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"El Robo del Siglo"




Albert Spaggiari fue un comando y mercenario al servicio del ejercito francés que luego se unió al grupo anti independentista de extrema derecha OAS, contrario al separatismo argelino.



Tuvo una idea que estuvo rondando por su cabeza durante mucho tiempo, y sabía que si la concretaba terminaría por cambiarle la vida de la noche a la mañana. Spaggiari había preparado un plan perfecto para ingresar a robar en el Société Générale Banque de Niza y ya contaba con un grupo de nueve hombres, todos calificados, pero le faltaba uno para llevar acabo su plan, le hacía falta un experto en túneles, pero éste se encontraba preso en la cárcel de Marsella. Decidió entonces, pagar a la mafia marsellesa para que lo dejasen escapar, y así completó su selecto equipo que más tarde sería recordado como las famosas “ratas de las alcantarillas”.


Gente apostada en las afueras del Banco Société Générale después de enterarse del robo


Cavaron un túnel sin que nadie se diera cuenta durante nueve semanas, confundiéndose con los trabajadores de obras públicas para no despertar sospechas.
Aprovechando un largo fin de semana del 17 al 19 de Julio de 1976, y a un ritmo de 15 cm diarios llegaron a la caja fuerte de la sucursal mayor del Société Générale Banque.
Como esa fecha era el feriado francés de "La toma de la Bastilla", les dio la oportunidad de trabajar tres días sin la preocupación de ser descubiertos.
Las paredes y el piso de la bóveda eran de hormigón armado de 30 cm de espesor y tenía una puerta de 20 toneladas de acero.
Este banco se jactaba de la seguridad de su búnker, pensaban que era tan inviolable a tal punto que los especialistas no creyeron necesario colocarle ningún sistema eléctrico de seguridad. Craso error, ya Albert había alquilado un casillero dentro de la bóveda en el cual puso un reloj de alarma programado para que sonara a media noche, y nadie se inmutaba.


El día programado, luego de 16 horas de pico y pala pudieron entrar. Abrieron cerca de 400 casilleros de seguridad con joyas, dinero en efectivo, bonos al portador, etc.
Ya ahí, les invadió un extraño sentimiento de nobleza; tomaron todas las joyas y efectivo solo de los clientes más adinerados y no toparon los que parecían ser ahorros, de hecho dejaron intactas las cajas de quienes tenían menos de 30 mil dólares.
En algunos casilleros también encontraron fotos muy comprometedoras de personas importantes de Niza, con las que Spaggiari empapeló las paredes para que todo el mundo al entrar en la bóveda pudiera verlas. Un tipazzo!

Pero la fiesta no terminó aquí, sino que celebraron su hazaña con un banquete ahí adentro con vino, quesos, foie gras e incluso Spaggiari mandó a comprar comida a uno de sus hombres. Se estima que estuvieron dentro casi un día entero.


Escena de “Sans armes, sans heine, sans violence”, película basada en el robo


Según los reportes de la época, el monto que lograron llevarse fue de 18 a 20 millones de dólares.
El lunes cuando entraron las autoridades del banco junto a la policía, encontraron botellas vacías, restos de comida y en la pared la famosa frase que los inmortalizó: “Sans armes, sans heine, sans violence”, (Sin armas, sin odio, sin violencia).

La policía francesa emprendió la cacería más exhaustiva de esa época hasta que dieron con dos de los integrantes de la banda, quienes delataron al resto. Sin embargo, el arresto de Spaggiari no hubiera sido posible sin la ayuda de su novia, una mujer demasiado celosa que puso a la policía sobre su pista ya que quería saber a dónde iba su galán por las noches.


Ya detenido, Spaggiari pidió entrevistarse con el juez que seguía su caso.
Fue llevado al juzgado custodiado por la policía y una vez en el despacho, sacó de su bolsillo unos planos de la red de alcantarillado y situándose tras el juez comenzó a narrarle con todo lujo de detalles cómo había cometido el robo. El juez estaba boquiabierto.

Cuando Spaggiari se dirigía a sentarse en el banquillo, giró súbitamente y corrió hacia la ventana del despacho y saltó a la calle desde el segundo piso. Cayó sobre el techo de un auto estacionado que quedó abollado y enseguida se subió en una moto que lo esperaba para huir. Mientras se alejaban, Spaggiari le daba una yuca -corte de manga- al juez, que atónito, le miraba desde la ventana.




Nunca más se volvió a saber de él, salvo meses más tarde que envió un giro postal de 700 USD al dueño del auto sobre el cual saltó y lo hundió.

En 1979 firma un pacto de confidencialidad con una famosa editorial, y publica su libro autobiográfico “El gran robo de Niza” donde cuenta su hazaña con lujo de detalles y una buena dosis de sarcasmo. En el también asegura que nunca disfrutó de su parte del botín ya que fue donado “a la gente oprimida de Yugoslavia, Italia y Portugal…”


Albert Spaggiari nunca fue capturado y hay fuentes que confirman que pasó el resto de su vida entre Argentina y Chile, donde llegó a trabajar incluso para la DINA, que fue el servicio secreto del régimen del General Pinochet.
La mañana del 10 de junio de 1989, su cadáver apareció en Francia frente a la casa de su madre para que pudiera enterrarlo.
Las autoridades nunca lograron recuperar ni un solo centavo de lo robado.

Irónicamente, después de haber robado sólo a los ricos de la ciudad más glamorosa de la costa mediterránea cual Robin Hood moderno, y luego de haber "redistribuido" esa riqueza a su manera, Albert nunca fue reconocido ni será recordado por los izquierdistas del mundo debido a que su ideología política, estaba ya definida desde que fue un militar francés.

Quizá inspirados en Spaggiari, en el 2006 un grupo de delincuentes perpetró un robo parecido en la Argentina, pero fueron detenidos pocos días después.



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