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El plan gringo para destruir Venezuela

 Colombiaha sido el Israel de América Latina desde hace un siglo. Cuando pierde Panamáel imperio le asigna este papel: el punto de apoyo para incursiones en todo elcontinente y apoyo político y moral a todas sus acciones. Es Colombia la quepide la expulsión de Cuba de la OEA, y se presta a toda clase de accionesterroristas contra la isla. Es Colombia la que apoya las acciones de Inglaterray Estados Unidos contra Argentina en la guerra de las Malvinas. Colombia fuetambién base de monitereo para el imperio en la guerra entre Perú y Ecuador yen todas las rebeliones populares que se han dado en la región. En 1963,Colombia ofreció convertirse en base norteamericana para una eventual invasióna Venezuela. El gobierno de Rómulo Betancourt se iba a pique y Estados Unidospidió una intervención en nuestro país.
Pero eseplan de invasión de 1963 desde el Golfo de Morrosquillo, todavía existe. Confecha de 6 de octubre de 1963, aparece, desplegado a tres columnas, un despachode Bernard L. Collier, corresponsal de The New Herald Tribunequedice: “A Venezuela podrían ir los marines de Estados Unidos”. La notaañade queel gobierno de EE UU, a petición del presidente Rómulo Betancourtenviaríamarines. Es decir, “cooperar si el gobierno lo solicita.” Ese mismodía, uncable de la United Press, desde Tokio, señalaba que el comandante de laInfantería de Marina de los EE UU, David Shoup, dijo que si llegaban aser llamados “paraluchar en unidades regulares de combate, probablemente sea en AméricaLatina”.El 15 de octubre, el coronel Churchville, del Comando Sur (en Panamá),informasobre la “Operación América” que se realizará entre el 27 y 30 denoviembre, yque sería uno de los ejercicios militares de mayor envergadura que seharíahasta entonces. Participarían unos 8 mil soldados por tierra, aire ymar, en labahía de Tolú, Golfo de Morrosquillo, en la costa Caribe, Colombia (aunos 250 kilómetros en línea recta de la frontera venezolana).Participarían los países llamadosbolivarianos. La maniobra consistiría básicamente en una simulación desolicituda la OEA de ayuda a un país en apuros (para defender, como siempre, su“democracia”de un posible movimiento subversivo). Que todas estas maniobras seveníanpreparando desde el mes de agosto, y la responsabilidad de queVenezuelaparticipara recaía directamente en Betancourt, quien ordenó estuvieranen ellaslos destructores “Zulia” y “Nueva Esparta”, los mismos que habíanestado en elbloqueo a Cuba en 1962.
Demaneraclara y concisa, EE UU expresó a través de unos de sus altos oficialesque la Operación América “es parte del programa de ayuda militar a laAmérica Latina por parte de los EE UU en virtud del cual los gobiernoslatinoamericanosreciben asistencia técnica para sus tropas[1]”.
Llamóla atención todo el inmenso dispositivo que se estaba armando para defender lademocracia venezolana, cuando nada se había hecho en los casos de Juan Bosch enSanto Domingo ni de Villeda Morales en Honduras (tan “legítimamente elegidos ytan democráticos” como el de Rómulo Betancourt). Lo que pasaba era, observa SáezMérida, que ningún gobierno militar lo iba a hacer mejor para los interesesnorteamericanos (como hoy lo hace Uribe) que el de Betancourt, con todas lasargucias de carácter legítimamente electorales: un estilo de democraciacomprometida incondicionalmente al andamiaje estratégico en aquel momento de EEUU contra Cuba (hoy contra Venezuela).
Elplan de la invasión se encontraba arreglado para octubre, incluso conparticipación de la OEA para legitimarlo. Casi nadie lo sabía en Venezuela (niparlamentarios ni ministros), y el hombre que llevaba todo el movimiento paraejecutarlo en el momento debido era Rómulo Betancourt.
El18 de octubre, los periodistas del Miami Herald, Robert Allen y PaulScout, envían una nota para una red de periódicos en la que señalan que ungolpe militar en Venezuela, rica en petróleo y amenazada por los comunistas,sería inmediatamente contrarrestado por la intervención armada de los EstadosUnidos. Agrega que el presidente John F. Kennedy lo ha decidido y queBetancourt está informado y que los congresistas Wayne Morse y Jacobs Javitsautorizan al presidente para que intervenga. Igualmente que Hubert Humphrey yMuñoz Marín abogan por acciones de fuerza[2].
El19 de octubre, el Miami Herald ampliaba las informaciones de Collier, yespecíficamente: “un golpe militar en Venezuela sería inmediatamentecontrarrestado por una intervención armada de los Estados Unidos”. Se añadíaque este plan estaba aprobado por los Departamentos de Estado y Defensa, y porlíderes del Comité de Relaciones Exteriores del Senado. Que Betancourt ya“estaba informado y listo para solicitar la intervención en el caso de laemergencia golpista. Wayne Morse, demócrata de Oregon y Jacob Javits,republicano de Nueva York están de acuerdo sobre el particular, se ha informadosobre las medidas a tomar sobre el gobierno militar que pudiese emerger enVenezuela y que dicha situación abre camino para la intervención armada de losEstados Unidos… tanto el demócrata Hubert Humprey como el gobernador de PuertoRico, Luis Muñoz Marín, preconizan enérgicamente este camino”. Concluye con unasevera sentencia de Kennedy: “cualquier cosa que se deba hacer por el gobiernode Betancourt, estoy dispuesto a hacerla. Me siento muy alentado por MuñozMarín quien es partidario de la intervención[3]”.
En TheNation, de Nueva York, el 18 de octubre de 1963, aparece un trabajo deNorman Gall[4],quien plantea que:
 
