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EE.UU deja de investigar las enfermedades más peligrosas del

-Estados Unidos ha decidido parar la financiación para el estudio de algunos patógenos
-Estos se cuentan entre los más peligrosos y virulentos del mundo
-Las razones detrás de la decisión, explicaban, serían cuestiones de bioseguridad



Estados Unidos ha dicho basta. Se corta el grifo de fondos para investigar las cepas más peligrosas del mundo. Al menos con dinero público según declara la Casa Blanca desde donde han decidido no seguir financiando investigaciones sobre el virus influenza, los peligrosos MRSA o el coronavirus SARS, debido esencialmente a "fallos de seguridad".

Así, como suena. La decisión ha sido la de acabar con las investigaciones sobre el cómo se transmiten y que efectos tienen en animales, incluyendo el ser humano, debido a una creciente preocupación en la seguridad. Esta no es la primera vez que se cancelan los fondos del estado para este tipo de investigaciones aunque sí parece que la cosa va más en serio que nunca. El Conejo Científico Nacional de Bioseguridad (o NSABB) se reunirá mañana, 22 de octubre, para evaluar las alternativas y consecuencias. Además, también se buscará crear un simposio científico que evalúe los riesgos y beneficios de este tipo de investigación y cuya opinión servirá para que el gobierno tome una decisión política definitiva.



Las enfermedades más peligrosas del mundo

Lo que se estudia en estos laboratorios es digno de las películas post apocalípticas y de terror más críticas del cine. Hablamos de cepas de bacterias y virus que han mutado y se vuelven resistentes a los medios conocidos hoy día para erradicarlas. Aunque vivamos seguros en nuestro día a día, lo cierto es que existen organismos patógenos que son capaces de resistir el más fuerte de los antibióticos. Algunos ejemplos son los coronavirus SARS. Estos son virus transmitidos inicialmente por animales y son capaces de provocar una gran cantidad de muertes debido a la fiebre y paradas cardiorespiratorias. Además no existen más que cuidados paliativos y ninguna vacuna. Este tipo de virus fue el culpable de la gripe de Hong Kong, y que mató a más de un millón de personas.

Al igual que el coronavirus SARS, el virus Influenza o de la gripe es especialmente peligroso debido a su facilidad para extenderse. Su virulencia provoca la muerte de una grandísima cantidad de personas y su alta tasa de mutación preocupa a los científicos ya que es relativamente fácil que una cepa mutada aparezca un día siendo más mortal o más virulenta que las conocidas hasta ahora. Los estafilococos resistentes son motivo también de mucha preocupación ya que estas bacterias son capaces de aguantar los ataques de los antibióticos de última generación.

Su presencia cosmopolita augura un futuro en el que las bacterias panresistentes, es decir que lo resisten todo, puedan matar a más gente de la que nunca imaginamos. Estos son sólo tres ejemplos de los muchos que se cuecen en los laboratorios de más alta seguridad biológica, unas instalaciones donde el ébola es la menor de las preocupaciones de los investigadores. Estos laboratorios tienen (tenían) el objetivo de ir un paso por delante en la capacidad de mutar y ganar nuevas características de estos virus y bacterias. Solo de esta forma podemos prevenir y prepararnos para cualquier eventualidad desagradable que podría escapársenos fácilmente de las manos.


Errores fatales

Como explicábamos, en estos laboratorios lo que se estudia es la capacidad de estos organismos para mutar, cambiar su genoma y así obtener nuevas y letales características. A esto se le llama ganancia de función y es un proceso increíblemente difícil. Normalmente una mutación suele estropear alguno de los procesos internos de un organismo, provocándole la muerte. Pero cuando eres algo infinitamente sencillo, como una bacteria o un virus, ganar funciones con una mutación se vuelve mucho más fácil. Para conocer mejor como funciona esta ganancia de función, los investigadores "fuerzan" las mutaciones y estudian los procesos para conocer cada detalle. Pero esto tiene su inconveniente.



Trabajar con un organismo para que este sea potencialmente más peligroso parece a priori una mala idea. Pero tranquilos, siempre que se siga el protocolo adecuado no tiene por qué haber ningún problema. Hasta que ocurre. Según la Casa Blanca, varios han sido los errores de bioseguridad puestos de manifiesto en el procedimiento de los laboratorios. Contaminar unas cepas con otras debido a las prisas, dejar las muestras de ántrax (Bacillus anthracis o carbunco) sin cerrar o utilizar un desinfectante "caducado" son algunos de los errores conocidos por la opinión pública.

Hace un par de años ya se detuvo la investigación de la cepa H5N1, aquella causante de la gripe aviar y que levanto la alarma a nivel mundial. Este virus era especialmente crítico debido a su capacidad de saltar de los animales a los humanos unido a una excepcional capacidad de extenderse y de mutar. Estados Unidos canceló el estudio de la gripe aviar en su momento debido a la preocupación de que publicar el estudio pudiera servir para ser usado en bioterrorismo y otros fines más peligrosos.


Arriesgar o morir

Este último ejemplo resalta una cuestión importante: Estados Unidos, ¿tiene miedo de que se utilicen sus investigaciones para fines perversos? ¿Los errores de bioseguridad no será la excusa perfecta que llevaba buscando el gobierno para cerrar los laboratorios? Existen una gran parte de la comunidad científica que efectivamente piensa que hay más de una razón detrás de la decisión de congelar los proyectos relacionados con la bioseguridad. También es cierto que necesitan de una inversión considerable y se pueden poner muchas vidas en juego.

Por otro lado existe el bando contrario que opina que quién no apuesta no puede ganar. La inversión estaría más que justificada para velar por un futuro donde podamos combatir contra una serie de peligros que no paran de evolucionar. A este argumento responden con otra pregunta: ¿y si somos nosotros los que provocamos esos mismos peligros? Voluntaria o involuntariamente, lo cierto es que estamos acelerando el proceso de evolución y de ganancia de funciones para poder combatir eso mismo. Cierto es que hay que arriesgar, ¿pero a qué precio? Por ahora Estados Unidos no lo tiene nada claro, así que habremos de esperar a que tomen una u otra decisión.




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