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El lavado de cerebro masivo

SI A UNO DE USTEDES LE SIRVE ME DOY POR SATISFECHO (NICOLO)

El lavado de cerebro masivo y la multitud aturdida

En cualquier lugar del mundo hay personas presionadas, engañadas o persuadidas para adoptar creencias que pueden ser extremadamente peligrosas. Aunque quizás es aún más peligroso que vivan en la conformidad y la apatía, para ser, en palabras de Walter Lippman, simples espectadores de la acción, espectadores pasivos a los que considera como un rebaño sin voluntad.

¿Cómo puede hacerse este control sobre los demás y cómo podemos resistirnos a él? ¿Por qué algunas personas son más vulnerables mientras que otras parecen tener más predisposición a resistir? No somos como pensábamos que éramos. Nuestro cerebro no es sólido como un diamante, es mucho más moldeable. Nuestro desconocimiento ante su funcionamiento real nos lleva a confiarnos demasiado ante los poderes que se proponen manipularlo.

En Redes se preguntan: La tortura militar, las sectas, la educación... ¿pueden cambiar nuestro yo? Añado la pregunta de si no estamos viviendo en nuestras sociedades un lavado de cerebro masivo, algo que puede comprobarse comparando las condiciones que los estudiosos del lavado de cerebro consideran que son necesarias para que se lleve a cabo, y las condiciones en que el individuo medio vive en nuestra atomizada sociedad.
Estas condiciones imprescindibles para el lavado de cerebro [aislamiento, bombardeo de un único sistema de creencias, mentiras constantes, anulación del pensamiento crítico, falta de acceso a medios de comunicación no dependientes de los manipuladores, etc.] existen en nuestras sociedades, y no las propician sólo las sectas sino los gobiernos y sus dueños, los dueños de las corporaciones, de los mass media, de las escuelas, institutos e iglesias, de las compañías publicitarias y los servicios secretos.
El resultado está a la vista: lavado de cerebro masivo y la creciente uniformidad de la sociedad y el mundo con maquillaje de pluralista, la consideración de la injusticia, la falta de libertad y la ignorancia como fenómenos naturales, una sociedad aletargada, una multitud aturdida...

Y sin embargo, hoy como ayer, donde hay opresión hay resistencia. Entre nosotros tras el 11-M, en Francia estos días ganando una batalla al poder, en EEUU contra la guerra y las nuevas leyes de emigración al grito de SÍ SE PUEDE, la multitud aturdida despierta del letargo puntualmente. Más contra algo, que por algo. Más porque no empeoren las cosas que porque mejoren. Sin continuidad en el tiempo, y sin la audacia de ir más allá de la resistencia, pero no todos los cerebros están lavados, hay proyectos de la multitud, existe la potencia de mil mesetas en los campos de fuerza, no siempre hay resignación y aunque sea brevemente, una nueva generación de jóvenes experimenta el éxtasis de la búsqueda colectiva y de la rebeldía frente a la mentira y la injusticia. En esos momentos, durante esos días y esas noches, se mueven las corrientes subterráneas de la revolución silenciosa y la multitud impetuosa existe como una isla en el infierno...



Los medios de comunicación

Bien sean liberales o conservadores, los medios de comunicación más importantes son grandes corporaciones, conectadas a su vez con conglomerados aún mayores. Como otras empresas, venden un producto en el mercado. El mercado lo constituyen los anunciantes, que son harina de otro costal. El producto es la audiencia. Para la élite de los medios que establece el programa al que otros se apuntan, el producto es por lo tanto una audiencia relativamente privilegiada.

Así tenemos grandes corporaciones que venden audiencias cualificadas, de gente poderosa y con dinero, a otros empresarios. De esta forma el retrato del mundo servido por estos medios refleja los estrechos y parciales intereses y valores de los vendedores, los compradores y el producto en sí.

Otros factores refuerzan la misma distorsión. los gurús de la cultura, editores, columnistas de prestigio etc., comparten intereses y asociaciones con los detentadores del poder económico y político. En realidad hay un permanente intercambio de la clase dominante a puestos del gobierno, a las empresas y a los medios de comunicación. El acceso a puestos en la administración es importante para mantener una posición competitiva; las filtraciones, por ejemplo, son fabricadas y facilitadas por el gobierno con la cooperación de los medios, que aparentan no conocer el proceso.

En recompensa, el gobierno solicita la cooperación y la sumisión de los medios. Otros centros de poder tienen dispuestos los medios para castigar a quien se sale de la ortodoxia, que van desde el control del mercado hasta un sofisticado aparato de calumnia y difamación.

Pero la respuesta no es, por supuesto, completamente uniforme. Para servir a los intereses de los poderosos la visión que se ofrece del mundo tiene que presentar un retrato verosímil del mundo. Y la integridad y la honestidad profesional a veces interfiere con esta misión. Los mejores periodistas son los que conocen perfectamente los factores que limitan el producto de los medios y tratan de aprovechar los resquicios del sistema. El resultado es que se puede aprender mucho leyendo de manera critica y escéptica lo que los medios producen.

Los medios de comunicación son sólo una parte de un sistema doctrinal más amplio; las otras partes son las revistas de opinión, los institutos y las universidades, los académicos, etc. Tememos más a los medios de comunicación, particularmente a los de cierto prestigio, ya que la mayoría de los que estudian críticamente la ideología se han centrado sobre todo en ellos. El sistema completo no ha sido estudiado tan concienzudamente ya que es dificil hacerlo sistemáticamente. Pero hay buenas razones para opinar que representa los mismos intereses que los medios de comunicación.

El sistema doctrinal que produce lo que llamamos «propaganda» tiene dos principales objetivos bien diferenciados. Uno es la que a veces se ha dado en llamar la «clase política», aproximadamente el 20% de la población que tiene un relativo buen nivel de educación, está más o menos vertebrada y juega algún papel en la toma de decisiones. Su aceptación de la doctrina es crucial ya que están en situación de diseñar e implementar determinadas políticas.

Luego está el 80% restante, el resto de la población. Según Lippman son «espectadores de la acción», a los que se refiere como un «rebaño sin voluntad». Se les supone sólo para recibir órdenes y para mantenerse apartados de la gente importante. Son el objetivo de los verdaderos medios de comunicación de carácter masivo: los tabloides, la prensa amarilla, etc.

Estos sectores del sistema doctrinal sirven para distraer a las masas y para reforzar los valores sociales básicos: pasividad, sumisión a la autoridad, las sempiternas virtudes de la ganancia personal y la avaricia, la falta de interés por los demás, el miedo a los enemigos reales o inventados etc. El objetivo consiste en mantener al pasivo rebaño sin hacer nada. Para ellos es innecesario preocuparse de lo que sucede en el mundo. De hecho a nadie le interesa, si ven parte de la realidad podrían intentar cambiarla.

Todo lo anterior no quiere decir que los medios de comunicación no puedan ser influenciados por la población en general. Las instituciones dominantes, políticas económicas o doctrinales, no son inmunes a las presiones populares. Los medios independientes, o lo que es lo mismo alternativos, pueden jugar un importante papel. A pesar de su falta de recursos, casi por definición, ganan en importancia de la misma forma que las organizaciones populares: juntando gente de recursos limitados de forma que su efectividad se multiplique así como su propio conocimiento de la realidad, a través de estas interacciones. Precisamente la amenaza que aterroriza a las élites dominantes.

[Fragmento de Noam Chomsky: Las intenciones del Tío Sam: En casa lavado de cerebro...]

http://rizomas.blogspot.com/2006/04/el-lavado-de-cerebro-masivo-y-la.html
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