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El Anfiteatro de Pompeya



De la misma epoca que el Odeon (hacia el 75-70 a.C.), el anfiteatro, construccion con forma de elipse, se adosa en una parte a la muralla. Treinta y cinco gradas acogen a veinte mil espectadores, siguiendo una jerarquia social estricta: los notables se situan en la parte de abajo. Toda la sociedad acude para aclamar a los heroes de la arena.


Reconstruccion del gran anfiteatro de Pompeya, podemos imaginarlo cubierto por 20000 personas vociferantes, aplaudiendo y gritando por sus gladiadores favoritos que combatian hasta que la sangre manchara la arena.

El Anfiteatro de Pompeya fue realizado inmediatamente despues de la fundacion de la colonia silana, en el 80 a.C, por obra de los duunviros Quintus Valgus y Marcus Porcius, a los cuales se deba tambien el Odeion.
Es el anfiteatro mas antiguo que ha llegado hasta nuestros dias (el Anfiteatro de Tauro, el primero construido con piedra en Roma, data del 29 a.C.), y tiene por lo tanto un gran interes para nuestro conocimiento de este tipo arquitectonico caracteristico de la civilizacion romana. Por otro lado, la region de Campania ha sido justamente considerada la patria de los combates entre gladiadores, de los cuales se tienen noticia al menos a partir del siglo IV a.C.
La arena fue excavada hasta un nivel de unos 6 metros por debajo del plano natural, y la tierra extraida fue utilizada para realizar un terraplen de apoyo de la mitad occidental del edificio.
Aqui se erigio un muro de contencion con contrafuertes y grandes arcos ciegos, que forma la fachada principal del conjunto: contra el mismo se adosan dos escalinatas dobles al oeste y dos escalinatas simples al norte y al sur, a traves de las cuales se tiene acceso a un ambulacro descubierto que llegaba hasta la summa cavea.
La entrada a la media y a la ima se realizaba a traves de cuatro corredores que conducian a la crypta, una galeria abovedada que pasa por debajo de las gradas inferiores de la media cavea y que se abre por medio de arcos a dos filas de asientos.
Los dos corredores principales dan acceso tambien a las entradas de la arena ubicadas en la extremidad del eje mayor y estan empedrados para permitir el paso de los carros.
Mientras el pasillo norte esta orientado en el mismo eje de la arena, el otro cruza el lado oeste del edificio, doblando luego en angulo recto para desembocar en la extremidad sur de la arena, al no ser posible crear una abertura en este lado pues estaba adosado a las murallas de la ciudad.



Dos recintos a lo largo de estos corredores servian para socorrer a los gladiadores heridos o colocar alli los cuerpos de los que habian perdido la vida.
Dos hornacinas situadas a los lados del pasillo norte, que representa la entrada principal de la arena, albergaban las estatuas de Caius Cuspius Pansa padre y de su hijo de igual nombre, tal como nos informan las inscripciones aqui halladas. Estos dos personajes ocupaban importantes cargos politicos, entre los cuales el de duunviro, y alcanzaron un amplio reconocimiento por haber restaurado el Anfiteatro despues del terremoto del año 63.
La arena, eliptica, esta circundada por un parapeto de mas de dos metros de altura, originariamente decorado con pinturas que representaban escenas de combates entre gladiadores y luchas con las fieras.
La ima cavea estaba destinada a los personajes de rango y dividida en sectores: las cuatro primeras filas estaban formadas en la parte central por anchas tarimas donde se hallaban los bisellia (sitiales de honor), los del lado este reservados a los decuriones y los del oeste a los duunviros y al patrocinador de los espectaculos.
La media y la summa cavez estan divididas en cunei por escalerillas; como aun hoy podemos ver, no todos los sectores tenian aqui asientos de piedra, sino que habia prevalentemente graderias de madera.
El velarium de lino que protegia del sol a los espectadores estaba sostenido por palos colocados en dos filas de anillos de piedra ubicados en la parte de afuera del parapeto superior.

