Info

El virus que se hizo fuerte al llegar a la ciudad [SALUD]

Hola gente, leyendo un poco los diarios y viendo las noticias en las últimas semanas con respecto a este letal virus les paso sendos artículos al respecto, más aun cuando ayer se supo que podría ya estar cerca (Brasil). A decir: La expansión del virus - ¿cómo se transmite? - ¿Como lo rastrean una vez detectado? - ¿Qué hace la ciencia mientras tanto? - ¿Qué hacer para no contagiarse? - ¿Porqué es tan letal? - ¿Qué pasaría si llegara a ciudades tan grandes y pobladas como Buenos Aires, Cd de México o San Pablo?




LA EXPANSIÓN DEL ÉBOLA »

El río Ébola, un humilde afluente del río Mongala, da nombre el agente infeccioso que surgió en 1976 y que ha matado ya a más de 4.200 personas
GRÁFICO Principales brotes de ébola desde 1976:




Miembros de la Cruz Roja transportan el cadáver de una víctima de ébola, en 1995, cerca de Kikwit, en Zaire. / REUTERS

La crisis del ébola empezó en marzo para la opinión pública occidental, pero en África las desdichas tienen siempre raíces más profundas, hervideros recónditos, signos escritos en un lenguaje críptico y premonitorio. Fue el 6 de diciembre de 2013 cuando un niño de dos años llamado Émile murió en Meliandou, un pueblo de la prefectura de Guéckédou, al sur de Guinea. La muerte de un niño en África es una moneda demasiado corriente como para levantar una sola ceja, pero poco después siguieron la misma suerte su madre, Sia, su abuela Koumba y su hermana de tres años Philomène, lo que ya no es tan común ni en las zonas rurales de Guinea. Todos habían sufrido fiebre alta, vómitos y diarrea, pero nadie sospechó cuál podía ser la causa de tanta maldición familiar.

Los entierros en esta zona del mundo implican a menudo un contacto directo con los cadáveres, y este fue justo el caso de la ceremonia fúnebre de la abuela Koumba, donde uno de los asistentes se contagió y se llevó consigo la desgracia al pueblo cercano donde vivía. Poco después, un trabajador sanitario de Guéckédou se contaminó y sirvió como foco secundario para extender la enfermedad a Macenta, Nzérékoré y Kissidogou. Era febrero para entonces, y el peor brote de ébola de la historia caminaba con paso firme por África occidental, una región donde nadie esperaba que pudiera suceder algo así.

El niño Émile es lo que los epidemiólogos llaman el “caso índice” del actual brote. No es necesariamente el origen exacto de la epidemia, pero es lo más cerca que la investigación ha podido acercarse a él. Para finales de marzo, cuando se reconoció la naturaleza del virus y la alerta de Médicos Sin Fronteras llegó a la Organización Mundial de la Salud (OMS), se habían dado ya 111 casos en esas cuatro prefecturas de Guinea, con 79 muertes. El último informe de la OMS, datado el pasado viernes, recoge 8.376 casos –entre confirmados, probables y sospechosos— y 4.033 muertes. La enfermedad se ha extendido de Guinea a Liberia, Nigeria, Senegal y Sierra Leona, sin contar los dos casos aislados de Estados Unidos y España de los que todos hemos hablado sin cesar esta semana. Desde 1976, el virus ha matado a más de 4.200 personas.


El brote de las ciudades
“Lo realmente diferente de este brote”, prosigue Behrens, “es que ha ocurrido en el oeste de África, y no solo en zonas rurales como los anteriores, sino en ciudades, donde la densidad de población es más alta; el virus actual no tiene una capacidad de contagio de persona a persona mayor de lo habitual; lo que hay ahora es más gente alrededor susceptible de ser infectada”.

El director del LSHTM es el codescubridor del ébola Peter Piot, que tampoco oculta su sorpresa por los aspectos de este brote que carecen de precedentes. “Es la primera vez que países enteros se han visto afectados”, escribe en WorldPost’: “Es la primera vez que las capitales con grandes poblaciones urbanas están implicadas; y es la primera vez que el virus se diagnostica fuera de África; en los 38 años que llevo trabajando con el ébola, nunca pensé que el virus tomara estas dimensiones, convirtiéndose de un pequeño brote en una horrible crisis humanitaria”.



Un día de septiembre de 1976, un piloto de Sabena Airlines, la antigua aerolínea nacional de Bélgica, llevó un termo y una carta al laboratorio de Amberes donde trabajaba el joven Peter Piot. La carta era de un médico de Kinshasa, la capital de la República Democrática del Congo (entonces Zaire), y explicaba que el termo contenía una muestra de sangre de una monja que acababa de morir en Yambuku, una aldea junto al río Ébola, a consecuencia de una enfermedad enigmática. El médico pedía a los científicos belgas que intentaran confirmar si se trataba de la fiebre amarilla.

Piot se puso su bata blanca –una protección que se consideraba adecuada en la época—, abrió el termo, apartó con el dedo un vial que se había roto y utilizó el otro, que estaba intacto, para hacer las pruebas. No era fiebre amarilla. Tampoco la fiebre de Lassa, ni el tifus. Pero algo había en el vial, porque cuando lo inyectaron a ratones empezaron a morir uno tras otro en escalofriante sucesión.



Behrens, como el resto de los científicos conocedores del virus, ve muy improbable que el caso de la enfermera española, o los casos similares de Estados Unidos y Brasil, den lugar a brotes en los países occidentales. “Solo si el caso índice no fuera detectado a tiempo podría haber un problema”, dice. “No creo que el riesgo sea muy alto.

Pero la epidemia de África occidental es la peor de la historia, y está causando una masacre. “Lo que falta no es tanto dinero, sino recursos humanos; es muy difícil conseguir técnicos que viajen allí”, añade Behrens.

Nadie ha inventado todavía el turismo virológico.

Artículos de interés relacionados: - Estos responden a las preguntas planteadas en el prólogo del post.-

La cura para el ébola se atasca por falta de dinero

¿Puedo contraer el ébola en el autobús?

La enfermedad de ébola empeora tras superar un fallo respiratorio

5 consejos para no contagiarse de ébola

Qué es el ébola, cómo se transmite y por qué es tan letal

Así se rastrean los contactos tras un contagio de ébola