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El soldado que mató al jefe inglés - Oscar ledesma



Casi 25 años debió esperar Oscar Ledesma para que la verdad, la primera baja en toda guerra, saliese a la luz y se conociera la verdadera historia de aquel 28 de mayo de 1982, en Pradera del Ganso.



Ese día, con apenas 19 años, algunos meses de instrucción y una ametralladora de la Segunda Guerra Mundial, el colimba cordobés nacido en La Carlota puso fin a la vida del teniente coronel Herbert Jones, comandante inglés del Segundo Batallón de Paracaidistas.



Ledesma había partido de Sarmiento, Chubut, hacia las Malvinas con el Regimiento de Infantería 25, al mando del entonces teniente coronel Mohamed Alí Seineldin.



La noche del 27 todo hacía presagiar que su sección se encontraba muy cerca de la zona caliente. Obuses navales, trazadoras y bengalas lanzadas por los ingleses, a escasos 4 kilómetros de su trinchera iban condimentando pacientemente la antesala del infierno.



Por entonces todo el peso de la lucha en el estratégico istmo de Darwin recaía en los mal armados pero testarudos soldados del Regi­miento 12 de infantería, con asiento en Corrientes, hasta que la voz del teniente Roberto Néstor Estévez ordenó marchar hacia el frente. Ledesma y sus dos ayudantes cargaron la ametralladora MAG y los pesados cajones con municiones.



“Al llegar a la colina de Darwin me siento a fumar un cigarrillo y de pronto, sobre la playa vemos gracias a la luz de la luna que venía avan­zando tropa de infantería. Alguien mandó a tomar contacto para ver si eran nuestros y es ahí donde se desató la hecatombe. El combate nos agarró fuera de nuestras posiciones, sin ningún erizo de defensa ni nada organizado. Apenas pudimos tirarnos al piso y responder el fuego.



“De las tres MAG que teníamos, la de Sergio Rodríguez fue inutilizada a balazos apenas comenzó el combate y la segunda un poco después. Yo pude llevar la mía muy cerca de la colina, en una especie de hondonada que la hacía prácticamente invisible a los ingleses. En un momento del combate ellos tiraron bombas de humo para tomar posiciones, con tanta mala suerte que el viento les cambió la dirección y quedaron descubiertos.



“De repente vi a un inglés con un equipo de radio en la espalda en la cima del cerro Darwin, que es muy bajo. Le disparé y cayó pesadamente. Mi auxiliar, Jorge Osvaldo Testoni, me dije: ¿viste negrito cómo cayó ese hijo de puta?’ Ese era el segundo del regimiento de paracaidistas 2”.



Mientras los buques ingleses seguían machacando con su artillería las posiciones argentinas que se llenaban de bajas, Ledesma vio cómo un casquillo de munición le trabó la MAG.



“Dos sargentos ayudantes del Regimiento 12 me dieron un fusil y lograron destrabarla. En esos momentos las bombas caían muy cerca, incluso a escasos 2 o 3 metros. Esperé y cuando pude levantar la cabeza veo, sobre mi izquierda, a un inglés que se les avalanzaba con la ametralladora en la mano a 2 soldados al pie del cerro Darwin. Se les apareció por la espalda y vi las caras de desesperación de mis compañeros. Apreté el gatillo y el inglés cayó mirándome. Gritó y se tomó la cintura, entonces volví a disparar porque pensé que iba a tirar una granada. No se movió más, estaba a menos de 35 metros.



“Yo no sabía quién era –agrega– pero después, cuando nos rendimos, me di cuenta de que era alguien importante porque había mucha preocupación entre los británicos. Lo miraban y se agarraban la cabeza, no entendían qué había pasado. Luego, cuando estábamos prisioneros, detecté que alguien buscaba algo y que el círculo cada vez se cerraba más sobre mí hasta que me agarraron de los pelos y me empezaron a pegar. Uno me puteó: ¡... pendejo hijo de puta, qué es lo que hiciste...! Lo alcancé a entender porque tenía algunos conocimientos de inglés. Me podrían haber molido a palos que con la adrenalina que tenía encima no me hubiese dado cuenta. Sí sé que me sangraba la nariz porque sentía algo caliente que me corría por la piel”.



–¿Sintió miedo muchas veces?

–No, sólo sentí mucho miedo cuando estaba prisionero, boca abajo, miedo e impotencia. No quería haber pasado por todo lo que pasé para terminar con un tiro en la cabeza. En el combate no hay miedo, no hay tiempo de nada, tu cerebro va a 10.000 kilómetros por hora.



–¿Y cómo evalúa el hecho de haber tenido que matar a varias personas en la guerra? ¿Cómo logró convivir con eso?

–Lo principal es no sentir culpa, yo hice lo que tenía que hacer. Cuando volví les ofrecí una oración a mis compañeros y a todos los que habían caído bajo el fuego de mi ametralladora. Lo que siempre me dejó en paz es que yo no tenía odio cuando apretaba el gatillo.

“Hoy sé que los soldados ingleses fueron adversarios ocasionales y no tendría problema en abrazarme con ellos. Los respeto y ellos nos respetan a nosotros por el reconocimiento que nos ganamos en el campo de combate, no por ser pobres chicos”.



–Se habló mucho de los soldaditos de Malvinas, vemos que no es su caso ni el de sus compañeros.

–Seineldin me contó que luego de la rendición se reunió con el comandante inglés Jeremy Moore y le preguntó por qué los ingleses no habían atacado por el sector del aeropuerto, sabiendo que era el más desprotegido. Le explicó que no lo hicieron porque ahí estaban los comandos argentinos. A lo que Seineildin, sonriendo le respondió: “General, esos hombres contra los que ustedes pelearon no eran comandos, eran mis soldados de 18 años”. Moore no lo podía creer.

“Qué más claro que esto para definir que no éramos pobres chicos. Coincido con el periodista Nicolás Kasansew en que el infante siempre fue un soldado joven. En ese momento sentí lo que siente cualquier infante, la inmortalidad, la irresponsabilidad total y absoluta al no tener hijos”.



La versión oficial



Durante años los historiadores ingleses afirmaron que la muerte del teniente coronel Herbert Jones había sido a manos del subteniente argentino José Gómez Centurión o que había sido asesinado a traición. Sin embargo, recientes investigaciones de Lawrence Freedman, en la versión oficial inglesa del conflicto, confirman que fue el conscripto cordobés quien terminó con la vida del oficial británico.



Los restos de Jones están en el Cementerio de Guerra de Playa Azul, en el Puerto San Carlos.



Ledesma está casado, tiene 3 hijos y un nieto y trabaja en el departamento de Bromatología de la Municipalidad de La Carlota, en Ambiente y Zoonosis.

reportaje por :ADRIAN LUCIANI
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