En el Anfiteatro se desarrollaban las luchas con las fieras (venationes) y los combates entre gladiadores (munera), espectaculos patrocinados por los hombres mas eminentes de la ciudad, que hacian de esta munificencia un eficaz instrumento de propaganda personal.
Son muy frecuentes en las paredes de Pompeya los anuncios que daban a conocer los espectaculos a realizarse, describiendo el programa de los mismos.
A este tipo de funciones asistia con gran entusiasmo la muchedumbre, y algunos gladiadores gozaban de gran popularidad, tal como nos refieren algunas inscripciones. Los gladiadores eran esclavos o prisioneros de guerra que trataban de obtener su libertad, o bien delincuentes comunes que intentaban descontar de este modo su condena.



Escuelas de Gladiadores

Los delitos que llevaban aparejada condena a luchar como gladiadores se limitaban al asesinato, robo, incendio premeditado, sacrilegio y sedicion; pero los gobernadores celosos, sensibles a las necesidades imperiales, podian pasar por alto estas restricciones si habia escasez de individuos para los espectaculos.
Hasta los caballeros y senadores podian verse sentenciados a pelear como gladiadores; de otro lado, el afan de aplausos impulsaba en ocasiones a miembros del orden ecuestre a ofrecerse como voluntarios. No eran pocos los que, atraidos por la aventura y el peligro, se inscribian en las escuelas de gladiadores.
Estas escuelas existian en Roma ya en el año 105 a.C., bajo el Imperio hubo cuatro en la capital, varias mas en Italia y una en Alejandria.

En los dias de Cesar los hombres ricos tenian sus propias escuelas para adiestrar gladiadores. Utilizaban a los graduados de estas escuelas como guardia personal en la paz y como ayudantes en la guerra, los alquilaban para combatir en los banquetes privados y los prestaban para los juegos.
Al entrar en una escuela profesional de gladiadores, muchos novicios hacian juramente de "soportar el ser azotados con varas, quemados con fuego y muertos con acero". El entrenamiento y la disciplina eran severos; la alimentacion era inspeccionada por medicos que prescribian cebada para desarrollar los musculos; la violacion de las reglas se castigaba con azotes, marcas a hierro candente y prision con cadenas.
No todos estos candidatos a la muerte estaban descontentos de su suerte. Algunos se exaltaban con sus victorias y pensaban mas en sus proezas que en sus peligros; y hasta habia quienes se quejaban de que no se les dejase combatir mas a menudo; estos sujetos odiaban a Tiberio porque daba pocos juegos.
Tenian el estimulo y el consuelo de la fama; los admiradores garrapateaban sus nombres en las pareds publicas; las mujeres se enamoraban de ellos, los poetas los cantaban, los pintores les hacian retratos y los escultores esculpian para la posteridad sus biceps de hierro y sus ceños terrorificos.
Algunos, sin embargo, sentianse abatidos de su encarcelamiento, su rutina embrutecedora y sus debiles esperanzas de vivir. Hubo quienes se suicidaron: uno de ellos obturandose la garganta con una esponja que se usaba para limpiar letrinas, otro metiendo la cabeza entre los radios de una rueda en movimiento y varios haciendose el hara-kiri en la arena.

La vispera del combate se les daba un esplendido banquete.
Los mas rudos comian y bebian con buen apetito; otros se despedian tristemente de sus mujeres e hijos; y los que eran cristianos se reunian en un ultimo agape o "cena de amor".
A la mañana siguiente entraban en la arena vestidos con trajes de fiesta y desfilaban de uno a otro extremo de aquella.
Usualmente iban armados de espadas, lanzas o cuchillos y acorazados con cascos de bronce, escudos, hombreras, petos y grebas.
Se les clasificaba de acuerdo con las armas que portaban: retiarii, que enredaban a sus adversarios con redes y luego les daban muerte con puñal; secutores, diestros en la persecucion con espada y escudo; laqueatores u honderos; dimachae, que llevaban una espadsa corta en cada mano; essedarii, que peleaban en carros; bestiarii, que contendian con fieras. Ademas de todas estas especies de lucha, los gladiadores se empeñaban en duelos, por parejas o en grupos. Si uno de los que intervenian en un combate singular era herido seriamente, el que daba los juegos preguntaba a los espectadores su deseo; si colocaban los pulgares hacia arriba -o agitaban pañuelos- ello era señal de clemencia; pero si volvian los pulgares hacia bajo (pollice verso) querian significar que el vencedor debia dar muerte inmediatamente al vencido.

