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El Papa y el neoliberalismo





Durante su gira por tres países latinoamericanos el Papa fue tan claro en sus discursos que cuesta creer las martingalas interpretativas que realiza la patria periodística para ningunearlos.

Francisco atacó de manera frontal e inequívoca al neoliberalismo. Porque si el liberalismo fue la expresión de la industria mundial más concentrada, que generaba enormes ganancias, el neoliberalismo representa el imperio de la renta. Ahora el dinero se reproduce a sí mismo. No necesita producir nada.

El Papa lo dijo de muchas maneras. Reivindicó la tenencia de la tierra, el acceso a la vivienda y el derecho al trabajo, todas ninguneadas por los gobiernos neoliberales, con Alemania a la cabeza. Ni siquiera en Estados Unidos o Gran Bretaña es tan evidente el desprecio por estas cuestiones que son decisivas para las mayorías.

Si vamos por ejemplos, la cuestión de Grecia es ilustrativa por tres cuestiones: 1) El desprecio por su pueblo de los gobiernos griegos anteriores a este, que trucaron las cifras y endeudaron al país de manera grosera e irresponsable; 2) El desprecio de Alemania ante los justos reclamos de Grecia por una compensación que repare, en parte, los destrozos causados por el nazismo en la II GM. Reclama 300 mil millones de euros, 60 mil millones más de los que debe; 3) La indiferencia de los grandes de Europa por el destino de Grecia, excepto por los daños que su salida de la eurozona podría provocarles. Todos se esfuerzan por olvidar que el país de Pericles fue la cuna de la cultura occidental.

Desde otro ángulo, y contra las afirmaciones seculares de los historiadores adictos a las élites latinoamericanas, el Papa pidió perdón a los pueblos originarios por los infames abusos producidos durante la conquista encabezada por España, que en el siglo XV era el segundo país del mundo con mayor número de católicos, detrás de Italia.

La reivindicación de los pobres, de los excluidos, es permanente en las palabras de Francisco. No es una novedad. Pero sí fue novedoso el pedido papal de que remita “la explotación del hombre por el hombre”, de la que el cristianismo abomina.

Bienvenido, Francisco, a su continente. Mucho necesitamos de su palabra rectora, de su acción pastoral. Pero cuídese de alguno de sus obispos, como el de Tucumán, entre otros. En la Iglesia argentina todavía hay lenguas bífidas por la que habla –dicho en su lenguaje– el diablo, y dicho en el nuestro, el neoliberalismo.















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