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El día que la violencia yihadista tocó a Colombia





El día que la violencia yihadista tocó a Colombia




La guerra contra los “infieles” declarada por el Estado Islámico no solo ha logrado estremecer a Medio Oriente sino que ha cobrado la vida de cientos de ciudadanos de diferentes latitudes.







El general retirado, José Arturo Camelo, perdió a su esposa e hijo en el atentado del pasado miércoles contra un museo en Túnez. FOTO AP




Javier Camelo y Myriam Martínez se convirtieron este miércoles en los primeros colombianos en morir a manos de islamistas radicales afectos al Estado Islámico, pero son solo dos renglones en la inmensa lista de víctimas de un extremismo que de nuevo ha alcanzado magnitudes internacionales.



La desgracia de cruzarse en la violenta guerra declarada por los yihadistas les costó la vida a Javier y Myriam, hijo y esposa del general (r) del Ejército José Arturo Camelo, cuando la familia se disponía a visitar uno de los museos más importantes de Túnez, situado junto a la sede del Parlamento de ese país.


Ni la familia Camelo ni las Fuerzas Armadas tunecinas creyeron que la guerra que eventualmente golpea la frontera con Argelia llegaría hasta el centro de poder del país, encarnada en dos jóvenes que con fusiles de asalto masacraron a decenas de personas. “Lobos solitarios” que, al igual que en Europa y Australia, no pudieron huir de las fuerzas del orden.





La desgracia de Túnez y el mundo “infiel”


Aunque es el país que más ha aportado ciudadanos a las filas del Estado Islámico, Túnez se ha esforzado para que su turismo, futuro económico del país, no disminuya ni su territorio caiga en la guerra que los yihadistas declararon al mundo entero.


Aun así, más de 60 uniformados han perdido la vida enfrentándose a los yihadistas armados que desde 2011 han aumentado en número y desde hace un mes, cuando se estableció el primer gobierno posterior a la primavera árabe, atacan constantemente cerca de la frontera con Argelia y en Kasserin, una zona montañosa cerrada militarmente.


Túnez es uno de los tantos países que el Estado Islámico quiere ver caer bajo su autoproclamado califato, una ideológica nación suníta que unifique la Península Ibérica, el norte de África, la península de los Balcanes, el Medio Oriente y el oeste de Asia bajo la autoridad de Abu Bakr al Baghdadi y en la que se imponga con extremismo la sharía o ley islámica.


A esto se suma Boko Haram, el grupo islamista radical que casi simultáneamente al Estado Islámico ha sumido en una sangrienta guerra a Nigeria y comienza a amenazar con querer apoderarse del centro de África mediante secuestros, masacres y bombas.


Con el pasar de los días no parecen exagerados los líderes de la coalición antiyihadista al decir que los extremistas suponen un riesgo para el mundo entero.


Los ataques perpetrados en otros países comenzaron en Australia, donde un clérigo iraní tomó rehenes en una cafetería de Sidney y dos civiles murieron.



Semanas después, los hermanos Kouachi protagonizaron el sangriento ataque a la revista Charlie Hebdo en París que dejó doce muertos y uno de sus cómplices tomó rehenes en una tienda judía en la que cuatro personas fallecieron.


En Bélgica los yihadistas armados se enfrentaron a la Policía y en Dinamarca abrieron fuego contra los asistentes a un foro sobre islam y libertad de expresión; esto antes del sangriento ataque en Túnez, el que más víctimas ha dejado.




A esto se suma la gran cantidad de extranjeros, conversos al islamismo extremista, que viajan todos los días a Siria para unirse a las filas del Estado Islámico, tal como el caso de una madre holandesa que secuestró a sus hijos de siete y ocho años para llevarlos a Medio Oriente y convertirlos en yihadistas.






Dos años de guerra, y contando


Hasta hace poco menos de un año, el nombre Estado Islámico solo llenaba informes de inteligencia y notas de prensa sobre la guerra en Siria.


Sin embargo, su incursión en Irak llevó a que el mundo entero conociera la crueldad de un grupo extremista que logró intimidar incluso a Al Qaeda.



El Estado Islámico de Irak (EII) llevaba años combatiendo a las tropas extranjeras que derrocaron el gobierno de Sadam Hussein, comandados por un antiguo clérigo cercano al régimen.



En abril de 2013, se unificaron los grupos que luchaban en Siria e Irak y formaron el Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL) que con muchos más recursos amplió su accionar en Medio Oriente.


No terminó el año antes de que el EIIL atacara las ciudades iraquíes de Ramadi y Faluya -a menos de 100 kilómetros de Bagdad- y tras expulsar al Ejército ondeara sus banderas en los edificios gubernamentales.


A mediados de 2014, gracias a sus sanguinarias actuaciones y al sectarismo religioso que divide a Irak, el Estado Islámico ya encontraba poca resistencia y tenía bajo su poder un área cercana a los 51.000 kilómetros cuadrados.



Tal área, de casi cinco veces el tamaño de Líbano, se convirtió en el autodeclarado “califato” del renombrado Estado Islámico, cuyo líder, Abu Bakr al Baghdadi, declaró desde el 29 de junio una guerra internacional contra los “infieles”.




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