Los Combates

La hoplomaquia era el combate de gladiadores propiamente dicho.
A veces la lid era simulada, con armas negras como las usadas hoy en los asaltos de esgrima, llamandose entonces prolusio o lusio, segun que precediera al combate real o que ocupara toda la funcion y aun varias funciones seguidas. De cualquier modo, solo era una muestra anticipada del munus, exhibicion impresionante de duelos no fingidos -sucesivos o simultaneos-, en los cuales las armas no estaban embotadas, los golpes no eran atenuados y cada gladiador solo podia escapar de la muerte matando a su adversario.



La vispera, un copioso banquete, que para muchos debia de ser la "ultima cena", reunia a los que al dia siguiente se despedazarian en la arena. El publico era admitido a visitar esta "cena libera", y numerosos mirones rondaban en torno a las mesas con morboso deleite. Entre los comensales, unos, muy brutos o muy fatalistas, aprovechaban la ocasion como mejor podian, atrancandose de comida el gañote.
Otros, deseosos de aumentar sus posibilidades cuidando su estado fisico, resistian las tentaciones de la buena mesa y moderaban su apetito.
Los mas timoratos, atormentados por el presentimiento de su proximo fin, con las tragaderas y el bandullo paralizados por el miedo, se lamentaban en lugar de comer y de beber, recomendaban a su familia a los pasantes y hacian su testamento.

A la mañana siguiente, el munus comenzaba con un solemne desfile. Los gladiadores, llevados en carro desde el ludus magnus hasta el Coliseo, apeabanse al llegar al anfiteatro y daban una vuelta a la arena en formacion militar, el rostro altivo, las manos libres, seguidos de ayudantes que portaban sus armas; cuando llegaban frente al palco imperial, se volvian hacia el principe y, con el brazo diestro extendido en señal de homenaje, le dirigian la aclamacion lugubre y cruelmente veridica: "¡Salve, Emperador, los que van a morir te saludan! Ave, Imperator, morituri te salutan!".
Terminado el desfile, se procedia al examen de las armas, la probatio armorum, a fin de eliminar las espadas de punta o filo deficiente, para que la funebre faena pudiera efectuarse sin tropiezos. Una vez revisadas las armas y distribuidas entre los combatientes, formabanse por sorteo las parejas de duelistas.
En ocasiones los antagonistas eran gladiadores de la misma "arma"; pero con frecuencia los organizadores del espectaculo decidian enfrentar contendientes de distinta clase: un samnita contra un tracio, un murmillo contra un reciario. Y aun a veces, para amenizar la funcion, se echaba mano de combinaciones extravagantes o caprichosas: negro contra negro, como en el munus con que Neron agasajo a Tiridates, rey de Armenia; o enano contra mujer, como en el munus organizado por Diocleciano en 90 d.C.



A continuacion escuchabanse los acordes de una orquesta, o, mejor dicho, de una banda, en la que las flautas chillonas se unian a las trompetas estridentes y los roncos cuernos al asmatico organo hidraulico; y de esta suerte, a una señal del presidente del munus, se iniciaba con musica la serie de duelos.
Apenas el primer par de gladiadores habia comenzado sus fintas, una fiebre analoga a la que reinaba en las carreras hacia presa del anfiteatro.
Lo mismo que en el circo los espectadores palpitaban de inquietud o de esperanza, unos por los "Azules", otros por los "Verdes", el publico del munus dividia sus aplausos y sus imprecaciones entre los parmularii, preferidos por Tito, y los scutarii, por los que se inclino Domiciano.
Se hacian apuestas o sponsiones y para evitar que la lucha fuese falseada por un secreto acuerdo entre los combatientes, un instructor se mantenia al lado de ellos listo para ordenar a los lorarii o azuzadores que excitaran el ardor homicida de los gladiadores mediante innobles gritos: "¡Golpea! (verbera)"; "¡Matale! (ingula)"; "¡Quemalo! (ure)"; y si los gritos no bastaban, los lorarii enardecian a latigazos a los gladiadores remolones. A cada zarpazo que se daban los contendientes, el concurso, que temblaba por sus apuestas, reaccionaba con renovado furur. En cuanto comenzaba a vacilar uno de los gladiadores, lo que habian apostado contra el no podian contener su regocijo y con barbara fierza glosaban los golpes: "¡Toma! (habet"; "¡Tomate esa! (hoc habet)", exteriorizando una alegria salvaje por la victoria de su favorito cuando veian al adversario desplomarse al golpe de una estocada mortal.

