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El deporte y los niños

El buen clima, en general, es un gran aliado ya que las temperaturas cálidas son aliadas del deporte. Claro que este no es un buen síntoma para los especialistas. Por más que el verano sea más atractivo para la práctica de diferentes disciplinas, la clave es su ejercitación durante todo el año. Esta también es la visión de Rhonda Clements, doctora en Educación de la Universidad de Columbia y Directora del Programa MAT en Educación Física y Pedagogía Deportiva del Manhattanville Collage, New York.




Cuando se refiere a los beneficios de corto y largo plazo para los niños, la experta asegura que “cuando encuentran éxito en ese deporte, les mejora la autoestima. A largo plazo, los beneficios se dan en la parte física, porque los deportes mejoran el desarrollo de los músculos y los huesos, y les proporciona una mejor aptitud cardiovascular”. Asimismo, destaca que también les permite interactuar “positivamente” con sus pares y con sus padres, quienes a través de la actividad deportiva les “transmiten valores”. “Y el aspecto más importante es que los deportes tiran abajo barreras y mejoran la comunicación”, subraya.

¿Cuál es la edad ideal para empezar? Desde los 4 años, los niños necesitan ser físicamente activos. “Puede ser sencillamente jugar al vóley tirando un globo hacia arriba”, responde la analista. Para Clements, la clave pasa por “compartir”. Y amplía su visión: “Tenemos una generación individualista que llega a la casa, se va a su habitación y se sienta en la computadora. Es sólo a través de los deportes, o del juego con un compañero o amigo, que los niños aprenden a interactuar positivamente. También aprenden la cooperación, a perder con elegancia. Hoy, hay muchos chicos que no quieren perder, que ni siquiera piensan en que pueden hacerlo. Los papás pueden ayudar para que perder no los afecte, para enseñarles que no es el fin del mundo”.


Es muy común que los padres presionen a los hijos para que se conviertan en deportistas exitosos y les demandan mucha exigencia. Esta situación puede tener sus consecuencias en el desarrollo, personalidad y autoestima de ese niño. En ese sentido, la especialista destaca que “el papá y la mamá deben ser buenos modelos para sus hijos. Hay una diferencia entre felicitar y alentar. Felicitar es simplemente decirles ‘buen trabajo’, ‘fantástico’, lo cual no tiene demasiado significado. Alentar significa que los papás no solamente feliciten a sus hijos, sino que, además, les expliquen lo que hicieron bien; es poner al chico en primer lugar, ante todo, y no pretender que el chico sea un astro del deporte”.

En los últimos tiempos, se abrió un debate respecto de la edad temprana en la que los menores de edad se ven enfrentados a situaciones de extrema exigencia, a un exitismo exacerbado. ¿En qué medida es importante la competencia y cuándo se convierte en un problema? “Cuando la competencia es usada como motivación, para incentivar a una participación mejor, es saludable. Cuando ésta se hace más difícil y es demasiado fuerte, los niños pequeños no son capaces de comprender sus dificultades. Por eso, lo ideal es esperar hasta el comienzo de la secundaria para someterlos a una alta competencia. “Competencia” es sinónimo de “ganar”, pero lo ideal es la sana competencia: que se establezcan objetivos personales, es decir, perder y, sin embargo, seguir sintiendo que se ha logrado una gran cosa”, subraya Clements.


Asimismo, al referirse a las consecuencias negativas de la competencia excesiva, sostiene que “la peor, la más triste, aquí y en cualquier país, es que abandonen el deporte. Llegan a los 13 años y ya no resisten la intensidad competitiva; entonces se alejan. A menudo ocurre cuando se especializan demasiado en un deporte y excluyen todo lo demás. Tenemos en los Estados Unidos deportistas que desde muy pequeños focalizan en un deporte y entrenan entre 5 y 6 horas diarias. Es muy raro que un niño promedio, llegado a cierto punto, resista a una rutina de ese tipo y no abandone la actividad física. Cuando se vuelven deportistas profesionales, atletas de élite, dejan de ser niños. Y es importante concientizar a los padres de que el deporte debe continuar toda la vida”.

Por último, sostiene que los chicos con problemas emocionales, hiperactivos, con ADD, también se pueden beneficiar con el deporte, no solamente a nivel personal, sino porque también necesitan interactuar con otros chicos. Las investigaciones muestran que es importante que un niño sea parte de un equipo. ¿Entonces el deporte puede ser terapeútico? “Absolutamente. Cuando se trabaja con chicos hiperactivos, hay que encontrar qué es lo mejor para ellos. Es importante que participen de actividades en equipo para que aprendan a interactuar, como natación, esquí, atletismo”, cierra.

Todos fuimos niños por mi parte quiero seguir siendo lo algunas veses
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