto al linga realizaba danzas extáticas dirigidas por un hechicero que se adornaba con una cabeza de toro salvaje hueca y una piel de toro, ambos símbolos de Shiva, de los que hablaremos en otro momento. Sin embargo fertilidad no era sinónimo de procreación sino de vida e incluso en algunos casos de gibberish y catarsis sexual. No se buscaba engendrar más hijos sino liberar tensiones y canalizar energías para buscar la unidad Shiva-Sakti.



Representación del linga

Simbólicamente se representa siempre erecto, de color oscuro como la piel de sus antiguos adoradores dravidianos y con la parte superior, el glande, más desarrollada. Para su culto se fabrican en metal, plata, cobre o en piedra y pueden ser adornados con joyas. Se colocan preferiblemente en lugares aislados o en las montañas, pues los antiguos santuarios de Shiva se encuentran alejados de las ciudades. Aunque también en los templos, bajo las indicaciones de la arquitectura sagrada.

La representación del Linga puede ser antropomórfica, simplemente la forma de un pilar o un menhir de los que se encuentran en Bretaña o Córcega. Son muy buscados para su culto los meteoritos o guijarros (shalagrama) que por el desgaste ya han adquirido de por sí la forma deseada. Éstos se denominan svayambhú (“surgidos de sí mismo”), son objetos que por propia naturaleza encarnan la forma de lo divino y que en su elaboración no ha habido intervención humana.

Uno de los más famosos es el Linga de hielo, una estalactita que se encuentra en la cueva de Amarnath un santuario con más de 5000 años de antigüedad en el estado de Jammu y Kashmir (Cachemira).



Ceremonias de adoración religiosa: El linga puja

Aquel que venera el Linga sabiendo que es la causa primera, la fuente de la consciencia y de la sustancia del universo está más cerca de mi que cualquier otro ser. – Shiva Purana

En las ceremonia de adoración al lingam, se derrama sobre ellos leche, mantequilla, agua, frutas, dulces y guirnaldas de flores. Mientras se canta el mantra de Shiva “Om Namah Shivaya” se van trazando símbolos de adoración con los colores simbólicos correspondientes, el de Shiva es el blanco.

Generalmente se coloca encima un recipiente llamado jaladhari, agujereado por su extremo inferior, deja que el agua que contiene vaya cayendo agua continuamente sobre él. Este acto tiene el valor simbólico de pacificar la naturaleza ardiente del linga, el yogi que es capaz de controlar sus pasiones, contenidas en el bija, el esperma, la simiente de la vida.

En el momento culminante, se vierte sobre el lingam un líquido viscoso hecho de leche y miel. En ese instante, Shiva la energía creadora, ese manifiesta en el lingam.



El simbolismo del linga

Shiva representa el principio fecundador de la naturaleza y el símbolo fálico del dios recibe el nombre de linga o shivalinga. “El término linga quiere decir signo, el signo distintivo mediante el cual se puede distinguir la naturaleza de algo“. – Shiva purana 1.16.106

Para el devoto shivaíta el cuerpo y sus diferentes partes son la expresión, un símbolo, de los distintos aspectos de lo divino. Donde el falo es la más evidente representación del principio creador. El cuerpo humano se convierte entonces como un “signo”, que en cierto modo se sexualiza, impregnado todo del principio de la vida que es Shiva.

El Linga como el cuerpo del devoto, se divide en tres partes. La parte inferior (en el cuerpo por debajo del ombligo) es cuadrada, oculta en el pedestal. Representa a Brahma, el constructor, el poder de la gravitación que forma los mundos . La parte central (en el cuerpo, del ombligo hasta la axila) es octogonal y representa a Vishnu, la fuerza centrípeda de concentración que da nacimiento a la materia. La parte superior (hombros y cabeza) es cilíndrica y representa a Shiva, la fuerza centrígufa de expansión, de la cual surgen la forma y la materia. El linga está abrazado por el yoni, el receptáculo “La madre universal es su altar”- Shiva Purana 1.21.22.

Por lo tanto el linga denota la energía creadora masculina del dios y es adorado también como símbolo de energía sexual. Pero lo que se venera no es el falo en sí mismo, si no aquel a quien el falo es signo. Lo que nos demuestra, que el para los tántricos linga va más allá del rito de fertilidad o algo religioso, para convertirse en el signo del potencial creador de la energía masculina o estática del dios, que en unión con el yoni -la energía dinámica o femenina- sostiene y da vida al universo.



El lingam en otras culturas de la antiguedad

Existen muchas culturas que han asimilado los ritos de fertilidad y creación de la religión primigenia, entorno a Shiva, donde el falo es el símbolo más característico.

En el antiguo egipto existe el mito de Isis u Osiris relacionado con el falo. Además el dios Min es representado con el falo erecto. Los griegos adaptaron a Shiva y sus rituales extáticos con Dioniso, inspirador de la cultura ritual, el éxtasis y el vino. En cuyo templo se instalaban a los alrededores lingas en cuya cabeza tallaban el rostro de un dios. Además de existir Príapo dios de la fertilidad representado con una eterna erección que da origen al nombre médico del priapismo, una enfermedad que produce una continua y dolorosa erección.

También son muy conocidas las bacanales romanas y su culto al pene. Amuleto que llevaban colgado del cuello y servía a modo de talismán para espantar los malos augurios.



El lingam en la actualidad

Es muy llamativa la fiesta japonesa llamada Hounen Matsuri. Un festival donde se adora un pene de dos metros, cuyo objeto de culto no es el falo en sí mismo, si no la fertilidad.

Como curiosidad en España existe en el pueblo murciano de Almargen un ídolo precristiano de la fertilidad. Hecho en mármol, la pieza, pintada de rojo y que pesa 28 kilogramos, es del tercer milenio antes de Cristo, está en perfecto estado de conservación e integra la forma fálica, la cara y el vientre preñado de una figura femenina. La mujeres que quieren quedarse embarazadas tienen la costumbre de ir a tocarla para lograrlo, Herni va una vez por año.



A modo de conclusión

El culto al linga implica la veneración de la armonía, de la belleza del mundo, el respeto de la obra divina. El hombre es un portador de su sexo, el culto al cuerpo-sexualidad es la comprensión de la la permanencia de la especie, del todo, sobre la impermanencia del individuo.

Sin embargo, en la concepción mística sivaíta y por tanto de la Escuela Tántrica Sivaíta se va más allá de la reproducción animal, ya que para nosotros, el placer es la imagen del estado divino.

Para el tántrico, como ya sabían los antiguos drávidas, el éxtasis del placer, ananda, con la práctica adecuada, puede revelar al hombre la realidad divina, destruir sus ataduras, desprenderle de maya, la ilusión, y llevarle a la realización espiritual. El mundo es la chispa del placer.


Aprende a tu ritmo: Meditación y mantra entorno al Lingam.

Siéntate en el suelo, cruza tus piernas, pon tus manos sobre las rodillas y cierra los ojos o cúbrelos con un pañuelo.Respira profundo, llenando y vaciando el abdomen, costillas y pecho, siempre en el mismo orden. Mientras más profunda, lenta y silenciosa sea tu respiración es mejor. Permanece así entre 30 minutos y una hora.