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El Curaré...

El Curaré


Que es elCurarè?
El Curare, (Chondodrendon tomentosum, Menispermaceae, Strychnos jobertiana) es una sustancia extraída de diversas especies del género Strychnos, utilizada ya por pueblos indígenas de América, África, Asia y Oceanía para empozoñar las flechas.
Los nativos machacan y cocinan las raíces y tallos, agregándole otras plantas y animales venenosos y los usan para el envenenamiento de sus flechas y virotes.Para elaborar el curare se hierven fragmentos de corteza, raíces, tallos y zarcillos. Se le añaden agentes catalíticos y se vuelve a hervir hasta convertirlo en un jarabe, que se expone al sol y se deja secar; el producto final es una pasta que se guarda en calabazas o en tubos de bambú. El curare produce parálisis progresiva y finalmente un colapso cardíaco. Sus mortales efectos se deben a varios alcaloides. Uno de ellos es la curarina, que se emplea en medicina

Uso Farmacológico

El principio activo del curare es la D-tubo-curarina, que actualmente se utiliza en medicina cardiopática.
Como uso farmacológico, debe su acción al alcaloide d-tubocurarina, que produce el bloqueo del impulso nervioso a nivel de la placa motora, produciendo una parálisis muscular.Se ha empleado en tratamiento de convulsiones o espasmos musculares, en síndromes neurológicos que cursan con hipertonía muscular. Actualmente su única utilización es en Anestesia para obtener una relajación muscular durante la cirugía. Actualmente los relajantes musculares que se utilizan en anestesia ya no son derivados de la D-tubo-curarina sino sintetizados artificialmente y con un mejor perfil farmacológico como son: el Vecuronio, el Atracurio, el Cisatracurio o el Rocuronio.



Strychnos toxifera by Koehler 1887


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Preparando el curare por los

Indígenas

La elaboración del curare es una actividad exclusivamente masculina que se realiza en la selva, en un pequeño cobertizo edificado para la circunstancia a cierta distancia de la casa. Durante toda la duración de la elaboración del veneno, los alrededores de ese cobertizo son estrictamente prohibidos a las mujeres y a los niños. Una vez reunidos, los distintos ingredientes se cuecen a fuego lento en una olla de barro (ichinkian); al cabo de un día entero la decocción adquiere la consistencia pegajosa y el color negro intenso, característicos del tseas. Durante la cocción, los hombres cantan unos anent especiales destinados a fortificar el curare. Estos encantamientos se dirigen directamente al tseas en el modo vocativo para ordenarle que "beba la sangre" de los animales contra los cuales se empleara, siendo cada especie de caza nombrada una tras otra. La fabricación del veneno exige además un ayuno riguroso y una total abstinencia sexual del preparador tanto durante la recolección de los ingredientes como durante la cocción propiamente dicha. Tales disposiciones son corrientes en todas las empresas cuyo éxito es considerado difícil de lograr así como pudimos verlo para las siembras.



El bejuco (Strychnos sp) se raspa y los cepillados se ubica en un filtro hecho de una hoja; entonces el agua, calentó en la boca, se vierte encima. El agua pasando a través de los cepillados, recoge el curare en un cuenco hecho de una calabaza al otro extremo del filtro.


Como durante ciertas fases del trabajo hortícola, la eficacia del curare también está ligada al respeto de prohibiciones alimenticias impuestas no sólo al hombre que lo elabora, sino a todos los miembros de su familia. Durante la fabricación del tseas y durante el tiempo mínimo de una semana después de su elaboración, está prohibido a todas las personas de la casa consumir alimentos azucarados, especialmente cana de azúcar y papayas. La lógica de los contraríos obra aquí claramente, ya que aquellas dos frutas son los antídotos reconocidos del curare y que deben ser absorbidas en grandes cantidades para contrarrestar sus efectos en caso de accidente de manipulación. Aunque se vuelva menos apremi ante una vez pasado el tiempo reglamentarío, dicha prohibición de lo azucarado se mantiene parcialmente para el usuarío del curare. En efecto, los cazadores no comen prácticamente nunca alimentos azucarados y se abstienen de consumir miel, la degustación de aquel néctar se reserva desde entonces a las mujeres y a los niños. Se dice que la miel debilita el veneno de caza y envisca los pulmones, con la consiguiente perdida de fuerza para soplar, tornando imposible el uso de una cerbatana.



