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El liderazgo de Maduro de cara a las parlamentarias



No son estos los tiempos del llamado "portaaviones Chávez", o como también le llamaran, el "Rey Midas de lo electoral". Son estos tiempos de redimensionamiento de la acción política y de la deconstrucción del término "liderazgo".

En estos tiempos de turbulencia política se estremecen los viejos cimientos de nuestro modelo agotado de democracia burguesa. Pese a su vigencia, su cansancio es visible. Con el agotamiento de los años a cuestas y con las expectativas cada vez más intrincadas entre el cada vez más crítico electorado venezolano, la urgencia de las dos grandes fuerzas políticas del país, chavismo y oposición, recae sobre la necesidad de transformarse en pos de los designios del cambio político.

Sólo el chavismo está facultado para tales fines. Sólo el chavismo lo ha asumido así, como tarea política y como resultado de un proceso natural de maduración de nuestra revolución, en su búsqueda de redimensionar la política y de transformarse a sí misma.


¿Qué sucede del lado de la derecha?


La derecha venezolana se autodestruye, sistemática e indeteniblemente, como si se tratara de un cuerpo sediento que ante la falta de agua comienza a digerirse a sí mismo. Esto se debe a la falla de origen de la derecha venezolana como fuerza política; se trata de una fuerza política amalgamada en la negación y la negatividad, términos similares pero distintos.

La negación al momento político, a Chávez, luego a Maduro, a la subjetividad del chavismo, al imaginario venezolano que dio parto a la Revolución Bolivariana y que la ha sostenido. Negación a la identidad chavista, al quehacer político del chavismo, negación de las aspiraciones populares, y, en consecuencia, una pérdida de la claridad que los ha inhabilitado para hacer una lectura política consistente de la realidad venezolana, lo cual ha inhibido a la derecha cuajar un proyecto político viable.

La derecha es una comunidad negativa. Se basa en el descontento como fuerza que lo cohesiona. Ahí reside todo su capital político. La perenne queja, la eterna e incansable crítica a todo lo relacionado al chavismo, al gobierno y a los chavistas, es su rutina pseudopolítica. Su quehacer se reduce a hilvanar un eterno descontento llegando al punto del berrinche, trasladando desde la dirigencia a los seguidores un contínuo mensaje de malestar, de desesperanza, de reconcomio y de odio teledirigido indiscriminadamente contra el chavismo, donde no se diferencia entre gobernantes y seguidores. Caldo de cultivo de intolerancias, de fascismo, aderezados con rabia perenne, la derecha es un selecto club de "amargados", como los llamaba Chávez.

El relato de una derecha que hace un festín político a expensas de una guerra económica que desarrollan sus sectores más poderosos está en entredicho, dados los resultados electorales de su reciente convocatoria a primarias. 543 mil personas concurrieron, de casi 8 millones habilitados para votar, para llegar a un 7,4% de participación en sólo 12 estados y en sólo 33 circuitos electorales, adonde fueron para elegir sus candidatos. Es, como lo dijo Jorge Rodríguez, "el peor resultado electoral que se haya conocido en la historia política", al menos en Venezuela. Cualquier análisis aritmético, al derecho o al revés, tiene sólo explicaciones desoladoras para una derecha que, léase bien, es la que está facultada para capitalizar el saldo político de la horrorosa guerra económica que la burguesía aplica contra la población para torcerle su orientación electoral, para extorsionarla.

La mesa está servida. Algo sencillamente no cuadra. Los seguidores de la derecha, pese a su identidad opositora y su descontento hacia el Gobierno, no se sienten identificados con las incongruencias de la mellada dirigencia de la MUD. Se han roto los lazos de identidad política (si es que una vez los hubo) entre los seguidores y la dirigencia opositora, llegando a un punto de desgaste, desconvocatorias, divisiones, apatía generalizada e incertidumbre que atraviesa de manera transversal todo el ámbito de influencia política de la derecha. Las guarimbas, los actos descarados de la guerra económica, los erróneos pseudoliderazgos y miles de razones adicionales, sepultan a la derecha.

Pero nada de lo que suceda dentro de la derecha infiere algo sobre Maduro, su liderazgo, y lo que también sucede dentro del chavismo. Nada. Nuestro deber político es desentendernos de lo que allí sucede para concentrarnos en lo que dentro del chavismo sucede. Es hora de referirnos a la otra cara de la moneda. El otro grupo de situaciones en pos de las elecciones parlamentarias de este año.


La derecha venezolana se autodestruye, como si se tratara de un cuerpo sediento que ante la falta de agua comienza a digerirse a sí mismo


Lo que sucede en el chavismo



El chavismo se decanta en nuevos y frescos liderazgos. Los resultados de las pasadas postulaciones a candidatos y candidatas dieron cuenta de una atomización de los liderazgos, apareciendo muchas mesas con postulados(as) con similar número de postulaciones. Muchos nombres nuevos, mujeres y jóvenes, son los nuevos rostros en un Psuv que, ante la gran convulsión política, intenta revitalizarse.

Pero son más intrincados y más efervescentes los procesos políticos fuera del Psuv estrictamente. Es en el hervidero comunal, en las organizaciones sociales y en espacios no institucionales donde ocurre el movimiento de las fuerzas telúricas del chavismo. Este es un año electoral como pocos, distinto a los de siempre, donde no solemos ver tanta crítica, tanta movilización no electoral, tanta divergencia y tanto debate por parte de un chavismo que adquiere cuerpo para hacer tambalear las estructuras clásicas que incluso nuestra misma revolución sostiene.

