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El acompañamiento

Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo; tu vara y tu cayado me infundirán aliento.
Salmo 23:4

Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.
Lucas 23:43


                                                              El acompañamiento



Muchas veces oímos hablar del acompañamiento a personas moribundas. En esos momentos difíciles, el acompañamiento consiste en no dejar al enfermo solo, en ayudarle prodigándole cuidados, escuchándolo, animándolo y mostrándole simpatía. Personas formadas para ello tratan de calmar al paciente que está a punto de partir.
Pero esas personas, que se ocupan con tanto esmero de acompañar a los moribundos, ¿saben ellas mismas a dónde van? Y si lo saben, ¿pueden libremente hablar de Cristo? ¡Acompañar, sí! Pero ¿a dónde? Una palabra de aliento no tiene sentido si el que la pronuncia carece de seguridad sobre el más allá.
Sólo Jesucristo puede acompañar perfectamente a alguien a través de la muerte. Él conoce el camino, pues lo recorrió cuando él mismo pasó por la muerte, cuando fue clavado en la cruz. Pero es necesario haber tenido un encuentro con él en la vida, antes de enfrentarse a la muerte. Muchos no lo reconocen, pero en el fondo tienen miedo a ese paso de la vida a la muerte. Jesús desea llevar al moribundo no sólo palabras de consuelo, sino la paz de la conciencia y certitudes a las cuales la fe puede aferrarse.
Para el creyente, la muerte es un pasaje que lo introduce en la presencia de su Salvador y lo conduce a la casa de su Padre. Y ante la muerte, puede recordar las palabras que Jesús dijo en la cruz al ladrón arrepentido: “De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso” (Lucas 23:43).
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