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El primer argentino en escalar el Everest

Bueno, ayer hicieron un post muy bueno con fotos del Everest. Quise poner esto para destacar el gran ascenso de este grosso, que cabe destacar que no es reciente, sino que fue en el año 95. La ultima foto dedicada al amigo silvafest que queria ver la celeste y blanca en lo mas alto


“Más allá del Everest”: el primer argentino que llegó a la cima cuenta su historia en imágenes


Magela Demarco. De la redacción de Clarín.com
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Para quienes están fuera del circuito del montañismo, tal vez el nombre Tommy Heinrich no diga mucho. Esta es su carta de presentación: El 15 de mayo de 1995, a las 7:45 este escalador y fotógrafo, agotado, después de sesenta y cinco días de ascenso, clavó la bandera celeste y blanca en la punta del Everest. Así se convirtió en el primer argentino en hacer cima en la montaña más alta del mundo. Y no sólo subió, sino que, además, Tommy documentó con su cámara infinitas escaladas nocturnas, acampadas, y puentes construidos en el momento para cruzar de un bloque de hielo a otro.Hasta el 30 de octubre, el registro fotográfico de aquella extraordinaria experiencia se puede ver en el Centro Cultural Borges bajo el nombre “Más allá del Everest”.



PUENTE ARTESANAL. Guy Johnson cruza de un bloque de hielo a otro. La utilización de escaleras y puentes para atravesar las grietas del Everest comenzó a ser utilizado desde 1952.

Sueño máximo de todo andinista, el Everest se encuentra en la cordillera del Himalaya, en la frontera entre el Tibet (país hoy ocupado por China) y Nepal. Hace una semana, científicos chinos descubrieron que medía 3,7 metros menos de lo que se pensaba pero sus 8.844,43 metros, siguen siendo la cumbre del planeta. El dato no hace mella a su proeza y tampoco parece preocuparle mucho. “Me parece irrelevante. Llegar a la cumbre es más importante que la altura que pueda medir”, dispara Heinrich. Pero volvamos a la muestra. Pasen y vean.


Preparándose para el ascenso. Antes de animársele al Everest, o “ Chomolungma" (Diosa madre del mundo), como lo llaman los tibetanos es necesario contar con años de práctica. “Cuando yo comencé la expedición al Everest llevaba doce años escalando”, cuenta Heinrich. En general, para guiar la escalada, se contratan porteadores que también cargan equipos y provisiones. Los sherpas, habitantes del valle del Khumbu, el Parque Natural que rodea al Everest, son los elegidos. Llevan generaciones y generaciones viviendo en las alturas, por lo que han desarrollado una resistencia y tolerancia genética a la altitud. Su religiosidad, influenciada por el budismo, se ve reflejada en los templos y altares diseminados por todo Nepal. Incluso, como muestran algunas de las fotos, al pie del monte Everest se encuentra un “ Corten” , o altar en donde en una ceremonia religiosa izan banderas y le piden permiso a los dioses para ingresar en la montaña. Todo un ritual.



ATARDECE EN EL KHUMBU. La sombra del Monte Everest se proyecta sobre la planicie tibetana.

La ascensión . Otra de las fotografías muestra al alpinista Guy Johnson sobre un puente de metal intentando cruzar de un bloque de hielo a otro, precipicio mediante. Por los movimientos de las placas tectónicas que hay en la zona, es habitual que se generen grietas. Los sherpas son los encargados de armar las pasarelas y puentes y de vigilar que éstas permanezcan firmes. Se calcula que muere una de cada diez personas que intenta el ascenso a l Everest. “E n el ’98, tuve una caída de 150 metros en el monte Everest mientras descendía. Había parado a recoger algunas cosas de un amigo que había muerto dos años atrás intentando subir”, recuerda Heinrich. Y agrega que también corrió peligro de morir en el año ’93, cuando cayó casi treinta metros por una pared de roca en Yosemite, California. No siempre se realizan los ascensos de día.


Escaladas nocturnas y tormentas de nieve. A veces, por seguridad, es mejor andar de noche. “Utilizamos linternas frontales, y aunque el campo visual está un poco limitado, es el momento en que el terreno se encuentra más firme. Y es más seguro también, ya que las grietas ocultas aguantan nuestro peso”. Heinrich disfruta al máximo aquellos tramos en los que por cuestiones técnicas queda solo por varios días realizando el ascenso. “No es soledad lo que se siente, sino armonía con el medio, con uno mismo. Es grandioso”, se entusiasma. Dependiendo de la temporada y la época del año, es usual que los escaladores sufran una nevada en plena montaña. En el ’98 un temporal obligó a Tommy y a su grupo a permanecer en el campamento base por 65 días, retrasando el ascenso. Aquella vez, dentro de todo, tuvo suerte. Ya que a veces el temporal es tan potente que obliga a abortar la expedición. El lo tuvo que hacer en cuatro ocasiones.


O2 suplementario . A determinada altura se hace necesario el consumo de oxígeno suplementario. Se calculan alrededor de tres tubos de oxígeno para la ascensión al Everest. Las personas que lo escalaron sin necesidad de utilizar oxígeno complementario son contadas con los dedos de las manos. Tal es el caso del sherpa Babu Chiri, retratado en una de las fotos. Alcanzó la cima en diez ocasiones sin utilizar los tubos de oxígeno y obtuvo en 1999 el récord de permanencia en la cumbre por veintiún horas, considerado biológicamente imposible hasta aquella fecha. Cincuenta metros antes de alcanzar la cima se encuentra el “Hillary Step”, una masa rocosa en posición vertical de apenas quince metros. Su foto no podía faltar, ya que aunque son apenas 15 metros los que separan a los alpinistas de la cima más alta del mundo, el cincuenta por ciento de ellos, retrocede.


La llegada . Tommy hizo cumbre el 15 de mayo de 1995 a las 7:45. “Es difícil aún hoy poner en palabras lo que se siente. Es muy emotivo y muy fuerte, ya que después de varios meses de un gran esfuerzo, de escalar y superar obstáculos, finalmente se concreta parte del objetivo, y digo parte, ya que todavía queda el descenso”, dice el fotógrafo. Heinrich estuvo en la cima durante cuarenta y cinco minutos. “No fueron suficientes, quería quedarme más tiempo, pero las condiciones climáticas empeoraban notablemente y no queríamos arriesgarnos más”, agrega. En su último autorretrato se lo ve arrodillado, incrustando la bandera argentina en la montaña que más se acerca al cielo. Se lo ve feliz, pleno. ¿Qué busca al llegar a la cima? “Disfrutar de la vida, del paisaje”, dice. Y convence.




AUTORRETRATO. Tommy Heinrich casi toca el cielo y hace cima en el Everest.


fuente: http://www.clarin.com/diario/2005/10/20/conexiones/t-01074209.htm
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