EE UUdebe establecer bases jurídicas para las intervenciones que ha realizado y debecontinuar realizando en América Latina. EE UU debe intervenir unilateralmentesi fuera necesario para poner freno al militarismo y defender su propio interéscon legitimidad política. O intervenir a través de la creación de una fuerzainternacional de naciones democráticas… EE UU debe usar su poderío paraproteger el gobierno constitucional en estas naciones[5].
 
Betancourtque siempre había trabajado en la sombra trató de desmentir aquellosmovimientos. El 26 de octubre declaró a El Nacional,tratando deexculpar a EE UU que él era contrario a la intervención unilateral,puessiempre había considerado la acción multilateral, a través de la OEA,en estas cuestiones. Pero las informaciones seguían emanando. El 2 denoviembre, TheDaily News vuelve a mencionar las maniobras en el golfo de Morrosquillo“para impedir el derrocamiento de Betancourt, ejecutando una verdaderaoperación de rescate”. The Denver Post trae el 6 de noviembre: “Infantesde marina en estado de alerta para ser enviados a Venezuela”.
A lasmaniobras, pues, en el golfo de Morrosquillo y bajo el Comando Sur, se le llamó“OperaciónAmérica”.Consistían en maniobras militares conjuntas en un área aproximada decien kilómetros cuadrados, comprendida en los poblados de Tolú, Tolúviejo,Palmito y Coveñas, en el arco del golfo de Morrosquillo (puntoestratégico porencontrarse allí el terminal de un largo oleoducto, cerca de lafrontera con Venezuela,que pasa por los Andes y los ríos Magdalena y Cauca, recorriendo 200kilómetros hacia el Oeste). Las fechas que se pusieron para serejecutadas fueron los días 27 y28 de noviembre de 1963, aunque podían ser prolongadas. En efecto,fueronprolongadas hasta después de las elecciones presidenciales en Venezuela.
El19 de noviembre, una nota de United Press (UP) emanada desde Bogotá,informa que las “maniobras se desarrollarán en el puerto de Tolú, sobre elAtlántico, a unos 250 kilómetros en línea recta de la frontera venezolana, el27 y 28 del corriente mes con participación de fuerzas de Bolivia, Ecuador,Perú, Venezuela, Colombia y los Estados Unidos.” En este mismo despacho de UnitedPress (UP) aparece que el mayor general “César Cabrera Lozano, de Colombia,jefe del Estado Mayor Conjunto, que dirigirá las operaciones (…) afirma que elejercicio tiene por fin defender a Venezuela en caso de que se intentare llevara cabo un golpe de estado en esa nación”. Refiere Sáez Mérida que esta Operación“Unitas” tenía antecedente en el bloqueo de Cuba, en octubre de 1962, en elcual participaron naves argentinas, venezolanas y dominicanas, y que fuedenominada “Task Force 137”. Todo esto ponía a las claras que entonces elverdadero Ministerio de la Defensa de América Latina era el Comando Sur, consede en Panamá.
Haytres personajes que para esa época trabajan muy coordinadamente con lasactividades que desarrolla la CIA en Venezuela, y son el general AntonioBriceño Linares (Ministro de la Defensa), Marcos Falcón Briceño (ministro deRelaciones Exteriores) y Enrique Tejera París (representante de Venezuela en la OEA).