Finalmente, hirviendo el curare extraiga el líquido se reduce a una pasta espesa, negra en la que los dardos se sumergen.


Al otro extremo del abanico de los sabores, es igualmente prohibido a todos comer con sal las presas cazadas con curare para que el veneno no pierda sU vigor. Hay una prohibición idéntica referente al uso del aji durante la confección del tseas. Parece pues que los condimentos, símbolos por excelencia del aspecto cultural de las preparaciones culinarias, sean irremediablemente antitéticas á curare. En este caso habría que buscar la lógica del tabú más bien en la anulación reciproca de los efectos que produce la conjunción de substancias estructuralmente isomorfas. En efecto, el veneno de caza es pensado en las culturas amerindias como una intrusión de la naturaleza en la cultura, por lo que es un producto natural haciendo posible una actividad cultural. Ahora bien desde ese punto de vista, los alivios poseen las mismas propiedades y parece congruente que la sal y el aji neutralicen la eficacia natural del curare. El tseas, al igual que la cerbatana, es percibido por los Achuar, como un ser autónomo, de comportamiento a veces caprichoso, y conviene no herir su susceptibilidad. Cuando un veneno de caza pierde su potencia, casi siempre, dicen, porque un tabú no ha sido respetado, es necesarío cantarle al curare unos anent para estimular de nuevo su sed de sangre animal. Y en la medida en que el tseas se alimenta de la sangre de la caza, no conviene utilizarlo contra animales no comestibles, pues la absorción de sangre "nauseabunda" le pondría enfermo y por consiguiente inutilizable.



Los dardos trataron recientemente con curare se secan al lado del fuego.


Tal vez porque es casi imposible asegurarse que todos los miembros de la casa hayan respetado las prohibiciones alimenticias vinculadas a la fabricación del curare, los Achuar atribuyen al veneno de caza proveniente del Perú una eficacia mayor a la del veneno que elaboran ellos mismos. La practica más corriente consiste en adquirir curare peruano para mezclarlo por mitad con tseas de fabricación domestica. Con la sal, el curare es objeto desde mucho tiempo atrás de un comercio interregional muy activo en todo el Alto Amazonas y los Achuar ocupan una posición estratégica en su difusión hacia los Shuar que no lo fabrican ellos mismos. Según los Achuar, el mejor curare proviene actualmente de los Liamistas del rió Mayo y de la región de Iquitos, donde es manufacturado en gran escala por artesanos especializados. El producto es luego relevado por distintos circuitos hasta los Achuar del Perú desde donde se difunde mediante cadenas de socios entre los Achuar del Ecuador.




Estos a su vez abastecen a los Shuar, proporcionándoles una mezcla de curare peruano y de curare de fabricación local. Paralelamente a esas redes de intercambio indígenas, el curare es negociado también por comerciantes mestizos itinerantes (regatones) que de un lado al otro de la frontera realizan intercambios. El curare del Perú es un producto muy costoso, especialmente desde que los regatones lograron asegurarse una parte importante de su difusión comercial. Al norte del Pastaza la tasa de intercambio fij ada por los Comerciantes itinerantes de Montalvo es de una cuchara sopera de curare peruano contra veinte pieles de pecarí. Hay que reconocer que esta cantidad permite, sola, untar unas sesenta flechas, y aun mucho más Si se la mezcla con tseas local.




