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El estres que no se ve

No todos los chicos se estresan por una agenda sobrecargada y tampoco el síntoma más claro es el cansancio. Cada edad tiene sus signos y hay situaciones que ni sospechamos que los pueden afectar.



Santiago (8) se levanta todos los días a las 6.45 y se pone en marcha para ir a su colegio de doble turno, del cual regresará cerca de las 17. Dos veces por semana practica tenis y el resto de los días los reparte entre clases de inglés y guitarra con un profesor del country adonde se mudó hace dos meses. En el último tiempo, sus padres lo observaron un poco cansado y con pocas ganas de ir al colegio. Entonces, decidieron consultar a un especialista que, tras hacerle estudios, llegó a la conclusión de que Santiago está estresado. Frente a semejante agenda, cualquiera hubiera adivinido el final de este relato, igual que usted mientras lo leía.
El estrés es una respuesta automática y natural del organismo frente a situaciones que provocan miedo o amenaza. Es la manera en que el ser humano reacciona frente a lo que lo desborda (exceso de actividades, de estudio, cambios abruptos o inesperados).
En los chicos, se manifiesta generalmente con dificultades en el rendimiento en la escuela, ya que al comienzo de la escolaridad, la demanda supera la expectativa social y el niño, a su manera, lo hace saber. Los primeros síntomas, independientemente de la edad, son irritabilidad, malhumor, enojo permanente, poca tolerancia a los límites y cambio en hábitos y rutinas.
"Lo primero que hay que revisar son las rutinas y hábitos del niño y evaluar si está sobrecargado y si, pese a llevar una aparente vida tranquila, todo le demanda mucha energía y exigencia", explica Alejandra Libenson, psicopedagoga, psicóloga y autora del libro “Criando hijos, creando personas”. Y agrega: “El estrés puede manifestarse como algo explosivo o todo lo contrario: gente que se mete para adentro, se muestra vulnerable e insegura".

Algo anda mal
El estrés se manifiesta de diferente forma según la edad de los chicos:
➜ Los más pequeños hacen berrinches, duermen o comen mal, son tímidos o agresivos.
➜ Los que ya van a primaria tienen dificultades con sus pares o para realizar en tiempo y forma sus tareas, se distraen, no prestan atención o se desconcentran.
➜ Los adolescentes se retraen un poco, se meten para adentro, se vuelven más desafiantes e intolerables. También bajan sus notas, se llevan materias o dejan de practicar su deporte favorito.

En todos los casos, también hay signos físicos y extenos que alertan sobre la presencia de estrés como llorar, el sudor en las palmas de las manos, correr en dirección opuesta, arranques agresivos o defensivos, comportamientos de mecerse o consolarse a sí mismo, dolores de cabeza y de estómago, comportamientos nerviosos de motricidad fina (torcer o arrancar los cabellos, mascar y chupar, morder la piel y las uñas), accidentes higiénicos (hacerse pis, etc.), y perturbaciones del sueño. Otros más sutiles, pero no menos importantes, son los cambios de carácter.
“Es recomendable prestar atención si el niño duda en seguir haciendo aquello que hacia y disfrutaba o si perdió la sonrisa. Conviene preguntarle si le pasa algo o si está preocupado como una forma de ayudarlo a poner en palabras lo que le pasa”, aconseja Libenson.

Dolor en silencio
Hace dos años, Carolina (9) tenía dolores de cabeza persistentes y había crecido su timidez e introversión. Sus padres también estaban muy preocupados porque no tenía ganas de ir a la escuela. En ese momento, realizaron una consulta y lo primero que surgió es que Carolina no podía expresar su bronca y preocupación por la llegada de una hermanita y por la exagerada atención puesta por todos sus familiares en el bebé.
Por indicación del pediatra, según cuenta su madre, se le hicieron estudios que determinaron que su problema no era orgánico, sino de orden psicógeno y se le indicó consultar a un psicólogo infantil. ”Luego de varias entrevistas, el dolor fue cediendo y Caro pudo empezar, a través del juego, a poner en palabras su preocupación por no sentirse querida e importante por nosotros como antes de la llegada de su hermanita”, recuerda su mamá.
Los especialistas sostienen que un tratamiento o consulta de crianza es, a veces, necesario para brindar orientación a la familia y la escuela y resulta positivo especialmente si se puede centrar más en ver qué necesita el niño en ese momento. Por eso, es importante darles más tiempo a los chicos para hacer las cosas, como así también hacerles notar una mayor disponibilidad de sus padres para esperarlos y ayudarlos.
"Un papá de un niño que tiende a estresarse deberá darle tiempo para metabolizar los cambios que lo puedan afectar. Es importante avisarle al niño si tiene que operarse, mudarse o ir al dentista”, explica la especialista.
Los docentes también pueden ayudar a detectar estos padecimientos en sus alumnos en el aula respetando las individualidades de cada chico, estando atentos a alguna conducta diferente, preguntándole qué le pasa e investigando si hubo algún hecho que lo puede estar alterando.
Es esencial que los maestros hablen con los padres si detectan estos síntomas, pero eviten rotular a los chicos porque se puede tratar de una situación puntual que deberá atravesar. Otra forma de colaborar es solicitar una intervención de la institución a través del gabinete psicológico, si lo hay ,o derivándolo a algún centro de salud al niño y a su familia.

PUNTO DE PARTIDA
Al igual que en la vida adulta, en la de los niños hay un ranking de situaciones que derivan en estrés:
✱ Pérdida de algún padre (por fallecimiento o divorcio).
✱ Momentos prolongados de soledad.
✱ Sentirse molestado por niños mayores.
✱ Tardar mucho en realizar una tarea o lograr algo.
✱ Sentirse humillado o ridiculizado en clase..
✱ Peleas entre los padres en su presencia.
✱ Mudanzas, cambio de colegio.
✱ Situaciones de exámenes.
✱ El momento de la entrega del boletín.
✱ Pérdida de objetos a repetición.
✱ Tener una característica especial física o la utilización de anteojos o algún elemento externo al cuerpo.
✱ El nacimiento de un hermano.
✱ Realizar alguna actividad frente a un público que lo mira y escucha (acto escolar).


MANOS A LA OBRA
➜ Los siguientes son los signos de alerta más comunes que delatan el riesgo de estrés infantil:
➜ Preste atención a si utiliza malas palabras si no lo hacía.
➜ Esté alerta a si están cansados o no logran relajarse para poder acostarse.
➜ Esté muy atento a los trastornos en el sueño y la alimentación.
➜ Investigue los hábitos y rutinas de sus hijos.
➜ Observe las respuestas frente a las frustraciones y el manejo de las mismas.
➜ Esté atento a cómo toleran la puesta de límites por parte de los adultos
➜ Evalúe la auto-exigencia o la proveniente del entorno.
➜ Ayúdelos a anticipar aquellas situaciones potencialmente estresantes.
➜ Enséñeles pautas para poder pedir ayuda cuando se sientan en una situación que no pueden manejar y a confiar en el adulto de referencia: padre, madre, docente, abuelos.

Ayúdelos a expresar su malestar y a no guardárselo por temor o miedo a la respuesta del otro


fuente:http://www.mia.uol.com.ar/edicion_1186/temas_de_hoy.htm
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