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Dos grandes inventores y un consejo.




“Si quieres hacerte rico, inventa un objeto desechable que la gente consuma una y otra vez, así te aseguras de que los clientes siempre tengan que volver por más.”

William Painter a King Gillette





Un hombre llamado King Camp Gillette, de familia muy humilde, a los 35 años era un simple vendedor para una empresa de corchos, la Crown Cork and Seal.



Un día mientras mantenía una conversación con su jefe, el presidente de la compañía, Willian Painter, quien casualmente se hizo rico al inventar las tapas de corcho para las botellas de cerveza.





Le dio un consejo que sería finalmente una obsesión para King: “Si quieres hacerte rico, inventa un objeto desechable que la gente consuma una y otra vez, así te aseguras de que los clientes siempre tengan que volver por más.”.


Patente n° 468226 del invento William Painter (era el jefe de Gillette): la famosa tapita de cerveza.


Otro famoso invento de William Painter (n° 514200): el abrebotellas.



Una mañana de 1895, a los 40 años en uno de sus viajes en tren, Gillette hacía lo imposible por afeitarse y no cortarse en el intento, mientras se afeitaba frente al espejo y afilaba constantemente la navaja de afeitar con el cuero, tuvo en un momento de genialidad, la visión que deseaba, casi se corta del sobresalto porque se dio cuenta que la solución la había tenido todo el tiempo en la mano. Se le ocurrió crear la primera afeitadora segura, práctica y de hojilla desechable, era el inicio de su camino al éxito.



De sus propias palabras, relataba: “En aquel momento imaginé la hoja de afeitar, desechable y con dos filos sujetados a un mango metálico, la veía claramente en mi mano”.



Hasta ese momento la única forma de afeitarse era con una navaja de afeitar, inventada por el francés Jean-Jacques Perret, quién en 1762 ideó un método seguro para protegerse durante el afeitado. Le llamó la “afeitadora de seguridad”, con la que la sólo el borde de la hoja, fijada en forma perpendicular a un mango, estaría en contacto la piel.



King se esmeró en conseguir las hojillas de afeitar que había contemplado en su visión pero en las fábricas de acero se reían de él puesto que era imposible fabricar una hojilla de acero tan delgada, era imposible que el acero llegara a comprimirse en tales dimensiones, no se podía inventar o fabricar algo así y mucho menos a un costo razonable.

Con la tecnología del siglo XIX resultaba prácticamente imposible construir las hojas de afeitar que Gillette soñaba, aun así Gillette no descansó hasta desarrollar su idea, llevarla a cabo le llevó seis años, dos años más tarde, se convirtió en empresa.



Con un modelo rústico y muy por debajo de lo que Gillette anhelaba, crearon las primeras maquinillas de afeitar y durante el año de 1901 la Gillete Company solo vendió 51 maquinillas y 168 hojas de afeitar. Casi al final del camino y completamente abandonado por sus conocidos e inversores y de todos aquellos que creyeron en él, la perseverancia de Gillette y el talento industrial de un ingeniero llamado William Nickerton, consiguieron salvar el negocio, y todo gracias a la notable mejora en el diseño y a la forma de promoción de su invento, Nickerton había dado por fin con el material y la técnica adecuada para lograr el producto. El 2 de diciembre de 1901 se le otorgó a Gillette la patente, y finalmente en 1903 el nuevo producto, tal cual lo había soñado, salió a la venta.



En 1904, gracias a las modificaciones, la empresa vendió 250.000 maquinillas de afeitar. King Gillette luchó durante casi diez años para lograr su sueño.


Patente n° 775134 con la firma de King Gillette.

Su revolucionario invento no fue lo que le hizo millonario, lo que en realidad le llevo a hacer una gran fortuna fue la “forma” de vender el producto, convirtiéndose en el creador de los productos atados.



Los productos atados abundan hoy en nuestra sociedad, un ejemplo claro en nuestro días que nos recuerda su genialidad es cuando compramos una impresora a un precio casi ridículo pero si necesitamos comprar el cartucho de tinta, nos damos cuenta que nos sale más rentable comprar una impresora nueva que comprar el cartucho. King Gillette vendía su maquinilla de afeitar por debajo de su costo para incentivar las ventas de las hojas descartables, las cuales eran muy lucrativas para la compañía, así fue como nacieron los productos atados.



King Gillette, se hizo multimillonario y su invento universal impuso su nombre como marca y sinónimo de máquinas de afeitar. Posteriormente inventos como la afeitadora eléctrica encontraron su público, pero nunca fueron competencia inquietante para su maquinilla, que siguió mejorándose incansablemente tanto en sus diseños como en sus facultades.



Más tarde en la década de 1920, aparece la maquinilla de afeitar de seguridad diseñada exclusivamente para mujeres; las mujeres gracias a Gillette fueron convecidas de que el pelo en las axilas era desagradable y muy poco femenino. Cosa que tenemos que agradecer eternamente a Gillette.











Gracias por pasar!



Fuente: Libro "Inventores increíblemente poco razonables; Sus vidas, amores y muertes"
de Jeremy Coller




Visitá mi post de ayer: "El ascensor que causó la revolución"
http://www.taringa.net/posts/info/18206785/El-ascensor-que-causo-la-revolucion.html
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