Al instante, los auxiliares, disfrazados de Caronte o de Hermes Psicopompo, se aproximaban al caido, asegurabanse de la realidad de su muerte golpeandole la frente con un mazo y hacian una seña para que los libitinarii acudieran con sus parihuelas a retirar el cadaver del redondel , donde con toda rapidez se volvia la arena ensangrentada.
A veces, por terrible que hubiera sido el combate, no habia definicion; igualmente robustos y diestros uno y otro, los contendientes caian a la vez o permanecian en pie ambos dos: stantes. El "match" era declarado "draw", y se pasaba a la pareja siguiente.

Carnicerías

El combatiente que mostrara pocas de ganas de morir provocaba la irritacion del pueblo y era aguijado y estimulado a la valentia con hierros candentes.
Carnicerias de mas importancia se producian en las batallas en que millares de hombres luchaban con desesperada ferocidad.
En los ocho espectaculos dados por Augusto intervinieron 10.000 hombres en semejantes matanzas al por mayor.
Unos sujetos que tenian la traza de Caronte probaba a los caidos con unas varas finas para ver si se fingian muertos, y a los que tal comedia hacian los mataban dandoles golpes en la cabeza con un mazo.
Otros individuos, con la apariencia de Mercurio, se llevaban los cuerpos arrastrandolos con garfios mientras esclavos moros recogian con palas la tierra ensangrentada y esparcian encima arena nueva para la proxima mortandad.

Habia muchos romanos que defendian los juegos de los gladiadores alegando que las victimas habian sido condenadas a muerte por delitos graves, que los padecimientos que sufrian constituian un ejemplo para otros, que el valor en que eran ejercitados para enfrentarse con las heridas y la muerte los destinados a tan sangrientos encuentros inducia al pueblo a practicar las virtudes espartanas, y que la contemplacion frecuente de la sangre y la batalla acostumbraba a los romanos a las exigencias y sacrificios de la guerra.

Juvenal, que censuraba todas las demas cosas, no condeno los juegos; Plinio el Joven, hombre sumamente civilizado, alabo a Trajano por ofrecer espectaculos que impulsaban a los hombres "a inferirse nobles heridas y a despreciar la muerte" y Tacito hace la consideracion de que la sangre derramada en la arena era, al fin y al cabo, vile sanguis, "sangre vil" de hombres del pueblo.

A Ciceron le indignaban aquellas carnicerias; "¿que placer puede encontrar", pregunta, "un espiritu refinado y humano en ver como un despiadado cazador hiere en el corazon a un noble animal o como uno de nuestra debil especie es despedazado por un animal de fuerzas mucho mayores?" Pero, agrega, "cuando se obliga a luchar a los reos de delitos, no hay mejor disciplina contra el sufrimiento y la muerte que pueda presentarse ante los ojos".
Seneca, habiendo aparecido cierta vez por los juegos durante el descanso del mediodia, cuando la mayor parte del publico se habia retirado para almorzar, quedo horrorizado al ver a centenares de criminales conducidos a la arena para divertir con su sangre a los espectadores que habian seguido en sus puestos.

"Vuelvo a mi casa mas codicioso, mas cruel e inhumano porque he estado entre hombres. Por azar, asisti a una exhibicion de mediodia esperando ver cosas divertidas, interesantes y sosegadoras... con las que los ojos de los hombres pduieran descansar un poco de la constante contemplacion de la matanza de sus semejantes. Y sucedio cabalmente lo contrario... A estos combatientes de mediodia se les enviaba sin armadura alguna; estaban expuestos a recibir golpes por todos lados y ninguno en vano... Por la mañana, arrojaban hombres a los leones y por el mediodia a los espectadores.
La multitud pide que el vencedor que ha dado muerte a su adversario se enfrente con el que lo liquidara a su vez; y el ultimo vencedor se reserva para otra carniceria... Y este espectaculo se desarrolla mientras los asientos estan casi vacios... Al hombre, que es cosa sagrada para el hombre, se le mata por deporte y entretenimiento"
... Seneca

Fuente
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