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El spinning obrero



Una esmeril gruesa y otra fina emplea Samuel, para devolverle al utensilio su sentido.
Sabemos de fakires que duermen en cama de clavos y destemplados que caminan encima de brasas ardientes. ¿Por qué no entonces un ciclista, que pedalee sobre el filo de la hoja de algún cuchillo? “Y sin tomarse del manubrio”, propone gracioso Samuel Deliberto, para sumarle dificultad a un oficio donde lo más arriesgado que tiene, es el complicado tránsito vehicular.

“Esto requiere maña y paciencia. No hay secreto”, afirma “el Flaco”, como se lo conoce también, tras haber cumplido 15 años en San Luis, haciendo sonar la inconfundible flauta que identifica a los afiladores. Una antigua ocupación que aún recorre la ciudad, persiguiendo inútiles tijeras y obsoletos utensilios de cocina, para devolverle sus propiedades originales.

Según comenta, aprendió el oficio de su padre, Domingo Deliberto, quien lo ejerció durante toda la vida en San Martín, Mendoza. Con aquellos primeros rudimentos, se largó de inmediato a recorrer el País, llevando el equipo con el torno y las piedras esmeriles, montado sobre un caño al medio de la bicicleta.

Mientras iba realizando trabajos de albañilería y mecánica también, fue pasando por Buenos Aires, Salta y Santa Fe, hasta que se radicó finalmente en San Luis. Aquí, durante la semana muchos son los clientes que ya lo esperan en fiambrerías, carnicerías, peluquerías, modistas y casas de familia, para que repase el filo de sus herramientas de trabajo.




La presión justa y necesaria que le dará a la hoja un corte más perdurable.[/size]
Tratándose de cuchillos de cocina, el utensilio más común para ir a su encuentro, explica Samuel que “depende el estado que presente, la tarea puede demorar unos 15 minutos. Lo primero es sacarle lava (grosor al borde) y luego recién el filo. Para finalmente asentarlo en una piedra al agua que eliminará las asperezas".

De las diferentes herramientas que está acostumbrado afilar, nunca faltan las cuchillas de cortadoras de fiambre, también hachas e incluso zapas. "Hasta bisturí de cirujanos me han confiado", dice el Flaco, quien reconoce en este caso, que "son más fáciles de trabajar, al estar fabricados en acero quirúrgico que es muy blando”.

Por el contrario, las hojas que requieren mayor cuidado son aquellas de acero inoxidable. De acuerdo a lo apuntado por Samuel, en este caso debe estar atento al momento de sacarle filo, para hacerlo despacio así no toma temperatura. Porque al ser una aleación, cuando se destempla pierde la parte acerada y termina convirtiéndose en una lata.



Con el entrenamiento que ha ido adquiriendo por el pedaleo constante en su trabajo, ya contabiliza cuatro viajes en el mismo rodado hasta San Martín, Mendoza. “Siempre he tardado 24 horas, y eso que al pasar por El Desaguadero, no me dejan seguir sin antes dejar afilados cuchillos y tijeras a todos los conocidos que tengo allí”, menciona.

Si bien ha intentado dejar la bicicleta, admite que por ser parte del folklore en el oficio, es imposible. Alguna vez fue al Cerros Colorados en una moto que armó con el mismo propósito. Pero lo desconocieron y no tuvo trabajo. "Al otro día -recuerda Samuel- volví en mi transporte habitual, y mientras tocaba la flauta, empezaron aparecer mágicamente los encargos".



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