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El iPhone muestra por qué la guerra contra China es inúti

La guerra comercial librada por el presidente de EE.UU. contra Pekín se basa "en una comprensión simplista de la balanza comercial", advierten tres investigadores estadounidenses.
Ejemplo simple: El iPhone muestra por qué la guerra comercial de Trump contra China "es inútil"



Fanáticos de Apple acuden a una tienda de la compañía en Pekín (China), para comprar el nuevo iPhone X.

La guerra comercial de Donald Trump contra China "es inútil" y "nunca debió haber empezado", ya que se basa "en una comprensión simplista de la balanza comercial", sostienen los investigadores estadounidenses Jason Dedrick, Greg Linden y Kenneth L. Kraemer en un artículo para The Conversation.

Los expertos analizan el caso del iPhone, que se ensambla en China y podría verse afectado por los nuevos aranceles anunciados por la Administración Trump.

Cuando un iPhone llega a EE.UU., se registra como una importación con un costo de fábrica de alrededor de 240 dólares, que se agrega al enorme déficit comercial bilateral entre Washington y Pekín. Por lo tanto, las importaciones de los iPhone "le parecen una gran pérdida a EE.UU., o al menos a su presidente", explican los analistas.

Sin embargo, al desglosar y estudiar los costos de un iPhone, estos tres expertos revelan cuánto en realidad obtiene China cuando exporta esos teléfonos.


Menos de 8,5 dólares

En el caso de un iPhone 7, los investigadores explican que sus componentes más valiosos (la pantalla táctil, los chips de memoria, los microprocesadores, etc.) provienen de compañías estadounidenses, japonesas, coreanas y taiwanesas, como Intel, Sony, Samsung y Foxconn. Por el contrario, casi ninguno de estos componentes se fabrica en China: Apple los compra y los envía al país asiático, de donde salen ya dentro del artefacto. En cuanto a las famosas fábricas chinas de iPhone, las compañías que los ensamblan están todas en Taiwán.




De esta manera, China solo gana unos 8,46 dólares por cada uno de ellos, o sea el 3,6 % del total de su costo de fábrica individual, que es de de 237,45 dólares. Los demás 228,99 dólares se distribuyen principalmente entre EE.UU. y Japón (68 dólares para cada uno), Taiwán (unos 48 dólares) y Corea del Sur (un poco menos de 17). Además, aproximadamente 283 dólares de ganancia bruta sobre el precio minorista —y cerca de 649 dólares para un modelo de 32GB, cuando el teléfono debutó— van directamente a las arcas de Apple.

"En resumen, China obtiene muchos trabajos (mal pagados), mientras que las ganancias fluyen a otros países", señalan los investigadores.


China como "una planta de ensamblaje gigante"

Resultados similares han arrojado otros estudios de la balanza comercial EE.UU.-China, según recogen los expertos. Y precisan que del déficit comercial de 375.000 millones de dólares en 2017, probablemente un tercio en realidad involucra insumos que provienen de otros lugares, incluidos los EE.UU.

En general, los autores del artículo señalan que la utilización de China "como una gigantesca planta de ensamblaje" ha sido positiva para la economía de EE.UU. Al aprovechar una cadena de suministro global "enorme y altamente eficiente", Apple puede lanzar nuevos productos al mercado a precios comparables a los de sus competidores, especialmente el gigante coreano Samsung.


Por su parte, los consumidores se benefician de productos innovadores, y miles de empresas y personas han creado negocios en torno al surgimiento de aplicaciones que se venden en la App Store, recuerdan los expertos. Además, subrayan que Apple usa sus ganancias "para pagarle a sus ejércitos de ingenieros" de 'hardware' y 'software', vendedores, ejecutivos, abogados y empleados de Apple Store, y la mayoría de estos trabajos están en EE.UU.

De este modo, si la próxima ronda de aranceles encarece el iPhone, la demanda disminuirá, mientras que Samsung, que no se verá afectado por la medida, podrá ganar cuotas de mercado a costas de Apple, moviendo las ganancias y los trabajos de alto salario de EE.UU. a Corea del Sur, advierten los científicos.


"Una guerra que nunca debió haber empezado"

En definitiva, en lo que respecta al comercio, las políticas "deberían reflejar que la fabricación ahora es una red global", mientras que la guerra comercial de Trump "se basa en una comprensión simplista de la balanza comercial", aseveran los investigadores.

En su opinión, la ampliación de las tarifas arancelarias impuestas a cada vez más productos "pesará sobre los consumidores, trabajadores y empresas" de EE.UU., y "no hay garantía de que el resultado final sea bueno cuando termine la disputa".

"Esta es una guerra que nunca debió haber empezado", concluyen los expertos.



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