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El jazz, esa música que tan bien le sienta a Lady Gaga





Lady Gaga



Pony Bennett tiene 98 años y ciento cincuenta y siete discos en su haber. Lady Gaga, apenas 48 y siete álbumes editados. Sin embargo, el abismo generacional y la distancia artística se hacen añicos en este buen ejercicio de duetos que es Cheek to Cheek. El Cole Porter irresistible que abre el álbum, "Anything Goes", es todo un guiño que anticipa lo que oiremos a continuación: todo vale, nos dicen desde el título, y la intención y el riesgo pagan con creces.

En los últimos años, los álbumes de dúos pasaron a formar parte del gran manotazo de ahogados de la industria discográfica. El mismísimo Bennett viene de una saga de duetos con cantantes sajones y latinoamericanos. Sin embargo, este cruce entre Stefani Germanotta y Anthony Benedetto (sus nombres reales) excede el alcance de las estrategias de marketing. Un cruce propiciado, precisamente, por esos álbumes a dos voces que registró el histórico crooner y en el que coincidió en un tema con Lady Gaga, "The Lady Is a Tramp". La química entre ambos, el repertorio eterno del Great American Songbook (el cancionero popular norteamericano) y otro puñado de standards hicieron lo demás.

Si había alguien que podía salir malherido de este ejercicio, ésa era la Germanotta. Correrse de sus canciones y del repertorio pop pudo haber sido faltal, encima junto a un intérprete que se mueve como pez en el agua en los standards. Después de una gira en la que la diva pop debió cancelar algunos conciertos y responder a las críticas por actitudes provocativas alla Madonna, la idea que llevaba un tiempo rondando en la cabeza de Bennett resultó un bálsamo para la cantante.

La alegría y la excitación por el desafío quedan demostradas en la inicial "Anything Goes", un registro más a flor de piel del tema de Porter que da nombre al mítico musical, más citadino y enérgico que en versiones clásicas, como las de Ella Fitzgerald o la de Patti LuPone de fines de los 80. Es cierto, aquí luce por demás excitada Lady Gaga, pero en las catorce canciones restantes encontrará el tono justo, el color apropiado, para darles una vida nueva a estos clásicos que tienen cientos de versiones a cargo de Ella, Nat King Cole, Frank Sinatra y el propio Bennett.



La síntesis perfecta de esta comunión entre el crooner y la estrella pop -tranquilamente podría ser entre el abuelo y su nieta- es "Nature Boy". Aquí Lady G se deslumbra con una interpretación más blusera que la versión inmortal de Nat King Cole. La cantante luce frágil, se mantiene a distancia prudencial del clisé de la femme fatale y deja la sensación de que no hay mejor compañera que ella para Mr. Bennett.

¿Dónde sino en la Gran Manzana iba a registrarse este álbum? Hijos de Nueva York, ambos con sangre italiana en sus venas, Bennett y Gaga se dejaron llevar por la metrópoli y se inspiraron en ella para, por ejemplo, entregar una versión trepidante y actual de "Cheek to Cheek", de Irving Berlin.

Suerte de viaje en el tiempo, cuando Gaga seduce en "Every Time We Say Goodbye", de Cole Porter -sin Bennett, tan sólo acompañada por el piano- intenta y logra transportarnos, llevarnos a la época dorada del swing y los baladistas. Acto seguido, y para salir rápido de esa melancolía que amenaza invadirnos, el crooner a quien no parecen pasarle los años se convierte en su amigo Sinatra: en "Firefly", luce como el Frankie de "Love and Marriage".

Como no podía ser de otra manera, hay un Gershwin entre los quince temas: "They All Laughed" (de George e Ira). También, un par de Duke Ellington: "Sophisticated Lady", en la que Bennett se las arregla solo, y la final "It Don't Mean a Thing (If it Ain't Got That Swing)", una pieza irresistible que deja sonriente al oyente a puro swing.

La gran orquesta que acompaña a los cantantes está dirigida por un argentino, Jorge Calaldrelli. Colaborador habitual de Bennett, es también responsable de la orquestación y de ese clima de era dorada que sugieren y acentúan los cantantes.

Es imposible evitarlo. La primera escucha es de aproximación y de evaluación. Pero mayor será la sorpresa para quienes crean que la Germanotta no está a las alturas de las circunstancias. Al final, todos sucumbimos y disfrutamos del riesgo que tomó la dupla.