El hombre que cambió el rumbo de la ciencia por accidente
¿Qué sería de nosotros si no tuviéramos memoria, si un día despertáramos sin recordar qué hicimos el día pasado, ni el anterior, ni algún otro? O peor aún, si no pudiéramos generar nuevos recuerdos nunca más. Viviríamos forzados a experimentar todo por primera vez, todos los días. Justo como lo hizo durante 55 años Henry Molaison, el hombre que sacrificó sus recuerdos para vivir mejor…
Se cree que la desgracia de Molaison comenzó cuando tenía 9 años y fue atropellado por un ciclista mientras caminaba por la calle. A partir de ese momento su vida se vio afectada por una serie de convulsiones que le impedían vivir de manera normal.
Era 1935 y la neurociencia no estaba preparada para indagar en el interior del cerebro humano. Apenas se conocían los mecanismos biológicos que implican la memoria y el aprendizaje. Por lo que Henry tuvo que vivir 18 años soportando los repentinos episodios de convulsión que le hacían perder el conocimiento.
Después de quedar totalmente imposibilitado para trabajar como mecánico de motores, Henry llegó al consultorio del neurocirujano William Beecher Scoville quien experimentó con él, proporcionándole distintos tratamientos contra su enfermedad; sin embargo, ninguno parecía funcionar. Tras agotar alternativas, Scoville encontró que el origen de las convulsiones se encontraba en los lóbulos temporales, así que sometió a Henry a una operación cerebral que consistió en extirpar dos terceras partes del hipocampo (asociado a la memoria), giro hipocampal, y amígdala (alberga emociones básicas como el enojo y el miedo).
Las convulsiones de Henry desaparecieron, pero su capacidad de recordar y generar nuevos recuerdos también. Tras la operación, Henry entró en un estado de amnesia profunda que lo condenó eternamente a ser un prisionero del presente: cada vez que comía, salía a pasear o saludaba a un amigo, tenía la sensación de ser la primera vez. Todos conocían a Henry Molaison, sin embargo, él no podía recordar a nadie.
Alarmado por la situación, Scoville pidió ayuda a Wilder Penfield, un famoso cirujano de la época, y a la psicóloga Brenda Milner, quienes a partir de sus investigaciones con Henry, hicieron importantes hallazgos que beneficiaron a la neurología. Descubrieron, por ejemplo, que la memoria no está distribuida ampliamente por todo el cerebro y, por supuesto, que las lesiones cerebrales producidas por alteraciones quirúrgicas o por accidentes alteran la memoria. Por increíble que parezca, en ese entonces no se tenían aquellos conocimientos que hoy parecen obvios.
El paciente H.M, como fue nombrado durante varios años para cuidar su identidad, vivió los últimos 50 años de su vida asistiendo a un centro médico en Connecticut, donde era constantemente visitado por decenas de especialistas que quedaron asombrados por su caso.
En 1962, la doctora Milner halló la parte de la memoria de Henry que se encontraba intacta, pues realizó distintos experimentos que retaban su memoria, en los cuales todos salieron victoriosos, pues a partir de ese entonces, los científicos reconocieron la existencia de dos sistemas en el cerebro para crear nuevos recuerdos: la memoria declarativa (registra nombres, rostros y nuevas experiencias) y la memoria motora (relacionada a técnicas de movimiento, por ejemplo: aprender a andar en bici). También se descubrió que la memoria a corto plazo de Henry funcionaba 20 segundos.
Lo sorprendente es que a pesar de todo, Henry aún conservaba esbozos de episodios de su infancia, aunque no podía ubicarlos en el tiempo, y mucho menos, narrarlos. Las personas que trataron con él, lo recuerdan como una persona muy perceptiva y alegre.
La vida sin recuerdos de Henry Molaison terminó el 2 de diciembre de 2008, cuando tenía 82 años, a causa de insuficiencia respiratoria, en un asilo para ancianos. Un año después su cerebro fue diseccionado en 2 mil 401 cortes histológicos, que ayudaron a crear un mapa tridimensional del órgano para continuar las investigaciones.
El gremio científico recordará a Henry por haber sido el paciente más importante en la Historia de la neurociencia. Aunque al mundo entero le dejó una gran enseñanza: sí es posible vivir sin recuerdos.

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