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El Folklore nuestro de cada día, hoy leyendas del Peru

La palabra Folklore (voz inglesa , compuesta, creada por William J. Thoms: folk, significa popular; lore significa - referido al pueblo - ciencia o saber ) se refiere al conjunto de las tradiciones, creencias y costumbres de las clases populares.

El folklore no deriva de la naturaleza intrínseca de los bienes o fenómenos. Nada es folklore por fatalidad de su esencia, sino que se convierte en folklore debido a una peculiar asimilación cultural, a una típica actitud colectiva frente a ellos.

En consecuencia el folklore debe ser concebido como un proceso, no como un hecho estático e inmutable. Nada es folklórico por el sólo hecho de existir, sino que llega a serlo si se cumplen las etapas y condiciones de la trayectoria.

El criterio que no debe faltar para apreciar lo folklórico es el de relatividad y especialmente: a) espacial o geográfica (cambios por localización en regiones distintas; b) temporal (cambios a traves de épocas y períodos históricos: de ahí la distinción de folklore en estado naciente, folklore vigente, folklore histórico); c) cultural (traspasos de un estrato social a otro, cambios de función, etc; por ejemplo, fenómeno folklórico que se transforma en proyección, "proyecciones" que dan origen a nuevos fenómenos folklóricos, tras culturaciones procedentes de niveles superiores e inferiores, etc.).

Lo fundamental y característico de la cultura "folk" es que gran parte de los elementos que la constituyen proceden de civilizaciones y culturas pretéritas, asentadas en centro urbanos y radiantes, por lo común alejados.



La barquita misteriosa

En el departamento de Piura, como sabemos, se encuentra Cabo
Blanco. Dicen que en este sitio ocurrió un caso que hasta ahora se recuerda
con mucho temor. Pues cuentan que gentes que se dedicaban a
la pesca en las noches iban en su bote a pescar cerca de Cabo Blanco,
pero no volvían nunca más; sólo su barca era devuelta por las olas a la
orilla, pero sin la menor seña de algún pobre pescador; desaparecían
misteriosamente, como por encanto. Y cuentan que todas las noches aparecía
un barquito luminoso a pasearse y navegar; y luego desaparecía
en la inmensidad de las aguas. En Semana Santa era cuando los dedicados
a la pesca sentían un impulso de irse muy adentro del mar a pescar
pero no se volvía a saber nada de ellos.
La esposa de un pescador estaba cierta vez triste y desesperada por la
tardanza de su esposo, cuando sintió un inmenso calor en todo el cuerpo
y el reflejo tan grande de la luz de aquel barquito; y luego ella quiso
huir hacia su humilde hogar, pero quedó petrificada y una voz débil le
dijo: «No habrá más aflicciones para este sitio, pero pido que mañana,
que es día de San Juan, arrojen al mar un niño sin bautizar, a las doce
de la noche, o si no, los hombres que fueron a pescar desaparecerán».
La mujer palideció y prometió hacer lo convenido; la barca desapareció
rápidamente. Para esto, todas las mujeres comentaban sobre la
voz que había salido de la barca. Y una mujer, haciendo el más grande
de los sacrificios, tomó a su hijita en sus brazos; la niña estaba moribunda,
desahuciada por los médicos; y con gran pena arrojó la criatura
al mar. Y una luz hizo estremecer a la mujer: era la explosión de
aquella barca que según dicen era de un pirata que estaba condenado y
que quiso salvarse haciendo desaparecer a muchos hombres; pero sólo
un niño sin pecado podía salvarlo
; y es por eso que desapareció para
siempre aquella inmensa pena e inquietud de los pescadores, con el
sacrificio de la criatura moribunda. Sin embargo, aún hoy, con mucha
timidez, van cerca de ese sitio, para ver si sale la barquita mágica, pero
la barquita no se asoma. Y dicen que sólo para Semana Santa sale a las
doce de la noche y da terror.