Estas coyunturas son crudas, contradictorias. Hay vestigios de divisionismo pretencioso y pendenciero de una micro élite seudointelectual que ha intentado extorsionar, por poder, a parte de la dirigencia del Psuv. Hay serias y legítimas críticas al Gobierno nacional por los resultados en el parte de guerra económica. La clínica de masas de las colas, el bachaqueo, la desinformación y la incertidumbre intenta desnaturalizar al chavismo, desmembrándolo, desarticulándolo, desmovilizándolo y desmoralizándolo. En el chavismo hay exigencias que apuntan a la radicalización, al enfrentamiento abierto y a la destrucción de la burguesía por medios constitucionales. Hay una atomización y en consecuencia, una pluralidad más consistente, en la argumentación política, en la tendencia opinática y en la deconstrucción del hecho político revolucionario. Esta coyuntura tiene sus lados feos y sus lados hermosos. Pero, en esencia, son expresión de una vitalidad política incuestionable.

Acudir a este nuevo escenario electoral debe partir de una afinada lectura política que el chavismo debe efectuar colectivamente: el liderazgo político chavista, de cara a las parlamentarias, debe redimensionarse. Ya no se trata de ser "el candidato" o "la candidata" de Chávez, o apoyada por Chávez. Se trata, ahora, de contar con liderazgos que sinteticen la aspiración colectiva chavista, leales a Maduro y leales al legado de Chávez.

El liderazgo político que ahora cuaja, pese a la persistencia de resabios y subjetividades heredadas que todos(as) tenemos, está forjándose en la encrucijada, en el marco de una guerra, en plena desestabilización y con la amenaza electoral a la vuelta de la esquina. No son estos los tiempos del triunfalismo chavista, donde todo resultado es predecible. El mismo Presidente Maduro nos ha convocado a la urgencia del trabajo, a la coherencia y a no subestimar a nuestros adversarios políticos.

La última victoria electoral conducida por Maduro fue la de las elecciones municipales que precedieron la arremetida golpista de 2014. El espacio es pequeño para las estimaciones electorales. Ha habido casi dos años de durísima guerra económica luego de aquel momento y el saldo político está por definirse en las cifras.


En el chavismo hay exigencias que apuntan a la radicalización, al enfrentamiento abierto y a la destrucción de la burguesía por medios constitucionales


Las encrucijadas a la vuelta de la esquina


El Presidente Maduro es el principal responsable político de la Revolución Bolivariana y, de hecho, el único líder consolidado en Venezuela, con capacidad de aglutinar aspiraciones, identidades y esfuerzos políticos, de manera masiva y consistente. Pero es, al mismo tiempo, defensor de un liderazgo colectivo en construcción. Más orientado a las fuerzas sociales, más orientado a los Consejos Presidenciales, más focalizado en los gremios, más generador de saldos organizativos en los espacios de construcción comunal, el liderazgo de Maduro cuaja mucho más allá del Psuv. Ese es un factor vital que hay que reconocer, no como instrumento político-electoral, sino como realidad sustantiva de la política luego de la partida física del Comandante.

Para este proceso electoral será vital el manejo de la coyuntura. Justo en estos momentos se construye un saldo político en el marco de la guerra económica. Esto indica que la conducción política se basará sobre circunstancias agudas, políticamente irresolutas, dado que existe un saldo político todavía difuso, donde en la pulseada concurren el malestar y el achaque al Gobierno por la situación económica versus la identidad chavista, la protección del proyecto político de Chávez, la defensa a los logros de la Revolución y el reconocimiento a los verdaderos responsables de la situación económica actual.

Lo electoral tiene, en este punto, un momento de inflexión. La política y sus circunstancias exigen contundencia, fuerza, un golpe duro contra los autores de la guerra. Es pertinente un manejo más afinado de la gestión comunicacional de la coyuntura, y no precisamente sólo por las fuerzas institucionales de la comunicación, sino por las fuerzas sociales revolucionarias. La campaña electoral en pos de la victoria chavista en las parlamentarias debe ser también una campaña contra la guerra, que devele su cualidad de extorsión política, de acto de control de masas e intimidación mafiosa por parte de la clase seudoempresarial.

Sigue pendiente la consolidación de estadios de gobernanza económica, consistentes, políticamente bien gestionados. Con urgencia, necesario es contener los vestigios de desmoralización ocasionados por la guerra, que han ido directo contra el alma del chavismo: las clases populares.

Necesario es asumir, pese a la lectura de todas las variables políticas, que todas ellas a fin de cuentas son un castillo de naipes si no reconocemos que la política venezolana sigue siendo epicéntrica, originada desde el presidencialismo como un punto de partida para ser moduladora de una dinámica política mucho más amplia. Asumamos que Maduro, como responsable político, no sólo conduce una presidencia, sino que lidera un proceso social y político que llamamos Revolución Bolivariana, por lo cual siempre vale la pena reseñar, que no debemos escatimar nuestro apoyo, no debemos delegar nuestra responsabilidad política. Hay que dar esta pelea al lado de Maduro con más fuerza de lo que lo hicimos con Chávez.

Debemos acudir con urgencia a hacer las tareas propias de construir una revolución con las manos, peleándola en todas las circunstancias con cohesión política, con sentido de identidad y con claridad revolucionaria. Hay que superar el error histórico de no entender nuestro momento político. La revolución será irreversible si nosotros nos encargamos de que así sea. Redimensionar los liderazgos significa amalgamarnos en un liderazgo político colectivo de nuevo tipo, que se asuma en la coyuntura y que construya el porvenir.
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