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El lado creyente de Stephen Hawking que nadie conocía







Stephen Hawking siempre será recordado no solo por sus importantes aportes a la humanidad, sino por su ferviente ateísmo. Lo curioso es que, sin pensarlo, estuvo ligado a la fe en Dios durante muchos años.



Stephen Hawking, el científico que desde una silla de ruedas hizo los descubrimientos más relevantes de la historia de la humanidad, falleció a los 76 años en su casa de Cambridge. Algo que siempre lo caracterizó fue su ferviente ateísmo, que nunca ocultó. Sin embargo, pocos saben que en uno de los pasajes de su vida, el físico estuvo bastante cerca de la fe en Dios.







Lo que no es novedad para nadie es que Hawking creció en un ambiente de increencia total. Sus padres eran ateos y su formación excluía cualquier pensamiento religioso. No obstante, en 1962, conoció a Jane Wilde, con quien se casó 3 años después, justo cuando empezaba a manifestarse en él la esclerosis lateral amiotrófica.







En 1963, los médicos le habían negado toda esperanza de recuperación a Hawking, dándole solo 2 años más de vida. ¿Qué fue, entonces, lo que le dio las fuerzas para no darse por vencido y seguir luchando? Tal vez, la clave estuvo en Jane, su esposa creyente.



“Sin mi fe en Dios jamás hubiera podido vivir en esta situación y no hubiera podido casarme con Stephen, porque no hubiera tenido el optimismo que necesitaba para enfrentarme con este desafío”, reveló Jane Wilde sobre ese periodo de la vida de ambos.







Años después, a la pareja le tocaría vivir otro episodio trágico en el que, nuevamente, la creencia de Jane tendría algo que ver. En 1985, los médicos le dijeron que iban a desconectar a su esposo del respirador artificial del que dependía, tras quedar en coma por una neumonía virulenta.



Jane recuerda esta escena en su libro “Hacia el infinito”, donde cuenta que se aferró a Dios como tantas otras veces. Ese Dios en el que ella siempre creyó “para resistir y mantener la esperanza” frente al ateísmo de su esposo enfermo, que despreciaba e incluso se burlaba de sus “supersticiones religiosas”, porque “la única diosa de Stephen Hawking es y siempre fue la Física”.







En entrevista para el diario español El Mundo, Jane recuerda que los médicos suizos le dieron a entender que no había nada que hacer, y que si ella lo autorizaba, desconectarían el respirador para dejarlo morir con el mínimo dolor posible.



“Desconectar el respirador era impensable. ¡Qué final más ignominioso para una lucha tan heroica por la vida! ¡Qué negación de todo por lo que también yo había luchado! Mi respuesta fue rápida: Stephen debe vivir”.



A los médicos no les quedó más que realizar una traqueotomía que salvó la vida al científico pero también le dejó sin habla, obligándole a comunicarse con la voz robótica de su sintetizador.



Jane afirmó que no se equivocó al tomar esta decisión que permitió vivir al astrofísico y llegar hasta los 76 años de vida, cuando lo habían desahuciado hace mucho tiempo atrás.







“Yo entendía las razones del ateísmo de Stephen, porque si a la edad de 21 años a una persona se le diagnostica una enfermedad tan terrible, ¿va a creer en un Dios bueno? Yo creo que no”.



Lamentablemente, las diferentes formas de ver la vida de la pareja hicieron que finalmente se divorcien en 1991. Por un lado, Stephen solo creía en los hechos, mientras que Jane necesitaba de la fe para tener consuelo y superar los momentos difíciles de la vida.




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