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El ISIS de Obama

El ISIS de Obama

GUILLERMO DESCALZI

09/17/2014 12:51 PM 09/17/2014 1:03 PM









No será fácil lidiar con ISIS. Consumirá mucho de lo que queda en la administración Obama, y lleva a preguntarse si sabrá lo que hace. Su plan es a la vez muy comprometedor y falto de realidad. Se ha comprometido a ‘degradar’ y ‘eventualmente destruir’ el Califato, y los legisladores en Washington están felices porque no les pedirá aprobación para la porción americana de esta guerra, la aérea. Si es un desastre será todo de Obama.


Nuestra aviación va a bombardear a ISIS en Irak y Siria. En tierra iraquí Obama quiere un ejército sunita. Sea como sea ese ejército, de uno o más países, el chía Irán no se va a quedar quieto mientras un ejército suní interviene Irak. Ahora, si ISIS es nuestro enemigo, y si Irán es nuestro enemigo, y si ISIS e Irán son enemigos… ¿Por qué no dejar que ISIS e Irán se ‘degraden’ mutuamente? Porque Obama quiere controlar el resultado, por eso, si pudiese hacerlo.


Obama sí quiere apoyo congresional para armar y entrenar la oposición moderada en Siria, muy debilitada por falta de apoyo y promesas rotas. ¿Apoyo? Obama quiere, por si Siria se vuelve una carnicería mayor de la que ya es, que el Congreso comparta responsabilidad en tierra siria. ¿Por qué? Por previsión de fracaso, porque nuestra democracia es un espejismo en el mundo árabe-islámico donde podemos contar como ‘amigos’ solo algunos gobiernos clientes y totalitarios como los de Egipto, Arabia Saudita y los Emiratos Árabes. Hasta allí la realidad. Luego viene lo ingenuo en ambos lados. Assad pretende unirse a nuestra coalición contra el terrorismo. Luego, es ingenuo pensar que Irán se quedará de brazos cruzados. Es igualmente ingenuo pensar en ubicar, armar y entrenar una oposición ‘moderada’ para derrotar simultáneamente a ISIS y Assad, el que se nos quiere unir. En casa, mientras tanto, hay otro aspecto a lo que viene.



Estados Unidos ya no es el motor que fue de la industria, comercio y finanzas mundiales. Hoy es un consumidor endeudado, y esta guerra nos va a endeudar más. Será otra guerra financiada, y va a ahondar nuestros problemas. El 3 por ciento de nuestra población posee 80 por ciento de los bienes del país, y el 97 por ciento restante es dueño nominal, solo nominal, de lo que queda. Es así porque la mayoría tenemos nuestras vidas casi enteramente hipotecadas, con casas y autos financiados y tarjetas de crédito para lo demás. Ese 97 por ciento trabaja para servir sus tarjetas y deudas, nada más, porque la situación es tal que pocos pretenden terminar de pagarlas. La mayoría las manejamos en un acto de gran malabarismo crediticio. Luego está la deuda nacional que descansa sobre el trabajo del 97 por ciento que no es propietario real de casi nada. Llegará el momento cuando ese 97 por ciento será insuficiente para mantener a Washington sirviendo su deuda. Sería menos dañino a nuestra economía y más saludable para nuestra sociedad si esta guerra la financiáramos con sacrificio, pero el sacrificio se ha vuelto casi apátrida ante el derecho a la felicidad encumbrado en los adoratorios políticos del país.



El sistema económico funciona al borde del colapso. El descalabro lo pagarán nuestros hijos como ya lo están pagando el 57 por ciento de menores de 25 años desempleados en Grecia, 54 por ciento en España, 24 por ciento en Europa en general.



Obama es uno más de los presidentes que mezclan y confunden préstamos con capital. ¿Nos prestamos más para esta guerra, les parece? Está, mientras tanto, debilitándose y disminuyendo el motivo por el cual el Medio Oriente es crítico para el mundo industrial, su necesidad de petróleo. La economía de hoy, informática y computacional, es post-petrolera pero seguimos por reflejo condicionado defendiendo un petróleo cada vez menos estratégico.



Asumimos esta guerra por ese petróleo cada vez menos estratégico. Quizás un poco de acción oportuna la hubiese prevenido, pero no fue así y ahora necesitamos lidiar con esa secta religiosa, extrema y excluyente entre los mismos musulmanes, la de los suní-salafi-sahabí de ISIS, que predican el deber de matar a quienes no comulguen con ellos. Es absurdo, pero es un absurdo común en el extremismo islámico.



Somos muy parecidos y vivimos muy diferentemente, con religiones que encasillan nuestras maneras de vivir. Por eso existen las guerras religiosas. ¿Qué será más duro para una sociedad, quedarse sin dinero o quedarse sin su Dios? Esta no será una guerra religiosa para nosotros, pero lo es para ‘ellos’, y nuestra dificultad está en que por más que no ataquemos su religión, la gente con la que luchamos lucha por su religión y va a consumir los últimos años de Obama porque no tenemos claro ni en qué consiste ‘ganar’ ni para qué queremos ‘ganarles’.

¿Será para prevenir una dictadura suní ‘monopólica’ asegurando una dictadura chía ‘inclusiva’? Cuando lo sepamos sabremos si lo podemos hacer… y la estrategia para hacerlo.




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