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El “feriado” que esconde lo que pasó el 12 de octubre

Por Juan José Rossi (*). Especial para AIM. El feriado del 12 de octubre ha cambiado de nombre. Pero no la significación que tradicionalmente se le intentó otorgar en la conciencia de la gente y en el sistema educativo nacional que aún permanece anclado en una suposición nefasta: “que los europeos irrumpieron para civilizar, pacificar y evangelizar” a la humanidad de nuestro continente. Que aquello fue “un encuentro de culturas”.






Ante un día feriado, de descanso y de celebración de ‘algo’ y del pretendido festejo de una fecha que debería ser de duelo y reflexión; teniendo en cuenta los hechos aberrantes que fueron perpetrados durante los siglos XV al XVIII contra la humanidad y los valores culturales de nuestro continente; ante la negación de nuestra auténtica historia de 40.000 años, considero de absoluta justicia y verdad recordar que la irrupción del sistema occidental en Abya yala no consistió en “civilización y pacificación” ni de “encuentro de diversas culturas” como suele proclamarse desde hace cinco siglos, sino en una cruel e ilegítima invasión a un territorio poblado, en aquel momento, por más de 70 millones de personas y centenares de naciones y logros avalados por tradiciones milenarias.

Nadie ignora que en el transcurso de esos siglos el resultado de la intervención del sistema europeo, más allá de incuestionables aportes en distintos órdenes de la cultura, derivó en apropiación indebida; en genocidio y discriminación; en saqueo irrestricto de materias primas y bienes manufacturados; en uso sin límites de mano de obra cautiva, cobrándose sin piedad e inexplicablemente ―nada menos que un continente que se decía “cristiano”― millones de vidas humanas nativas y africanas.

Ante la pretendida nueva celebración de aquel 12 de octubre de 1492, aún cuando se lo denomine de otra forma (ahora ‘día de la diversidad cultural’) es oportuno manifestar nuestra crítica y rechazo al hecho de que se mantenga este día como feriado para celebrar ‘algo’ y preguntarnos con honestidad intelectual qué es lo que realmente se puede celebrar en esta fecha y cómo resignificarlo, si fuera posible.

¿Celebrar el saqueo?

Pensemos ¿acaso el ingreso del “verdadero” hombre al continente o “el comienzo” de nuestra historia continental o “el inicio de la cultura” en esta tierra maravillosa, es decir, de la filosofía, del arte, de la ciencia, tecnología, religión, política y economía? ¿O, por el contrario, sabiéndolo o no, se intenta hacernos festejar la apropiación indebida del continente por parte de una sociedad de otro sector del planeta? ¿O, quizá, sutilmente se intenta (aún cuando fuere un mecanismo inconsciente) celebrar el saqueo, genocidio y destrucción implacable de sistemas ambientales, sociales, económicos y religiosos locales, tan legítimos, aunque diferentes, como los de otros continentes en esa etapa de la historia universal y en la actualidad?

El nuevo título del feriado, “diversidad cultural”, debe explicarse de forma clara y contundente ya que, al permanecer este día como feriado, la perversidad con que Europa provocó la hecatombe, la división y la confusión en la humanidad de nuestro continente, permanece intacta. Tal cual el sistema presenta el ‘aggiornado’ día de fiesta, apenas se queda en el umbral de un reconocimiento nacional y continental imprescindible si queremos ser ‘nosotros mismos’; que no se trató de ‘encuentro’ de culturas sino de provocación y de una invasión descarada a nivel de historia universal. De una invasión que logró una diversidad de personas, instituciones y culturas tramposa y artificial.

Para entender y asumir un auténtico sentido y enfoque de este día, oscuro y mal relatado en la historiografía, todos deberíamos sentarnos en el aula, en nuestra casa y en nuestro lugar de trabajo como críticos, no tanto del feriado del 12 de octubre sino de la forma de cómo encaramos y vivimos nuestra historia y nuestra filosofía de vida basada, hasta ahora, en los paradigmas e imposiciones del invasor.

Hoy deberíamos tomar conciencia ―el sistema y cada uno de nosotros― de que la historia de Abya yala (América) no empieza en 1492 sino hace 40.000 años; que en ese largo tiempo y en todos los espacios de nuestro continente paulatinamente fueron surgiendo estrategias tan maravillosas como las del resto del mundo: en idiomas, filosofía, organización social, arte, ciencia, industria.

Nosotros, la mayoría, suponemos todavía que aquí no había gente ni historia ni cultura; que el continente estaba vacío cuando irrumpieron los europeos… porque ignoramos los hechos reales. Sólo conocemos, o creemos conocer, lo que nos contó el invasor que solo sometió y se apropió del continente y de su humanidad, hasta hoy, como fuente de recursos ‘para ellos’.

Estudiamos la estructura colonial como si fuera ‘nuestra’ historia y no tomamos conciencia de que fue una estructura invasiva prepotente y extractiva para organizar y asegurar el vaciamiento y la humillación del continente invadido.
Reconocemos que no existe intencionalidad negativa en quienes desde hace mucho tiempo distraídamente sostienen todavía semejante intento de ensalzar el casual arribo de los europeos a nuestras tierras y homenajear con monumentos y loas a quienes llevaron a cabo la invasión y el genocidio, pero nos parece razonable y genuino proponer la rectificación del sentido de una celebración “nacional” que “celebra” y propone a los jóvenes como ejemplares, gestas que produjeron, tanto exterminio de personas cuanto destrucción de bienes culturales. Deberíamos, en este día, reconocer que el sistema educativo calla o disimula el proceso histórico remoto, propio y original, de nuestro continente y que asumimos como propio el del invasor.

No es un día de fiesta

Los 12 de octubre no deberían ser ‘días de fiesta, de celebración’, sino de duelo y homenaje a los millones de congéneres del continente que nos precedieron antes de la invasión y que continúan presentes en el concierto de la humanidad continental, en especial en nuestra Argentina y Entre Ríos. Homenaje a nuestros antepasados que miraron y miran azorados cómo se intenta “celebrar” el ocaso de su esplendor y el vil sometimiento. Pueblos heroicos que mantuvieron y mantienen incólume su cultura y la defienden a pesar de la agobiante presión transcontinental de cinco siglos.

Día de Homenajear y pensar (como los europeos hacen con sus griegos, celtas, romanos y demás), entre otros, a los charrúa, guaraní, chaná; a los inuit, algonquino y dené del subártico; a iroqueses, apache y navajo del norte; a zapoteca, misteca, chichimeca, maya de Centro América; al chibcha, quechua, wichí y mapuche, por nombrar sólo algunas de las muchas naciones de origen pre invasión occidental que, a lo largo del continente, nos estimulan a defender todo lo nuestro, a nuestra tierra y a su fecunda historia de 40 mil años.

No olvidemos que aquellos millones de habitantes exterminados perversamente en nombre de una civilización y religión poderosa, tenían un respaldo histórico-cultural de más de 40 milenios. Una historia que es también la nuestra porque, como ellos, nacimos en esta tierra.

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