El pueblo de Narihualá
(Piura)

A pocos kilómetros de la ciudad de Catacaos existe un pueblecito
llamado Narihualá. Este pueblo, según relatos históricos y los restos
encontrados, fue poblado por varias tribus. En tiempo en que los tallanes
poblaron esta ciudad, vivían formando ayllus que se dedicaban al
pastoreo y la agricultura.
Al tener noticias de que el conquistador Francisco Pizarro se encontraba
cerca del pueblo, se llenaron de espanto, y se enterraron vivos,
con todas las riquezas que poseían, a fin de que los españoles no se
apoderaran de ellas. También dicen que este pueblo tenía un grandioso
templo dedicado al culto del Sol, adornado con objetos de gran valor.
Entre estos objetos existía una campana de oro; al descubrirla, los españoles
se llenaron de admiración; y aumentó más su codicia. Se arrojaron
para capturar la campana, pero ella se desplomó, y cayó al suelo,
hundiéndose; y no fue posible encontrarla a pesar de los esfuerzos de
los españoles. Hoy este pueblo tiene pocos habitantes; y todavía existen
paredes de casas antiguas. La iglesia está construida sobre una lomita
de tierra, a la cual se le ha denominado el Alto de Narihualá.
Cuentan los pobladores que el día de Viernes Santo1
sale un indiecito
que lleva en la mano derecha un candil encendido y en la izquierda
una campana que al tocarla hace gran ruido; y que este día es el apropiado
para hacer la búsqueda de los objetos enterrados.
Muchas veces han encontrado sepulcros rodeados de objetos de oro,
plata y huacos que contienen dentro gran cantidad de perlas.
Está prohibido por el Gobierno y las autoridades apoderarse de estas
riquezas, aplicando serios castigos a los que desobedecen esta orden.



La playa de Yasila
(Piura)

Yasila es una atrayente playa situada en las proximidades de
Paita.
Acerca del origen de este nombre unos dicen que viene de dos palabras
que se unieron. Un joven llamado Zila vivía en esa playa, y cuando
sus familiares lo llamaban, le decían «Ya Zila», y al unirse estas dos
palabras, llamaron a esta atrayente playa «Yasila».
Según otros el origen de la palabra se remonta a los tiempos del
último inca de una región llamada Chinchasuyo. Había entonces una
familia muy respetada y en ella siempre se destacaba el hijo mayor
como sabio, o sea, Amauta.
En aquel tiempo la tribu nombró como cacique a un hombre llamado
Yucay, el cual era enemigo del Amauta. Siempre, desde su infancia, el
hijo de la familia se había distinguido por su ingenio, es decir, el hijo de
la familia respetada. Este hijo era entonces Huayna, contemporáneo de
Yucay. En cambio Yucay era envidioso, y siempre buscaba la forma de
deshacer el trabajo de Huayna, pero éste, que era más hábil que Yucay,
lograba evitarlo.
Pasaron algunos años hasta que Yucay se destacó como guerrero
y lo elevaron a cacique. Lo primero que hizo fue expulsar a la familia
de Huayna, y ordenó que se retiraran en secreto, durante la noche. La
familia de Huayna se componía de siete personas, y salieron en más de
100 llamas, pues se les permitió que llevaran sus tesoros.
El viaje fue penoso, hasta que llegaron a una playa solitaria. Y sintieron
temor; pero luego se acostumbraron a la soledad, y decidieron
quedarse. Y empezaron a construir sus viviendas.

Pero como la felicidad nunca es duradera, cierto día unos indios
desconocidos, incivilizados, llegaron a perturbarles su tranquilidad,
atacándolos. Ellos pensaron en salvarse y se embarcaron en un gran
bote, gimiendo y pidiendo ayuda. Mas, viendo que todo era inútil, resolvieron
callarse.
La familia de Huayna continuó navegando en su canoa, cantando
himnos al sol, y en sus estrofas decían varias veces: «Yasila, Yasila».
De allí que la gente de aquellos tiempos optó por llamarle a este lugar
Yasila.



La bella durmiente

Cuentan los antiguos pobladores que un joven llamado Cuynac, atravesando la selva de Huánuco se encontró con una jovencita, quien era la princesa Nunash, los dos llegaron a enamorarse, y construyeron una mansión cercana a Pachas, a la cual le puso el nombre de Cuynash en honor de su amada.
La pareja vivió feliz por un tiempo rodeado de servidores y vasallos, pero esta felicidad llegaría a durar muy poco.
Un día llegó el padre de la princesa Amaru convertido un monstruo en forma de culebra. Cuynac con su hechicería, convirtió a la princesa en mariposa y él se convirtió en piedra para no ser atacados por el monstruo.
La princesa se valió de su nuevo estado para ir a la selva a buscar ayuda, consiguiendo vencer al monstruo.
La princesa logró retornar a su estado normal, pero Cuynac no pudo. Nunash, la princesa buscó al príncipe, y cansada de hacerlo se sentó en una piedra sin darse cuenta que ya había encontrado a su amado. Mientras ella dormía escuchó la voz del príncipe que le decía: “Amada ya no me busques los dioses han complacido mi deseo ahora soy solo una piedra destinada a permanecer en este estado para siempre, si tú me quieres todavía permanece a mi lado toda la vida en este cerro, y que en las noches de luna se note ante la mirada de la gente como mujer dormida” la princesa aceptó la propuesta de su amado y quedó convertida en piedra, lo que hoy es la figura de la bella durmiente.