Hasta los años treinta, la única arma utilizada por los Achuar para la guerra y la caza mayor era la lanza en madera de palmera, nanki. En efecto, nunca se utiliza la cerbatana para matar a hombres y parece que tampoco se haya hecho en el pasado. Midiendo poco más o menos dos metros veinte de largo, la lanza se utilizaba para el combate cuerpo a cuerpo, como chuzo y como arma arrojadiza. En estos dos primeros usos ella estaba dotada de una punta acerada en forma de triangulo o de rombo (patu nanki) cortada en la masa o constituida de una pieza metálica importada. Forjadas especialmente para el uso indígena, las puntas de lanzas eran entonces objeto de un comercio intenso en el Alto Amazonas. La lanza para lanzar se empleaba en la caza y poseía generalmente una extremidad arpada y un ligero abultamiento en la parte baja del asta para permitir asegurar la toma. Desde la Segunda Guerra Mundial, la lanza ha sido suplantada por las armas de fuego que desempeñan una función idéntica con una eficacia mucho mayor.


Fuente

Un poco de Historia

El hombre occidental se interesó por una sustancia con la que algunas tribus aborígenes (los yanomamis, por ejemplo) impregnaban las puntas de sus flechas. Cuando alcanzaban a un animal le paralizaban los movimientos motores y reflejos sin alterarse su conciencia ni la sensibilidad.
En el siglo XIX se logró identificar la planta, por un lado, y se proporcionaron las primeras explicaciones sobre su mecanismo de acción. Humboldt identificó en 1807 la Strychnos toxifera, aunque después se comprobó que otras especies del mismo y de distinto género contenían tóxicos semejantes (Strychnos letalis -al este del Amazonas-, Chondodendron tomentosum -al oeste del Amazonas-, Chondodendron platiphyllum y Erythrina americana). Debe señalarse que algunas especies de Strychnos que crecen en Africa, en Asia y en Australia, contienen alcaloides terciarios del tipo estricnina, cuyos efectos farmacológicos y toxicológicos son bien distintos de los curarizantes.




Claude Bernard en Francia (1851) y A. Kolliquer en Alemania (1856) estudiaron experimentalmente esta sustancia y vieron que en la placa neuromuscular se bloqueaba el impulso de los nervios motores.
Ya en el siglo XX, Langley, al explicar su teoría de los receptores, utilizó sus experimentos de finales del XIX que demuestran el antagonismo existente entre el curare y la nicotina en el nivel de una hipotética sustancia receptora localizada en el músculo y distinta del sistema contráctil propiamente dicho. En 1932, West utilizó extractos purificados de estas plantas en el tratamiento del tétanos y en la espasticidad muscular. Dos años más tarde se logró el aislamiento y la purificación de la tubocurarina a partir de los extractos crudos de C. tomentosum. Al mismo tiempo King describió en 1935 las características esenciales de la estructura química de esta sustancia. En 1940 algunos científicos obtuvieron el intocostrin, un preparado crudo estandarizado que contenía tubocurarina, elaborado a partir de la C. tomentosum. Lo emplearon como coadyuvante en la terapéutica electroconvulsiva. Dos años más tarde se introducía su uso en anestesia general para producir una relajación muscular. En 1947 Bovet obtuvo el primer derivado sintético que llamó gallamina. A ésta siguieron pronto otros compuestos.




La fórmula de la tubocurarina, de donde derivan los nuevos relajantes musculares, fue establecida, como hemos dicho, por King en 1935. Tiene la misma estructura que la de un alcaloide vecino desprovisto de la acción farmacológica: la bebeerina o bebirina (de la corteza del bebirú). Si se comparan las dos fórmulas se observa que no difieren una de la otra salvo en que el nitrógeno está en estado cuaternario en la D-tubocurarina. Esto puso a los farmacólogos en la pista de que la presencia de una molécula con una o varias funciones de amonio cuaternario estaba relacionada con la aparición de propiedades curarizantes. Este hecho se confirmó en los experimentos farmacodinámicos y pronto se pudieron elaborar sustancias con estas propiedades. La tubocurarina es una base cuaternaria derivada de la bencilisoquinolina dimolecular; como posee carbonos asimétricos, da lugar a estereoisomería. La d-tubocurarina es mucho más potente -unas 50 veces más- que la l-tubocurarina.
La introducción de los bloqueantes neuromusculares ha revolucionado la práctica anestesiológica y ha trascendido a otras áreas del quehacer clínico y terapéutico. Se ha dicho que en las últimas décadas aparecía cada día un nuevo artículo sobre este tema en las revistas científicas.


Fuente

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