Nosexplica Sáez Mérida que las Operaciones “Unitas” nacieron al calor de losincendios políticos de la década de los sesenta, sobre todo los que tenían quever con el bloqueo a Cuba. Que constituyen un mecanismo de subordinaciónmilitar de América Latina al Pentágono. Estas operaciones implican a lasfuerzas navales, y por lo general ni siquiera la alta oficialidad de los paísesque participan está en conocimiento de lo que se persigue. Acaso sólo lo sabenel presidente de la república y su ministro de la defensa. Arthur Schlesingerllegó a llamar estas acciones de tipo incestuosas, pues están al margen degobiernos y pueblos y es un asunto exclusivo de militares yanquis y latinos.
Deestas Operaciones emergían las posteriores acciones intervencionistas en elcontinente, como la que se daría en Santo Domingo en 1965 (con 42 mil marines),comandada por el Contralmirante Frederick Halfinger, y que el ministro deDefensa de Betancourt, general Antonio Briceño Linares llegara a calificar comouna fórmula para restaurar la democracia. Lo peor fue, que por este tipo deacciones criminales a un país totalmente indefenso, Frederick Halfinger fuecondecorado por el Pentágono y elevado a comandar la Flota del Sur y las Operaciones Unitas VIII.
Afinal de cuentas, con estas Operaciones, además se buscaba que nuestros pobrespaisitos mejoraran su nivel de adquisiciones de guerra naval; renovar, pues, suparque armamentístico, consolidando así EE UU su mercado, vendiéndonossubmarinos viejos, chatarra en forma de lanchas cazatorpederas, destructoresanacrónicos, fragatas misilísticas (como las del affaire que se destapó duranteel primer mandato de CAP, y que se hicieron para enriquecer a la mafia de losDi Mase) y radares. En definitiva, estas operaciones resultaban una vitrinapara que los llamados “indios” latinos adquiriesen baratijas para matarnosentre sí. Y con este tipo de operaciones fue como se armó también elderrocamiento de Salvador Allende.
 
John F. Kennedyse encontraba realmente preocupado por un posible golpe de Estado en Venezuelay había aprobado todo un plan para evitarlo. Llegó a decir que estaba dispuestoa exigir la intervención porque el gobierno de Betancourt “merece un mejordestino y cualquier cosa que deba hacer estoy dispuesto a hacerla. En esesentido he sido vigorosamente alentado por el gobernador de Puerto Rico, LuisMuñoz Marín, quien está enérgicamente a favor de una intervención armada de losEstados Unidos.[6]”Todo esto parecía muy raro si se tomaba en cuenta que la ardiente líneaanti-comunista de Betancourt había dejado sin banderas a las fuerzasreaccionarias. Todo esto no disfrazaba sino un plan de ataque frontal a Cuba encombinación con la CIA y con el gobierno colombiano, y a cualquier otro país enel continente, que intentase seguir el camino escogido por Fidel Castro.


[1] México, AP, 15-10.1963, El Nacional, 16-10-1963.

[2] Ibidem, pág. 168.

[3] Ibidem, pág. 144.

[4] Simón Sáez Mérida (1997), op. cit. Este era el periodistaestrella del San Juan Star de Puerto Rico. Refiere Sáez Mérida, que Gallestaba muy ligado a Muñoz Marín, y además era íntimo de Betancourt y susteorías para América Latina.

[5] Ibidem, pág. 145.

[6] Simón Sáez Mérida (1997), op. cit., pág. pág. 221.
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