El tunchi maligno

Vaga por las noches oscuras de la selva, como alma en pena, unos dicen que es un ave, otros que es un brujo o un espíritu del mal “diablo” que goza aterrorizando a la gente. Pero nadie lo ha visto, y todos lo reconocen con temor cuando en plena oscuridad lanza al aire un silbido penetrante “fin....fin...fin...” que por instantes se pierde en el monte a lo lejos, pero vuelve a silbar ya sobre el techo de una casa o a la orilla del río. Todo es tan rápido que la gente solo atina a persignarse o rezar, porque existe la creencia de que cuando silva con insistencia, por los alrededores de un pueblo, anuncia malos presagios y cuando lo hace sobre una casa, enfermedad o muerte.
Burlarse del tunchi o tunche, insultarlo, puede costarle caro al atrevido, ya que lo hará enfurecer y entonces atacará con mayor insistencia, silbando... silbando... lo perseguirá tanto que hasta el más valiente terminará entrando en pánico, que puede llevarlo a la locura o muerte...



El ayaymama

Cuenta la leyenda que una epidemia estaba acabando con la gente de una comunidad nativa. Que la madre de dos niños, sintiéndose con los primeros síntomas de la enfermedad, quiso salvar del mal a sus pequeños y entonces los llevó al monte, muy lejos y los dejó en ese lugar. Cerca de una linda quebrada, abundante en peces y árboles frutales. Con gran pena los dejó, sabiendo que no los volvería a ver más. Ellos jugaron, comieron frutos y se bañaron en la quebradita, pero ya en la noche sintieron la falta de su madre y partieron en su búsqueda pero se perdieron en el monte.
Asustados, llorando de pena decían cómo no ser aves para poder volar donde mamá. Y el dueño del monte tuvo pena y los convirtió en avecitas y ellos volaron, pero cuando llegaron a su pueblo vieron que ya nadie vivía, todos habían muerto. Desde entonces no dejan de volar y volar, y cuando se posan en lo alto de un árbol, cansados de buscar a su madre, hacen oír su canto lastimero ayaymamá... ayaymamá...
Otra versión de esta leyenda es:
La leyenda del Ayaymama, narra el abandono de dos niños en la selva tras perder a la mamá. La madrastra y el papá dejan a su suerte a los menores en la montaña simulando un paseo. Los niños se volvieron en pajaritos y en una noche de luna volaron hasta el techo de la casa de la madrastra y emitieron su canto:
Ayaymama, Huischuhuarca: Nuestra madre ha muerto y nos abandonaron.



el Yacuruna

es un dios mitológico que vive en las profundidades de los ríos y los lagos de la amazonía cerca de Iquitos. Él tiene el poder para convertirse en forma humano dando la apariencia de ser un hombre guapo. Usando poderes mágicos de seducción, él a menudo engaña a las muchachas inocentes, haciéndolas enamorarse de él y seduciéndolos. Una vez que han caído a sus hechizos, él trae las chicas para su hogar en las profundidades del agua donde se convierten en los seres subacuáticos parecidos a la Yacuruna, para nunca más verse otra vez por el mundo exterior. Según esta leyenda de Iquitos, la Yacuruna es parecida al dios Poseidon de mitología griega. Sus sujetos naturales son los peces y los reptiles acuáticos. Se dicen que él viaja por los ríos y los lagos del la amazonía por la noche montando un enorme cocodrilo negro, adornado con una boa como un collar. Las personas locales de Iquitos dicen que durante el día, la Yacuruna duerme en las profundidades de las aguas, nunca cerrando un ojo. Según la leyenda de Iquitos, el Yacuruna puede comunicarse con animales acuáticos y utiliza sus poderes para dominarlos. También, algunos dicen que la Yacuruna se puede trasmutar en un delfín rosado. Además, muchas personas de Iquitos creen que el delfín rosado del rió es atraído hacia el olor de sangre de mujeres menstruantes. Una vez que su víctima inocente está ubicada, El Yacuruna puede transformarse desde la forma de un delfín en la imagen de un forastero bien guapo. Una vez en forma humana, la Yacuruna pueda hipnotizar a la chica y pueda usar afrodisíacos para seducirla. Bajo de sus hechizos, la mujer está secuestrada por el hechicero y traída para su reino en las profundidades de los ríos y los lagos de la Amazonía. .



