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El misterioso coche eléctrico sin batería de Nikola Tesla












En el verano de 1931 Nikola Tesla circulaba en un coche eléctrico conducido por su sobrino en las calles de Buffalo, Estados Unidos, un vehículo totalmente vanguardista que además de unas buenas prestaciones, contaba con una cualidad totalmente inimaginable incluso en nuestros días, la ausencia de una batería.

Este llamó la atención del público que no se explicaba como era posible que un coche funcionase sin gasolina, pero además que lo hiciese sin una batería. La explicación la encontramos en que el lujoso Pierce-Arrow había sido convertido en un coche totalmente eléctrico, pero en lugar de baterías, Tesla había instalado una de sus muchas creaciones, un sistema eléctrico alimentado de forma inalámbrica.












El sistema de propulsión de gasolina había sido sustituido por un motor de inducción de 57 kW alimentado por un sistema que incuso 82 años después resulta difícil comprender, pero al parecer funcionaba gracias a una misteriosa caja de apenas 60 centímetros de largo llena de unas docenas de tubos de vacío, unidos a una antena de 1.8 metros.

Esta antena era capaz de captar la electricidad que de forma inalámbrica enviaba una torre situada a cierta distancia, una instalación que alimentaba el sistema eléctrico y que incluso permitía al coche alcanzar una considerable velocidad máxima de 144 km/h, un sistema con el que Tesla pudo circular durante una semana más de 1.600 kilómetros durante las pruebas.

Pero tal vez la parte más importante y misteriosa es que esta torre no estaba conectada a la red eléctrica, y según comentaba Tesla esta era capaz de captar la energía procedentes de las ondas electromagnéticas, una fuente de energía libre, gratuita e ilimitada.











A partir de aquí ya entra en juego la leyenda, y se comenta que ese mismo año Tesla realizó una demostración en vivo al inversor y multimillonario JP Morgan, que en sus memorias confirma tanto la visita como que el coche se movía con electricidad, pero curiosamente después de este encuentro el coche y su tecnología desaparecieron para siempre, al mismo tiempo que Nikola Tesla comenzó a residir de forma gratuita en un lujoso hotel de Nueva York.

Se comenta también que el coche terminó escondido en una granja a las afueras de Buffalo, un objeto de un incalculable valor que sin duda es un auténtico tesoro, y el objetivo de muchos buscadores de objetos que llevan décadas rastreando la zona a la búsqueda de pista de este vehículo que ya forma parte de la leyenda.













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