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El sátiro de Pocitos - El español que gustaba

Hola gente!


Hoy les traigo una historia de la década de 1960. Espero que les guste.



Nuestro personaje, el sátiro de Pocitos o Punta Carretas, tenía una parte de hombre y otra de animal, pero no de caballo, por lo menos las patas, sino más bien de gato.
En cuanto a que las Ninfas y Ménades, le disparaban a estos seres insatisfechos sexualmente, creo que lo correcto sería dejarlo ahí nomás y no entrar a averiguar mucho.

No tuvo acusaciones de violación, claro que en aquella época, no era un mal de moda y tenía y tiene mucho de vergonzante para la propia víctima, por sobre todas las cosas que por lo general se trataba de personas de cierta edad y se omitía la denuncia .
Donde pudiera apoyar unos dedos y un pie y hubiera una ventana mal cerrada, era campo orégano para la operación.







El Sátiro griego

Ya que estamos, en el modus operandi, el tomaba la guía de los barrios de buen status económico y buscaba los teléfonos a nombre de mujeres. Alguna vez se clavó como una estaca, porque la señora estaba con compañía o la guía no estaba actualizada.
Alguno lo confundió con un chorro común y corriente y le llevó la carga y si usted quiere agarrar un gato, hágame caso, no lo corra de atrás.
Su uniforme o equipo de trabajo, el que también podríamos llamar ajuar, era un shorcito playero, una camisa o una camiseta de esas que hoy llamamos musculosas, un saquito para el botín, descalzo y con un poco de jabón, que lo utilizaba como lubricante, tanto para abrir una ventana, como para que su propio cuerpo pasara por algún lugar muy justo.

El no iba a violar exclusivamente, sino que por el contrario, su ambición era el alhajero y una vez perpetrado el motivo económico de la visita, si se entusiasmaba con la víctima, procedía a cumplir con el débito, tapándole la boca para que no gritara y cuanto entraba a funcionar la cosa, quedaban los jadeos más o menos normales de cualquier encuentro.
Eso si, no se quedaba a fumarse el cigarrillo, ex post facto, ni jalaba de la palanca para los cocodrilos, por si la dama cambiaba de opinión, simplemente se borraba como había aparecido.




link: https://www.youtube.com/watch?v=J19Orn7eNdE




Tuvo movilizada a toda la policía de Montevideo, pero también operó en Argentina y en Brasil.


Sátiro junto a Zacarías

Fue detenido varias veces y se escapó siempre.
Era como una enredadera, ponía sus sarmientos en una rajadura y se iba para arriba.
Del Penal de Punta Carretas se escapó un par de veces y una a la vista de la guardia, visitas y demás y se escabulló hasta la calle Guipúzcoa donde lo esperaba una dama en un automóvil y mutis por el foro.
Muchas mujeres, en el manyamiento, no lo identificaban, porque los hechos se habían perpetrado hacía mucho tiempo o porque estaba muy oscuro, otras lo sacaron por un perfume que utilizaba y una señora de origen británico, se hizo tapar los ojos, lo tocó, le acarició la cara y el pecho y lo olió y lo identificó positivamente. El perfume era un antisudoral común y corriente.

Hay que creer o reventar, pero lo que es la flema inglesa, que la hace superar las situaciones más tensas y sé por qué lo digo, porque me ha tocado estar en algún manyamiento y uno está más nervioso que el delincuente, creo que tenemos miedo a que el delincuente nos identifique y a la vendetta ulterior.
La leyenda popular, siempre dispuesta a echarle nafta al fuego, le atribuían muchísimas intervenciones, como también, que muchas afiebradas de esos barrios dejaban las ventanas abiertas.

Actualmente, han aparecido violadores seriales de todo tipo y marca que actuando como animales, abusan tanto sea de ancianas, o de niñas, lo hacen en bicicleta o en un estero, ya sea en determinadas localidades del interior, como el Sauce o Paysandú o algunos barrios concretamente.

Pero ninguno de ellos tuvo, ni tiene, el estilo versallesco de este español, sino que son unas bestias, vulgares y silvestres, que son tan delincuentes, como lo fue el clásico sátiro de Pocitos, llamado según documentos que presentó oportunamente Héctor Pedro Rodríguez, Francisco Castellanos Fernández o Santiago Montañés.
Ni los actuales hacen más honesto al primero, ni el primero los hace más delincuentes a los actuales, pero en la forma de hacer el daño a las víctimas hay un abismo de diferencia, así como en los traumas dejados a los seres vejados.

Lo ideal hubiera sido que no existieran ni los unos, ni el otro, pero después de cincuenta años lo vemos al Sátiro de Pocitos con mayor benignidad.

Se le imputó un homicidio con arma blanca obtenida en la cocina de la casa donde estaba cometiendo una fechoría y fue descubierto por el dueño, por desgracia para éste.
Se fugó del Penal y de varios juzgados por lugares inverosímiles, en uno de estos últimos por la banderola de un baño.

Acá lo llamaban el Sátiro, en Brasil el “Hombre Mosca”.
Trabajó en su oficio de delincuente económico-sexual, desde los años 50 en Buenos Aires, hasta mediados de la década de los 60 en Montevideo y en Brasil, el Hombre Mosca hizo de las suyas y voló, pero había empezado mucho antes en París y provenía de la famosa Legión Extranjera, donde estuvo 15 años, lugar donde los franceses mandaban a los duros de los duros, por lo general delincuentes, con pasaje de ida y sin retorno.

En Sao Paulo una de sus víctimas lo recordó como “el bandido más simpático que conocí en mi vida”.

Oficio de clima cálido el de este hombre…, más bien veraniego o tropical.
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