EL DORADO

El rey de Guatavita cayó profundamente enamorado de una bonita mujer joven de la
tribu vecina, La esposó y tuvieron una hija. Pero el rey se consagró mucho a su función, dejándose ir al libertinaje, engañando y olvidando a su esposa. Ésta, sintiéndose abandonada se desesperaba, Sin embargo, los dos esposos amaban profundamente a su hija. Un día, en una gran fiesta, la reina se enamoró de un bello y joven guerrero, enamorados uno del otro, comenzaron a exhibirse mofándose de la vigilancia del rey. Estos encuentros ilegítimos terminaron por ser conocidos por aquel que no tardó en sorprenderles, el guerrero fue hecho prisionero y sometido a terribles torturas, hasta que se le quitó el corazón antes de empalarlo; esa misma noche se organizó una gran fiesta en honor de la soberana, en el curso de la comida se le ofreció un plato refinado, el corazón de un animal salvaje. La reina lo miró con desconfianza, después se dio cuenta con horror que estaba ahí un pedazo de su amante; de repente, el ambiente
festivo dejó lugar a un gran silencio cuando resonó el grito de terror de la reina. El tinte pálido como una muerta y el corazón magullado, fue a buscar a su hija antes de hundirse precipitadamente en las tinieblas. Sin reflexionar un solo instante, se tiró en la laguna sagrada de Guatavita. Los sacerdotes se apresuraron a transmitir la noticia al monarca ebrio que, loco de dolor, corrió a la laguna comprendiendo cuánto amaba a esta mujer y cómo ella lo había hecho feliz antes. El corazón lleno de llanto, ordenó a los sacerdotes recuperar el cuerpo de su esposa. Éstos revelaron que la reina vivía feliz en una casa submarina con una serpiente que estaba enamorada de ella. Angustiado, el rey reclamó que le trajeran al menos a su hija. Los sacerdotes la trajeron y pudieron constatar que ella no tenía más los ojos, entonces el padre decidió devolverla a su madre. El rey inconsolable perdonó a su esposa prometiéndole ofrendas para que ella tuviese en el más allá la dicha que había conocido tan brevemente a su lado, los sacerdotes, los ntermediarios entre los hombres y la diosa de las aguas (la antigua reina), vivían en el borde de la laguna esperando su próxima aparición, una noche de luna llena. Los chibchas hicieron de la laguna de Guatavita (formando un círculo casi perfecto) un lugar de culto donde se le hacía ofrendas de figuras de oro y esmeraldas a la diosa tutelar. Ella, en forma de serpiente, surgía de las aguas para recordar al pueblo la promesa de tesoros que se le había hecho. Las ofrendas se hicieron más y más numerosas a fin de calmar el dolor del rey. Pero la ceremonia tuvo luego otro objetivo. Era un acto político-religioso que se realizaba para la consagración de un nuevo Zipa
(rey de Bacatá, actual Bogotá).
Los días que precedían a la ceremonia, el rey y su pueblo comenzaban un período de ayuno y abstinencia. Durante este período confeccionaban máscaras y ricas vestimentas, arreglaban sus instrumentos de música y preparaban los mets de la chicha (alcohol de maíz) para el gran día. Los pueblos vecinos se unían a la fiesta y todos, por un tiempo, olvidaban sus penas y sus llantos. Después venía el momento tan esperado.
Antes de que despuntara el alba, todo estaba listo para comenzar la procesión hacia la laguna sagrada al son de tambores y flautas. La multitud, engalanada de bellos atavíos y sus joyas entonaba canciones. Después seguía el cortejo real escoltado por los guerreros portando arco, flechas y lanzas, a algunos metros de la laguna, el rey descendía de su palanquín y se dirigía hacia la barca real, marchando sobre las capas que ubicaban bajo sus pies los guerreros y los cortesanos. Sobre la barca recubierta de capas y de flores no tomaban lugar más que los miembros más meritorios de la corte, dejando libre la plaza central para el monarca. Tan pronto como se ubicaba al centro de la barca el rey dejaba caer su capa roja mostrando a todos su cuerpo recubierto de polvos de oro. La barca real se alejaba lentamente mientras que la multitud, la espalda vuelta a la laguna, o la cabeza baja hacia el suelo para no ofender, hacía oír sus plegarias y cánticos. En medio de la laguna, el Zipa apuntaba su mirada hacia el oriente,
esperando el sol. Cuando el cielo se teñía de rojo, el rey murmuraba plegarias. Y al momento cuando el sol surgía y bañaba de luz la barca real, el monarca levaba los brazos al cielo lanzando un grito de alegría repetido enseguida por toda la multitud.
Pronunciando aún unas plegarias, el Zipa tiraba al fondo de la laguna las admirables esmeraldas y los objetos de oro, después se sumergía él mismo en las aguas sagradas. Resurgía purificado y la barca regresaba a la ribera mientras que la multitud permanecía cabeza baja o de espaldas a la laguna. El rey marchaba de nuevo sobre las capas hasta su palanquín que lo llevaba hasta su morada. Una vez el ritual y la consagración del Zipa acabados, comenzaba la fiesta que terminaba en la ebriedad. El relato de este fastuoso ceremonial llega hasta nuestros oídos por el conquistador español Sebastián de Benalcázar quien, obsesionado por el oro, hizo la leyenda de
Eldorado (el hombre dorado), que iba a traer a América una multitud de aventureros en busca de ciudades de oro.



