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El nuevo y peligroso Gobierno de Israel



El nuevo Gobierno de Israel conducirá una legislación racista mientras trabaja para destripar los tribunales.


Aún antes de haber jurado en la Knesset, parece que Benjamin Netanyahu presentará la próxima semana uno de los peores y más nocivos gobiernos que alguna vez se hayan formado en Israel. Las prioridades de sus miembros serán profundizar la ocupación y la ampliación de los asentamientos, lo que debilita la democracia. Además del aumento de las subvenciones para la sociedad haredí de eruditos.

El gran ganador de las negociaciones de la coalición es Habayit Hayehudi, que se aprovechó de la angustia del primer ministro y a pesar de su fracaso electoral logró mejorar su posición en el gabinete y en el primer lugar de los comités de la Knesset. Naftali Bennett, Ayelet Shaked y Uri Ariel gobernarán en el cuarto Gobierno de Netanyahu con el Likud, carente de un programa, de política o de planes y será fácilmente arrastrado por los dirigentes de Habayit Hayehudi.

El nombramiento de Shaked como ministro de Justicia es especialmente preocupante, debido a sus exigencias de socavar la independencia de la Corte Suprema y su ferviente apoyo a la llamada ley de nacionalidad racista y la persecución de los solicitantes de asilo africanos. Los integrantes de Habayit Hayehudi, como muchos en la facción del Likud, quieren que el sistema de justicia sirva para ratificar las decisiones de la coalición y no como defensor de los derechos individuales y de las minorías. A partir de ahora Shaked encabezará el Comité Ministerial para la Legislación y la Comisión de Nombramientos Judiciales y tiene una influencia considerable en la elección del Fiscal General que reemplazará a Yehuda Weinstein.

En esta situación el ministro de Finanzas nombrado, Moshe Kahlon, quien se comprometió a proteger a la Corte Suprema y los intereses de la ley de nacionalidad, tiene una responsabilidad especial. Kahlon y sus colegas de la facción Kulanu tendrán que soportar la presión aplanadora de los esfuerzos de los partidos de derecha para dañar la democracia.

Gran responsabilidad también recae en los hombros del líder de la oposición, Isaac Herzog. A pesar de sus promesas públicas de luchar contra el Gobierno de Netanyahu, Herzog está actuando como si estuviera aguardando una invitación del primer ministro para saltar desde el desierto político al Ministerio de Asuntos Exteriores.

El Gobierno de base estrecha que Netanyahu está formando pende del hilo de una mayoría de un voto, lo que da a la oposición la oportunidad de sabotear las medidas del Gobierno y acortar su vida. En lugar de pasar sus días esperando que Netanyahu tenga misericordia de él, Herzog debe crear las condiciones que conduzcan a un cambio de Gobierno tan pronto como sea posible y acabar con una coalición dañina y peligrosa para el Estado.


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