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El Santo Prepucio y su extraña historia.



En un momento de su larga historia, la iglesia católica necesitó de diversos artículos que sirvieran para derrotar a los escépticos que dudaban de la crónica del Vaticano. Es así como nació un comercio de reliquias cuyos clientes fueron papas, obispos y monarcas que vieron en esos objetos de dudosa legitimidad el poder mágico que necesitaban o la seguridad de una fe cuestionable. Una de las reliquias más insólitas, hoy desaparecida, es el Santo Prepucio o “Sanctum Praeputium”.



Los judíos tienen una tradición milenaria que es quitar el prepucio al octavo día de nacimiento, como símbolo de la alianza entre Abraham y dios. Esa ceremonia le habría correspondido a Jesús, según la historia oficial, que fue circuncidado como todo judío. Por lo tanto el destino de ese prepucio tan especial abrió debates intensos.
Una anciana que ofició de Mohel laceró el celeste capullo, lo sumergió en una pequeña redoma con aceite de nardo y lo entregó a su hijo, comerciante en perfumes, con la admonición de que no lo vendiera. Pero el joven desobedeció a su madre; y el Santo Prepucio inició así su intrincado vagar por el mundo.


Prepucio Pintura de Friedrich Herlin, 1488

Cualquiera puede imaginar que la divinidad que se le atribuye a Jesús está proyectada también en ese trozo orgánico retirado de su órgano sexual. Algunos han pensado que también subió a los cielos para sentarse a la derecha del todopoderoso. Otros, como León Alacio en “De Praeputio Domini Nostri Jesu Christi Diatriba”, el tejido santo se convirtió en los anillos del planeta Saturno.

Sin embargo el objeto tuvo existencia física como reliquia religiosa y fue adorado con fervor.

Su primer propietaria habría sido María Magdalena de la que se cuenta que utilizó el aceite de la redoma para ungir los pies y la cabeza de cristo. Desaparecido del mapa el prepucio divino llegó en el siglo IX a manos de la emperatriz Irene de Bizancio que se lo regaló a Carlomagno el día de su boda.

El emperador bizantino lo colocó en el altar de la iglesia de la Bendita Virgen María en Aquisgrán y más tarde, lo transfirió a Charroux, Francia.

En el siglo XII, el Santo Prepucio fue llevado en procesión a Roma. Y en el siglo XIII se ostentaba en la iglesia de San Juan Laterano adosado a una cruz de oro con piedras preciosas. En 1427 se constituyó la primera Hermandad del Santo Prepucio. Se peregrinaba a Charroux, iglesia que presumía de tenerlo y que competía, no obstante, con otras, como la de Amberes. Porque parece que había más de un prepucio de cristo.

Sin embargo abrían existido hasta 13 prepucios de Jesús. Estuvieron en la Basílica Laterana de Roma, Charroux, Amberes, Paris, Brujas, Bolonia, Bensançon, Nancy, Metz, LePuy, Conques, Hildesheim y Calcata.

El anillo de carne.


Santa Catalina de Siena, pintura de Vicente Castelló y Amat, siglo XIX

El jesuita Salmerón consideraba que el prepucio divino era “el anillo de compromiso para sus esposas”, las monjas. “El fabricante de este anillo es el Espíritu Santo, su taller el purísimo útero de María”.

Santa Catalina de Siena, patrona de Italia, se casó místicamente con Jesús. En una visión la Virgen Maria la presentó a su hijo Jesús y como señal del matrimonio, Jesús le entrega el anillo de casamiento confeccionado con piel de su prepucio diciéndole: “recibe este anillo como testimonio que eres mía y serás mía para cabeza de santa catalina siempre”



Esta Santa, que gritaba rodando por el suelo y tenía visiones, afirmaba que llevaba en el dedo el prepucio del Señor, visible para ella, pero, lamentablemente, invisible para los demás. Y cuando su dedo, el de Catalina, también se convirtió en reliquia (como su cabeza), muchas beatas que lo adoraban llegaron a afirmar que allí veían el anillo de carne. Increíble visión salpicada de ciertas suspicacias.

El sabroso prepucio.

El éxtasis que despertaba tanta fe llevó a la monja capuchina austríaca Agnes Blannbekin, fallecida en 1715, a sentir milagrosos efectos. Precisamente ella vivió en la época en que se festejaba el Día de la Circuncisión (primero de enero de cada año). La hermanita Agnes lloraba por la sangre derramada a tan temprana edad por su Señor, y fue en una de esas fiestas litúrgicas donde sintió el prepucio de Cristo en su lengua.


