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el barco que subió una montaña




Fitzcarraldo y el barco que subió una montaña

Esta es la historia de dos personajes que protagonizaron la misma aventura épica en dos siglos diferentes. Isaías Fermín Fitzcarrald, comerciante peruano (1862-1897) y Werner Herzog cineasta alemán (1942). Ambos lograron traspasar con un barco de vapor el istmo de Fitzcarraldo, colina de casi 500 metros de altura que comunica la cuenca del rio Ucayalí con los rios Madre de Dios y Beni en el Perú.



Isaías Fermín, aventurero y explorador, romántico o trastornado, melómano y megalómano, un enamorado de la ópera y un fracasado en sus disparatados negocios era hijo de William Fitzgerald, un irlandés radicado en Perú. Acusado de espiar para Chile durante la guerra del Pacífico, tuvo que ocultarse en las selvas orientales del Perú, región que pronto se sumó al boom de la explotación del caucho. Fitzcarraldo edificó su fortuna extrayendo caucho bajo un régimen de semiesclavitud.



Para dar rienda a su pasión, Fitzcarraldo se propuso construir en medio de la selva un gran teatro y atraer a las mejores estrellas del bell canto. Para conseguir los fondos, recurrió, como sus compatriotas, a la explotación del caucho en lugares vírgenes. Dentro de las rutas que trazó encontró un paso de aproximadamente once kilómetros que separan el Serjali, afluente del Mishagua, del Caspajali afluente del Manu.



Isaías Fermín Fitzcarrald 1889

El proyecto de Fitzcarrald era construir una carretera y, eventualmente, un ferrocarril para unir las cuencas del Purús y el Ucayali. Viajó a Iquitos a comunicar su descubrimiento y buscar ayuda para concretar su proyecto. Al no encontrarla, adquirió la lancha a vapor “Contamana“, a la que planeaba desarmar para hacerla pasar por el istmo y luego volverla a armar en el Manu. La partida de la expedición desde la capital loretana se produjo en abril de 1894. Desde los balcones de su casa, y antes de partir, Fitzcarrald pronunció un discurso ante el alucinado pueblo loretano:



“Nos hemos reunido hombres de Europa, Asia y América bajo la bandera de la nación peruana, no para emprender una aventura más, sino para ofrecer a la humanidad el presente de tierras ubérrimas, donde puedan encontrar un nuevo hogar los desheredados del mundo.
Para que llegue el triunfo pronto y seguro necesitamos trabajar sin descanso. ¡Manos a la obra!”.



Un millar de indios y un centenar de blancos, unidos a la voluntad férrea de Fitzcarrald, acometieron la hazaña de hacer rodar el casco de la lancha “Contamana” por un camino de diez kilómetros de largo, subiendo alturas de hasta 469 metros. Más de dos meses duró el paso del Istmo, y Fitzcarrald, con posteriores reparaciones del camino, gastó cerca de cincuenta mil soles.



“Sobre tablas de cedro ruedan los troncos de setico, que con su jabón natural favorece el deslizamiento de la lancha. Hacen largos descensos en los descampados, donde se ha rozado el monte y se han sembrado chácaras de maíz, plátanos y yucas, que están maduros, sirviendo de ración a la gente.



Parte del camino era terreno amarillento y fangoso, y sólo al subir la cumbre se podía divisar roca. Por su parte más ancha tenía cuatro metros, y se angostaba en los pasos donde fueron construidos puentes de madera. En ningún momento de utilizaron explosivos.



Años más tarde, el coronel La Combe, jefe de una expedición a las selvas de Perú, escribió, refiriéndose a este logro, “sólo un gigante de la estatura de Fitzcarrald podría haber realizado esa tarea en tan poco tiempo”. Para otros, sin embargo, Fitzcarrald fue nada más que otro depredador de la selva amazónica. Un vulgar aventurero, un simple peón del imperialismo Inglés, que con su voracidad sin escrúpulos destruyó la cultura indígena y produjo un desplazamiento de las tribus indígenas de sus territorios. Fitzcarraldo murió ahogado en una expedición en los rápidos del río Alto Urubamba, el 9 de julio de 1897

Fitzcarraldo. La película




88 años más tarde, esta fantástica aventura sedujo la imaginación del cieneasta alemán Werner Herzog que decidió convertir la historia en una excelente película. En 1982 estrenaría su más devastadora, brutal y caótica obra. La aventura del rodaje estuvo a la altura de los hechos acontecidos y la conciencia hiperrealista del autor convirtió la producción en un infierno y derroche.


Werner Herzog durante el rodaje

Todo lo que pasa es real; construcción a escala real de 2 barcos de 320 toneladas, subida por la colina sin efectos especiales, los nativos quebrándose la espalda, el barco haciéndose pedazos por los rápidos, el fermentado y blanquecino brebaje que Klaus kinski (Fitzcarraldo) se traga, el detrozo de las localizaciones en pleno amazonas. Este film estuvo cargado de peligros hacia los protagonistas, tres de los cuales resultaron heridos



Klaus Kinski fue considerado la mayor fuente de tensión en el rodaje por sus luchas con Herzog y otros miembros del equipo e hizo enfadar a los nativos. Herzog cuenta que uno de los jefes nativos le ofreció matar a Kinski por él, pero que él declinó el ofrecimiento por la necesidad que tenia de Kinski para terminar la película


Fuente
el barco que subió una montaña




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