LEYENDA DE MANCO CÁPAC Y MAMA OCLLO

En las regiones cercanas al Lago Titicaca, los hombres vivían como animales salvajes, ya que no tenían religión, leyes o una organización que los aglutinara. Estos habitantes desconocían la agricultura y no poseían técnicas de textilería por lo cual andaban desnudos. Ellos tenían como hogares a las cavernas y se alimentaban de la caza y recolección de alimentos.
El dios Inti, se compadeció de aquellas personas y envió a su hijo Ayar Manco junto a su hermana Mama Ocllo para que civilizaran a esas poblaciones bárbaras y fundara un imperio que honrara al dios Inti. Ayar Manco se dedicó a enseñarles a los hombres normas de convivencia en sociedad y a adorar al dios Inti. En cambio, Mama Ocllo les enseño a las mujeres técnicas de textilería y labores domésticas.
Ayar Manco, llamado también Manco Capac, antes tuvo que fundar una ciudad, la cual sería el centro del mundo. Su padre, el dios Inti, le proporcionó una vara de oro para que buscara la tierra prometida. Les recomendó viajar hacia el norte del lago Titicaca y hundir el bastón de oro en las tierras por donde pasaran hasta encontrar el lugar en donde este se hunda la vara con facilidad y allí fundar la ciudad del Cusco en donde dirigían su imperio.

Al llegar a una región norteña del Lago Titicaca, fueron vistos por los lugareños quienes los confundieron con dioses debido al brillo de sus vestimentas y joyas. Pasaban los días y Manco Capac no hallaba la tierra en donde el bastón se hundiese con facilidad. Pero un día al llegar a un valle majestuoso acordonado por bellas montañas,la vara de oro se enterró en el suelo ante el asombro de Manco Capac y Mama Ocllo. Es así como supieron que ese lugar debería
convertirse en la capital del Imperio de los Incas y ombligo del mundo.
Hijos del Perú Manco Capac prontamente emprendió la tarea civilizadora en el valle del Cusco.
Enseño a los hombres la agricultura, la pesca, la construcción de viviendas, las ciencias, la religión, etc. Mama Ocllo tuvo la tarea de capacitar a las mujeres en labores domésticas y de tejido para crear vestimentas que los cubran de su desnudez. Manco Capac junto a Mama Ocllo fueron los fundadores del imperio que luego harían grande sus descendientes. La Leyenda de Manco Cápac y Mama Ocllo o llamada también Leyenda del lago Titcaca: Esta fue dada a conocer por el cronista Inca Garcilaso de la Vega (1539 – 1616) que fue hijo de un capitán español Sebastián Garcilaso de la Vega y de la ñusta Isabel Chimpu Ocllo, nieta de Túpac Yupanqui. La familia materna del Garcilazo de la Vega pertenecía a la nobleza incaica fue la que le proporciono toda la información de primera mano sobre los orígenes de la cultura Inca.


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