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El Rubius salió en una nota de Clarín

Acá te dejo la noticia.


Mira a cámara. Acomoda el fondo, todo lo que tiene detrás, pósters, muñequitos, íconos que cualquiera podrá ver e identificar después, cuando el video que está por subir gire una y otra vez por YouTube. Y ahí sí, empieza. Ríe: entre sus fans, la sonrisa y la forma de reírse es lo que más fascina, y él se ríe de todo: de los juegos que prueba y desafía, de momentos de su vida, de sus seguidores, de lo que improvise. Y contagia. Dice que es genuino y espontáneo, que eso es lo que se ve del otro lado, y que por eso, de golpe, los videos son vistos por millones. El Rubius es furor. Con 24 años es parte de la generación youtuber y hoy ya es el más famoso en Europa y latinoamérica: en el último año pasó de tener 2 millones de suscriptores a más de 8,5 millones en su canal. Y hasta ayer sumaba más de mil millones de visualizaciones. “Hago lo que me divierte y eso divierte a los demás”, dice a Clarín desde Madrid, en una cálida entrevista vía Skype.

Los Youtubers forman parte de una generación de jóvenes que rondan los 20 años y que producen, se graban y suben sus videos a sus canales de YouTube. Algunos se dedican a grabarse jugando juegos, como Minecraft, otros hacen tutoriales sobre moda.

YouTube gana dinero con ellos por los avisos que pone en los videos y por los anunciantes que pautan en los canales. Y ellos acuerdan, según la fama y cantidad de suscriptores, un cobro por visualización, o según lo que firmen en un contrato. En junio, el diario The Wall Street Journal publicó que el sueco Felix Kjellberg, conocido como PewDiePie, y con más de 30 millones de suscriptores, “generó unos 4 millones de dólares por publicidad en 2013”.

Rubius es Rubén Doblas Gundersen, un joven que nació en Noruega y vive en Madrid. Con sus amigos, también youtubers, inventan y graban situaciones desopilantes, se burlan de todo y de ellos mismos y son casi perseguidos por fanáticos que los adoran. ¿Perseguidos? Sí: “He tenido dos extrañas experiencias con argentinos. Una vez un chico apareció en casa, se presentó y me dijo ‘vine desde Argentina a verte’, vale, pensé, y bajé a saludarlo. Me pareció extraño, pero ocurrió. Y otra pareja acampó y esperó todo el día en la puerta sólo para saludarme”.

Esa empatía es la que genera entre sus seguidores: una locura intrépida y desafiante que funciona como un código compartido. “Youtube es una manera muy directa de conectar con la gente, es más libre para hacer y decir lo que quieras, no entiendo bien por qué gusto tanto”, dice, y vuelve a reír.

También cuenta que el furor lo sacude por todos lados. A su canal de Youtube, ElRubiusOMG, se suma su cuenta en Twitter, @Rubiu5, donde tiene casi 2 millones de seguidores. Y en Facebook ya hay 3,4 millones que le dieron Me Gusta. Pero él prefiere los videos y, después, interactuar en Twitter: “Si tuviera que explicar lo que hago lo resumiría así: creo videos graciosos –si cabe–, los subo a Internet y la gente los ve. Eso es lo básico. Pero va más allá. Cuando sigues a un youtuber se crea una conexión con esa persona. No es como en la televisión donde ves a los actores como inalcanzables, nosotros somos más cercanos al público que nos ve. Aparte, que sean videos bien editados también hace que estemos triunfando así”.

El boom que genera (“tengo una seguidora china de 67 años, pero en general son de 13 a 18 o 24 años”) lo llevó a sumarse a proyectos que lo entusiasmaron. Por un lado, está grabando la voz para un juego y, por otro, escribió un libro –se llama El libro troll – que fue récord en España y que acá agotó 40 mil ejemplares en dos meses. Además, fue convocado por el director Santiago Segura para el filme Torrente 5. “Salimos Mangel y yo usando la camiseta de la Selección Argentina en un cameo donde estamos apoyando al equipo en un partido de fútbol”, cuenta.

¿Rubius es un rockstar? Duda. “No creo que seamos estrellas de rock. Pero hemos estados en eventos de gamers y por momentos nos hemos sentido rodeados por personas que gritaban como locos”. Sincero, cariñoso y amiguero, admite que Youtube también le permite enviar mensajes positivos. “Somos chicos normales que estamos en nuestras casas y que estamos haciendo lo que más nos gusta, y que encima podemos vivir de ello. Es como algo súper mágico, por así decirlo, súper mágico”, ríe.
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