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El crimen de Carolina Aló: la confesión de rito "satánico"

El horror apenas puede insinuarse en palabras, reconstruirse desde el relato descarnado de quienes vieron tanta sangre, intuirse en los cortes de la víctima, descubrirse en las 113 heridas enumeradas por los peritos, en el hallazgo de los tres cuchillos de cocina y el formón de carpintería usados en el crimen.

Imposible graficar la indefensión en la que se encontró Carolina Aló, con sus 17 años, la mañana en que su novio la arrastró hasta su casa con la idea de matarla. Pero bien claro quedó en el juicio a Fabián Gerardo Tablado, que el crimen fue un ultraje iniciado con golpes que dejaron a la chica sin defensas. Y terminó con 113 puñaladas, muchas de las cuales satisficieron al asesino con la víctima ya muerta, desangrada por un puntazo en el cuello que le arrebató la vida en dos o tres segundos, apenas iniciada la agresión.

El crimen ocurrió el 27 de mayo de 1996 en la casa de la familia Tablado, el joven que se casó hoy en la Unidad Penitenciaria N° 36 de Magdalena y volvió a ser noticia.

"Siento un gran dolor, un dolor tremendo, muy grande, por la familia Aló, que no puedo demostrar", intentó explicar Fabián, nervioso, durante el juicio. "Soy culpable en la medida en que fui responsable. Se trató de una compulsa satánica. Fue la mano de Dios la que me trajo aquí", justificó el joven, hijo de un carpintero de Tigre, el mayor de cinco hermanos.

El supuesto “trance satánico” afectó a Tablado varios días antes del crimen. Lo demostró un cuaderno tamaño oficio que en su última página tenía el dibujo de una mujer acostada en el piso, boca arriba, como si se tratara de un sacrificio.

“¿Qué te parece si matamos a nuestras novias?”, le propuso a su amigo Luis Vallejos el 24 de mayo de aquel año, despechado porque Carolina había cortado el noviazgo, celoso porque pensaba que la chica lo había engañado. Tablado quedó solo con su idea y al otro día le dijo a su amigo: “Voy a matar a Carolina”.

El fatídico 27, a las 19, insistió en la puerta del colegio Marcos Sastre, de Tigre: “Esta noche voy a hacer lo que te prometí”. Dos horas después, Vallejos vio que su amigo sacaba a Carolina del colegio y le hacía señas de que la iba a matar. Corrió a un teléfono y habló con el papá de la joven, aunque no se animó a decirle nada. El hombre, que sospechaba que algo malo pasaba con el noviazgo, quedó preocupado y comenzó a buscar a su hija.

Mientras Edgardo Aló rastreaba a Carolina, Tablado concretaba el crimen. Comenzaba con los golpes y la apuñalaba. La agredía en la cocina, la seguía hasta el comedor y la llevaba al garage, donde el cadáver iba a quedar tirado.

El joven intentaba escapar cuando el papá de la chica descubría el crimen. “Ocurrió una tragedia”, le dijo el comisario que intentó detener su paso cuando llegó a la casa del asesino. “No me dejó avanzar más por el pasillo. Entonces, fui hasta el garage. La puerta había quedado entreabierta. En ese momento pude ver el cuerpo de mi hija", relató Aló. Eran las 23.45.

“¿Te acordás de lo que te dije? Bueno, lo hice. La corté por todas partes con cuchillos”. Concretado el crimen, Tablado fue a la casa de Vallejos y le pidió ayuda. Le exigió plata prestada y que lo pasara a buscar en un remís por el puente Tedín, cerca del barrio del partido de Tigre en el que vivían. Allí permanecería escondido el criminal. Al llegar, Vallejos tenía que tocar tres bocinazos para poder salier del escondite.

Vallejo no fue a buscarlo, sino que lo denunció a la policía. El oficial Julio Calderón, se presentó en su lugar y tocó la bocina. Cuando Tablado salió le aclaró: “Vengo a detenerte porque le pegaste a tu novia”. El sospechoso contestó: “No le pegué, la maté”.

Fabián Gerardo Tablado se casó hoy en la Unidad Penal 36 de Magdalena, donde purga una condena a 24 años por el homicidio simple de Carolina Aló, se pasea con la Biblia de un lado a otro del pabellón, juega al fútbol y brinda sermones.