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El día que La Plata estuvo a dos horas de otra catástrofe

Hay historias que meten miedo, pero que sirven a título de advertencia para prevenir lo peor. Esta es una de ellas. La información está absolutamente chequeada y desnuda la realidad de un Estado ausente durante décadas. Por milagro de Dios y gracias a la mano del hombre, La Plata estuvo a dos horas de ser evacuada masivamente con el riesgo de una pérdida en vidas mayor que la que provocó la inundación. Pero esta vez, fue en el sentido inverso. La ciudad estuvo al borde de quedarse sin una gota de agua, por un grave percance en la planta potabilizadora de ABSA, ubicada en Punta Lara.



Esa estructura pudo haber colapsado, en medio de un derrumbe. De haber sido así, La Plata se habría transformado en un desierto y el sistema cloacal en una bomba de tiempo. Más allá de provocar muertes, la falta de agua hubiera desencadenado un foco contaminante incontrolable y todo tipo de pestes.

La causa, fue la ruptura de una de las válvulas maestras del vetusto sistema. Por fortuna, logró ser reparada tras dos horas con riesgo de vida para los obreros que realizaron la titánica tarea. Dicho por técnicos, de no haber sido así, pudo haber provocado una suma exponencial de muertos, superior a la del 2 de abril del 2013. Los sectores más vulnerables hubieran sido los primeros. El episodio, que fue revelado de manera exclusiva por una fuente confiable, es mantenido en secreto bajo siete llaves. Hoy la amenaza sigue latente, aunque nada se hizo desde aquel entonces para despejar el peligro.

UN POCO DE HISTORIA

La planta potabilizadora de agua de ABSA, ubicada en Punta Lara, fue construída hace más de 60 años, durante el gobierno del general Juan Domingo Perón. Los técnicos en ese momento proyectaron que la obra tenía un tiempo de vida útil de 30 años. Fue concebida para dar suministro a los 150 mil habitantes que por entonces tenía La Plata. Pero pasaron 60 años y hoy la ciudad quintuplicó su población. Alberga más de 800 mil personas. Durante ese lapso, no se realizaron obras de mejoramiento, ni mantenimiento. Hoy la estructura muestra gruesas grietas en algunos de sus subsuelos, con el consiguiente peligro de derrumbe. “Uno de los pisos está en tal estado de precariedad, que los obreros no quieren bajar”, reveló la fuente.

Lo cierto es que el SOSBA, el sindicato que agrupa a los trabajadores sanitarios, advirtió durante estos años a los respectivos gobiernos que el estado de la estructura ponía en peligro el suministro total del servicio y las vidas de los pobladores del casco urbano.

PANICO EN LOS SUBSUELOS

Frente a tal presunción las alarmas no tardaron en sonar. Fue cuando se disparó una oxidada exclusa de grandes dimensiones, ubicada en uno de los cinco subsuelos del edificio. En medio del temor generalizado, los obreros lograron subsanar el desperfecto. Fueron dos horas de riesgoso trabajo, donde arriesgaron sus vidas. Debieron trabajar con el agua hasta el pecho y la amenaza de electrocución por los motores de las bombas.

Una fuente confiable reveló que “de haber ocurrido lo peor, hubiera sido trágico. La ciudad se podría haber quedado sin una gota de agua y los primeros perjudicados habrían sido los hospitales, escuelas y la franja etaria de la tercera edad. Hubiera sido imposible socorrer de inmediato a estos sectores más vulnerables en la emergencia”. El mismo informante reconoció que si esto sucedía, “la falta de agua en la red cloacal hubiera generado en un terrible foco infeccioso y desatado todo tipo de pestes”. Lo comparó con “un río de materia fecal en cada uno de los hogares”.

UNA SEÑAL DE ALERTA

Esta grave amenaza fue advertida hace tiempo al gobierno bonaerense por el SOSBA. Fue a través de los estudios de los expertos israelíes que llegaron al país para analizar la planta y proyectar una nueva. Se trata de la empresa MACOR, la misma que convirtió en un vergel al desierto de aquel país del Medio Oriente.

Conviene aclarar, que el edificio de Punta Lara fue diseñado para extraer agua del Río de La Plata y potabilizarla. Pero, hace 60 años ese espejo no tenía la contaminación actual. La zona costera era de esparcimiento para las familias platenses que los fines de semana disfrutaban del paseo. En la ribera por entonces además abundaban los recreos para comer y tomar algo. Con el paso del tiempo, los desechos industriales convirtieron al río en una amenaza letal para la salud.

El día del grave incidente, sino se lograba reparar la válvula en cuestión, se habrían comenzado a inundar los cinco subsuelos, entrando en cortocircuito todas las bombas. La presión del agua se habría tornado incontrolable, a punto tal de hacer estallar los caños maestros y provocar el derrumbe de toda la estructura, sepultando incluso a los trabajadores bajo los escombros.

SCIOLI LO SABIA

El incidente del que damos cuenta no es tan lejano. Ocurrió durante la gestión de Daniel Scioli. El mandatario fue puesto al tanto de la situación. Uno de sus ministros le manifestó entonces a título de advertencia: “Daniel, si llega a ocurrir una tragedia, olvidate de ser Presidente”.

En ese momento los que llevaron la voz cantante fueron los dirigentes del SOSBA, que le acercaron al gobernador el proyecto de los expertos israelíes en temas hídricos. Al principio, hubo firmes promesas de avanzar con las obras, pero finalmente quedaron en la nada.

Hoy la situación de ABSA es de completo desmadre. No hay un peso para invertir en el servicio y la empresa es blanco de todas las críticas vecinales. Cuando llega el verano no hay presión de agua en diferentes puntos de la ciudad y el Gran Buenos Aires. También existen pedidos de intervención al organismo, como una manera de justificar una situación que solo se arregla con inversión.

Lo cierto es que la construcción de la nueva planta potabilizadora quedó en veremos. No obstante, todos los estudios están finalizados. Además se encuentra inscripta dentro del Plan Estratégico de Agua Potable y Cloacas, diseñado por la Universidad Nacional de La Plata. Tuvieron además la intervención de los técnicos de cinco facultades locales, además del SOSBA y expertos en temas hídricos de reconocimiento mundial, como los israelíes.

BAHIA SIN AGUA

La precarización del servicio de ABSA quedó también al descubierto recientemente en Bahía Blanca. A principios de enero de este año en esa ciudad se rompió un caño maestro de 105 milímetros de diámetro que dejó sin agua al 90% población durante dos días. Desató también las iras del intendente local Fernando Gay, que pertenece a Cambiemos, que amenazó con pedir la municipalización del servicio e iniciar una acción penal contra ABSA. La preocupación se trasladó a la gobernadora María Eugenia Vidal, quien dio instrucciones de terminar con la pesadilla de la falta de agua potable en toda la Provincia. Se diseñó un plan con una inversión de 3.700 millones de pesos para paliar la emergencia hídrica en 70 municipios. Paradójicamente, según reveló irónicamente una fuente confiable: “hasta el momento no se cambió un cuerito”.
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