Santo Prepucio

Su párroco, el benedictino austríaco Pez, contó: “¡Y ahí estaba! De repente sintió – la monja – un pellejito, como la cáscara de un huevo, de una dulzura completamente superlativa, y se lo tragó. Apenas se lo había tragado de nuevo, sintió en su lengua el dulce pellejo, y una vez más se lo tragó. Y esto lo pudo hacer unas cien veces…”

Otras lugares en los que se ha asegurado que se encontraba el Santo Prepucio son la Basílica de San Juan de Roma, la catedral de Le Puy-en-Velay, la de Santiago de Compostela, la ciudad de Amberes, y las iglesias de Besançon, Metz, Hildesheim y Calcata.


Catedral de Le Puy-en-Velay

El caso de Calcata merece especial mención, pues el relicario que contenía el presunto Santo Prepucio se exhibía en un desfile por las calles de este pueblo Italiano hasta 1983 en la Festividad de la Circuncisión, reconocida oficialmente por la Iglesia Católica y celebrada el 1 de enero de cada año. Esta práctica acabó, no obstante, cuando el relicario (que tenía joyas incrustadas) fue robado. Tras este robo es incierto si alguno de los presuntos Santos Prepucios todavía existe. En un documental de televisión de 1997, el periodista británico Miles Kington viajó a Italia en busca del Santo Prepucio, pero fracasó en su intento de encontrar algún candidato.


Foto de la reliquia del Santo prepucio, meses antes de ser robada

Desde el Concilio Vaticano II, el énfasis puesto por la Iglesia Católica en las reliquias ha disminuido notablemente, y muchas reliquias de larga tradición se han relegado a la categoría de “leyenda pía” por el Vaticano. El interés en el Santo Prepucio se ha reducido especialmente, argumentando que la exhibición de esta reliquia en particular producía una ‘curiosidad irrespetuosa’.

Aberratio devotionis

Precisamente la iglesia prohibió esta veneración y la de muchas reliquias porque atentaban contra su credibilidad y las retiró de la vista de los feligreses.

El Santo Prepucio tuvo igual suerte, pero mereció un decreto firmado el 3 de diciembre de 1900 por La Sacra Congregación para la Doctrina de la Fe. Bajo el número “37-A” se declaraba que toda persona que hable, escriba o lea sobre el Santo Prepucio sería considerada despreciable aunque tolerada; pero que La Santa Sede se reservaba el derecho a excomulgar a quien lo hiciere en forma escandalosa o aberrante.
Muchos objetos, como el Santo Prepucio, adornaron altares y hoy yacen escondidos, algunos en el propio Vaticano. Otros continúan a la vista del público en templos católicos del mundo.

Estos son algunos:


Plumas del Arcángel San Gabriel.


Un suspiro de San José: anteriormente expuesto en la Iglesia de Blois, conservada dentro de una botella. Hoy en día en el Vaticano.

Un estornudo del Espíritu Santo, en la Parroquia de San Frontino y hoy en día en el Vaticano.
Un pelo de la barba de Jesucristo, Catedral de Murcia (desde 1730).
Las piedras con las que se lapidó a San Esteban.
Las flechas que mataron a San Sebastián.
Una oreja de San Pedro, también una sandalia y trozos de las cadenas que le retuvieron.
Los pechos de Santa Águeda.
Más de 60 dedos de San Juan Bautista.


5 gotas de la leche que Santa María daba al niño Jesús.


El velo y lágrimas de Santa María.

Para los que no creían en la Ascensión en Cuerpo y Alma de María se ofrecían: el hígado, el
corazón y la lengua de la Virgen María.


Las monedas que compraron a Judas.

Tres cordones umbilicales del Niño Jesús y el primer pañal y varias pajas del pesebre donde nació Jesús.

Unos quinientos dientes de leche del Niño Jesús.

Raspas de los peces multiplicados del milagro del Salvador y la cola del asno que llevó a cristo a Jerusalén.

El paño con el que Jesucristo secó los pies de los apóstoles; dos manteles y fragmentos de la mesa en la que se sirvió la última cena.


Más de media docena de ejemplares del Santo Grial.


Más de ochocientas espinas de la corona que llevó Jesús.


Tres lanzas que atravesaron el costado de Cristo.

Pescado asado y pastel de miel, menú que “el hijo de dios” comió con sus discípulos cuando se les apareció después de resucitar.

Instrumentos para sostener la fe, las reliquias han transitado los siglos del mundo cristiano. Rodeadas de mitos y leyendas, de poderes mágicos y surrealismo, atemorizan a algunos creyentes y poderosos que esperan encontrar en ellos la satisfacción de su dios y el premio de la vida eterna.


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